El Senado votará este jueves, en la sesión que comienza a las 14, la reforma de la Ley Nacional de Salud Mental N° 26.657. El proyecto lo envió el gobierno de Javier Milei al Congreso el 17 de abril. Modifica las reglas para internar a una persona sin su consentimiento, una decisión que hoy pueden enfrentar los familiares de alguien en crisis.
La reforma quedó como último tema de la sesión porque los votos están justos. La Libertad Avanza (LLA) asegura que tiene el apoyo necesario, pero la negociación con los aliados sigue abierta. Patricia Bullrich, jefa del bloque oficialista, acordó este miércoles nuevos cambios para sumar senadores.
Si el Senado lo aprueba, el proyecto pasará a la Cámara de Diputados. La ley vigente, sancionada en 2010, nunca fue modificada por otra ley.
El dictamen de mayoría (Orden del Día 409) cambia cinco reglas centrales de la internación involuntaria, es decir, la que se hace sin el acuerdo de la persona:

El nuevo artículo 23 bis aclara que pagar el tratamiento o mantener económicamente al paciente no exime a la familia del “cumplimiento integral del deber de cuidado” cuando la persona necesita acompañamiento o supervisión.
Hay excepciones. El equipo de salud evaluará cada caso y quedarán exentas las familias que no puedan cumplir. Cuando la persona no tenga red familiar, el Estado deberá garantizar “los apoyos y dispositivos comunitarios”.
El proyecto también establece que las familias podrán recibir información sobre el tratamiento, conocer los servicios disponibles cerca de su casa y “ser escuchados en cada etapa significativa del proceso de atención”.

En el mensaje que acompañó el proyecto, el Poder Ejecutivo sostuvo que la fórmula “riesgo cierto e inminente” debía cambiarse. El objetivo, según el texto, es que “no se generen situaciones de duda o inacción por parte de los profesionales”.
El mensaje lleva las firmas de Milei, del ministro de Salud, Mario Lugones, y del ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques. Allí el Gobierno planteó dar “un rol central a la mirada técnica-médica” y a los psiquiatras.

La reforma también modifica otros puntos de la ley vigente:
El proyecto deroga además los artículos 24 y 25 de la ley actual. Son los que obligan al juez a pedir informes cada 30 días y a ordenar una evaluación independiente a los 90 días de internación involuntaria.
La primera traba es el dinero. Los senadores radicales Carlos Arce y Eduardo Galaretto firmaron el dictamen “en disidencia parcial”.
En sus fundamentos, Arce advirtió que las nuevas obligaciones recaerán “en una parte sustancial, sobre las Provincias”. Por eso propuso una cláusula de financiamiento federal con partidas “específicas e identificables” en el Presupuesto.
La segunda traba es la disputa entre psicólogos y psiquiatras. Varias provincias reunidas en el Consejo Federal de Salud (Cofesa) piden igualarlos en prioridad. Para destrabar la votación, Bullrich acordó precisar el financiamiento, habilitar convenios con las provincias y equiparar el rol del psicólogo.
El bloque Convicción Federal, que encabeza Carolina Moisés, presentó un dictamen propio, de minoría. Esa firma fue la que permitió que el proyecto llegara al recinto.

Organizaciones que siguen el tema cuestionaron el dictamen. Advierten que le quita al Órgano de Revisión la facultad de apelar las decisiones de los jueces y que excluye de ese organismo a las asociaciones de usuarios de los servicios de salud mental.
También señalaron que la reforma vuelve a permitir instituciones especializadas en psiquiatría, aunque mantenga la prohibición formal de los manicomios. Y recordaron que la nueva definición de riesgo amplía los casos en los que se puede internar a una persona sin su consentimiento.
Si obtiene mayoría en el Senado, el proyecto irá a la Cámara de Diputados. Allí podrá ser aprobado sin cambios, modificado o rechazado.
Si se convierte en ley, entrará en vigencia el día siguiente a su publicación en el Boletín Oficial. Hasta entonces, rige la Ley 26.657 tal como fue sancionada en 2010.