28/10/2026 - Edición Nº1359

Sociedad


Villa Soldati

Hernán Rodríguez contó la historia oculta de la Torre Espacial del Parque de la Ciudad

28/10/2026 | Con 206 metros de altura y una historia de sueños, deudas y abandono, la Torre guarda secretos que Rodríguez reconstruyó durante años de pasión.



La Torre Espacial del Parque de la Ciudad es uno de esos lugares de Buenos Aires que despiertan recuerdos, fascinación y preguntas. Con sus más de 200 metros de altura, su estructura metálica y una historia atravesada por proyectos ambiciosos, conflictos económicos y promesas incumplidas, permanece como testigo de una época en la que el sur porteño albergó uno de los parques de diversiones más importantes de América Latina.

Pero detrás de esa imponente estructura hay mucho más que una postal urbana. ¿Cómo se construyó? ¿Por qué nunca llegó a funcionar tal como había sido proyectada? ¿Qué ocurrió con los juegos y las instalaciones que alguna vez hicieron soñar a miles de familias?

Hernán Rodríguez lleva años buscando respuestas. Su fascinación por el Parque de la Ciudad comenzó durante la infancia, cuando lo visitaba como tantos otros chicos. Con el tiempo, aquella experiencia se transformó en una investigación que lo llevó a reconstruir la historia del complejo, reunir documentos originales y recuperar detalles que, de otro modo, podrían haberse perdido.

En su visita a El Living de NewsDigitales, Rodríguez repasó la historia de la Torre Espacial, mostró parte de su colección de objetos históricos y reveló detalles de un proyecto que pudo haber cambiado para siempre el paisaje de Buenos Aires.

Una fascinación que comenzó en la infancia

La primera aproximación de Rodríguez al parque fue la de un visitante. Sin embargo, con los años empezó a mirar las atracciones desde otra perspectiva: quería conocer su origen, saber quién las había diseñado y descubrir cómo habían llegado hasta la Argentina. “MI curiosidad comenzó, sobre todo, por la parte técnica, sobre la construcción, sobre el origen de las cosas”, recordó.

Esa inquietud terminó convirtiéndose en una tarea de preservación histórica. Cuando el parque reabrió en 2007, Rodríguez y otras personas con intereses similares impulsaron una organización dedicada a su conservación. Su intención era colaborar para recuperar las instalaciones y evitar que se perdiera el patrimonio.

Aunque aquella iniciativa no prosperó como esperaban, la investigación continuó. Los pedidos de informes, las consultas a organismos públicos y los contactos con profesionales que habían participado en la construcción permitieron reunir una cantidad considerable de documentación.  Parte de ese material puede encontrarse hoy en la cuenta de Instagram @torrespacialok, en la cual Rodríguez comparte información histórica y técnica sobre la Torre Espacial y el Parque de la Ciudad.

Una torre de 206 metros que llegó desarmada desde Austria

La Torre Espacial fue concebida como una de las atracciones del proyecto original de Interama. Su construcción comenzó en septiembre de 1979, cuando se iniciaron los trabajos de montaje de una estructura que se convertiría en uno de los elementos más reconocibles del complejo.  

A diferencia de lo que muchos imaginan, la torre no estaba pensada para girar. Su función principal era ofrecer una vista panorámica de Buenos Aires desde una altura privilegiada.  “La torre era una atracción más del parque”, explicó Hernán, al recordar que otras instalaciones de este tipo existían en parques de diversiones del exterior.

El proyecto contemplaba tres plataformas. En la primera estaba previsto construir un restaurante con capacidad para 320 comensales; en la segunda, una confitería o salón de usos múltiples; y en la parte superior, el mirador.

Sin embargo, esos espacios gastronómicos nunca llegaron a completarse. Durante el período en que el público pudo acceder a la estructura, las visitas se concentraron en la plataforma más alta.  Originalmente, la torre alcanzaba los 200 metros hasta la punta de su antena. Con las modificaciones posteriores y la incorporación de nuevos elementos, su altura llegó a los 206 metros.

Su construcción fue una verdadera proeza técnica para la época. La estructura metálica llegó completamente desarmada desde Austria, fabricada por la empresa Waagner Biro, una compañía con una extensa trayectoria industrial en Europa.

Antes de levantarla, fue necesario resolver uno de los principales desafíos del terreno: el suelo sobre el que se asentaría. La zona donde se construyó el parque había sido utilizada durante años como basural y rellenada para elevar su nivel. Por eso, la fundación de la torre requirió una obra de gran magnitud, con un macizo de hormigón y decenas de pilotes profundos para alcanzar un estrato resistente.  El montaje de la estructura metálica demandó aproximadamente un año.

Rodríguez conoce esos detalles gracias a una investigación que incluyó documentación técnica y conversaciones con profesionales que participaron directamente en los trabajos. Entre ellos, mencionó al ingeniero Armando Álvarez, vinculado con el montaje de la torre y otras grandes estructuras del complejo.

El sueño de un parque monumental que nunca se completó

Para entender la historia de la Torre Espacial hay que remontarse a 1977, cuando comenzó a tomar forma el proyecto del Parque Interama.

La iniciativa original era mucho más ambiciosa que el parque que finalmente conocieron varias generaciones de visitantes. El complejo había sido concebido como un gran parque temático, con jardines, lagos, fuentes de aguas danzantes y diferentes sectores decorados según sus respectivas temáticas.

El plan también contemplaba un zoológico diseñado para recrear los hábitats de los animales y una oferta gastronómica de gran escala.

El proyecto inicial llegó a pasar por estudios internacionales especializados en el diseño de parques de diversiones. La intención era crear un espacio capaz de competir con grandes complejos del exterior. Sin embargo, una parte importante de esa planificación nunca se concretó.

El parque estaba dividido en cinco sectores temáticos: Latino, Carnaval, Futuro, Fantasía e Internacional. Cada uno debía tener una ambientación particular, pero la tematización quedó incompleta. 

También hubo diferencias entre lo proyectado y lo que efectivamente se construyó. Según explicó Rodríguez, "el complejo que llegó a funcionar representaba aproximadamente el 70% de una primera etapa prevista". La expansión posterior debía llevar la cantidad de juegos de 60 a 100 y aumentar el número de restaurantes de cinco a doce. “Si se hubiese completado, a los cinco años se ampliaba”, señaló al describir una iniciativa que nunca llegó a desarrollarse en toda su dimensión.

El investigador conserva planos originales que permiten imaginar cómo habría sido el parque terminado. Entre ellos hay documentación del proyecto del zoológico, que contemplaba espacios para distintas especies y grandes aviarios.

Ese material constituye una de las piezas más valiosas de su archivo: permite reconstruir no solamente lo que existió, sino también aquello que quedó en el terreno de los proyectos.

De las deudas a la pérdida de los juegos

La historia de Interama también estuvo marcada por fuertes controversias económicas. Durante la construcción, la concesionaria obtuvo créditos de distintas entidades financieras. Rodríguez explicó que esos préstamos alcanzaron, según su reconstrucción, cerca de 90 millones de dólares y que la Municipalidad había respaldado las operaciones.

Los problemas financieros, los retrasos en los pagos y las disputas vinculadas con la concesión afectaron el ritmo de las obras. En algunos momentos, la construcción llegó a reunir a miles de trabajadores, pero las interrupciones impidieron mantener ese nivel de actividad.

El parque fue inaugurado en septiembre de 1982. Tras la finalización de la concesión de Interama, pasó a la órbita municipal y comenzó una nueva etapa bajo el nombre de Parque de la Ciudad.

Durante varios años mantuvo una actividad importante, pero su deterioro se profundizó con el tiempo. En noviembre de 2003, el Gobierno porteño dispuso el cierre total del complejo, después de que se detectaran irregularidades que requerían reparaciones en algunos juegos. El parque volvió a abrir en 2007, aunque con una oferta muy limitada. Más adelante, las atracciones mecánicas dejaron de funcionar y el predio quedó abierto como espacio verde.

Para Rodríguez, detrás de esa historia hay una oportunidad perdida. Al referirse al destino de Interama, recuperó una frase de Germán de Bernardi, uno de sus compañeros en la iniciativa de conservación: “Al parque le pasó a Argentina”.  Una expresión que resume, en su mirada, el contraste entre la ambición del proyecto original y el resultado final.

Los tesoros que sobrevivieron al abandono

Una de las partes más llamativas de la entrevista fue la presentación de los objetos que Rodríguez consiguió conservar a lo largo de los años.  Entre ellos hay planos, fotografías, folletos y las antiguas chequeras de tickets que utilizaban los visitantes para acceder a las atracciones.  En ellos se pueden observar letras, que correspondían a una categoría de juego, ordenada según el nivel de intensidad. Se trataba de un sistema que permitía distinguir desde las propuestas infantiles hasta las experiencias de mayor vértigo.

Rodríguez explicó que esos materiales habían quedado almacenados durante años, después de que la concesión de Interama llegara a su fin. Parte de la documentación reapareció cuando se realizaron remates y se vaciaron antiguos depósitos.

El investigador también conserva cientos de planos originales, incluidos algunos correspondientes a instalaciones que nunca llegaron a construirse.

En 2015, una importante demolición en el sector de la avenida Escalada terminó de poner en evidencia la pérdida de parte de ese patrimonio. Según relató, numerosos elementos fueron retirados y otros terminaron descartados.  La recuperación de documentos y objetos históricos se convirtió así en una carrera contra el olvido.  Parte de ese material también llegó a espacios de exhibición dentro del propio parque, donde se conservan piezas vinculadas con su pasado.

La ley que protege a la Torre Espacial

La preservación de la torre fue otro de los grandes objetivos de Rodríguez y de las personas que compartieron su investigación.  En 2011 impulsaron un proyecto legislativo para que la estructura fuera reconocida como patrimonio de la Ciudad de Buenos Aires. La iniciativa avanzó en la Legislatura y terminó convirtiéndose en ley, con el objetivo de protegerla y evitar que pudiera ser demolida o desmantelada.

El trabajo surgió después de advertir que la torre no contaba con una protección patrimonial específica.  Actualmente, la estructura también cumple una función técnica: distintas empresas de medios utilizan sus instalaciones para transmitir señales desde una altura privilegiada.

La posibilidad de volver a subir al mirador sigue siendo una de las grandes expectativas de quienes recuerdan el parque en funcionamiento.  En este sentido, Rodríguez contó que, entre 2011 y 2017, la torre volvió a recibir visitantes durante un período en el que se habilitaron sus ascensores. Incluso participó en las ediciones de Open House de 2016 y 2017, cuando se organizaron visitas que convocaron a miles de personas.

En la entrevista también se refirió a los trabajos previstos para renovar los ascensores y realizar intervenciones en los tensores y sus anclajes. Según explicó, los plazos de obra contemplados en aquella licitación eran de 18 meses, sin contar otras cuestiones necesarias para una eventual reapertura. Por eso, la posibilidad de volver a disfrutar del mirador requiere todavía una serie de pasos.

Una historia que todavía busca su libro

Mientras el parque continúa funcionando como espacio verde, la Torre Espacial permanece como una huella de lo que fue y de todo lo que pudo haber sido. Para quienes lo visitaron durante su infancia o adolescencia, el lugar conserva el recuerdo de los juegos, las luces, los sonidos y las excursiones familiares. Para Rodríguez, además, representa un patrimonio que merece ser documentado y transmitido a las nuevas generaciones.

Su investigación no terminó. Entre los proyectos que mantiene junto con sus colaboradores está la publicación de un libro que reúna la historia de Interama, los documentos recuperados y los detalles técnicos de sus instalaciones. La tarea es extensa: hay planos, fotografías, testimonios y objetos que todavía esperan ser organizados y contextualizados.

La Torre Espacial sigue en pie, pero su historia excede largamente los metros de acero que se elevan sobre el sur porteño. Es el testimonio de una ambición urbanística, de un parque que marcó a varias generaciones y de un patrimonio cuya preservación depende, en buena medida, de quienes se niegan a dejarlo en el olvido.