30/10/2026 - Edición Nº1361

Opinión


Literatura y fútbol

El duelo invisible: un cuento maradoniano sobre la pérdida de un Dios que sabía bailar

30/10/2026 | Hay pérdidas que no logramos comprender y duelos que no sabemos explicar. Una historia sobre la fe, las contradicciones humanas y ese Dios que supo bailar.


por Francisco Coda


Estar apurada para llegar a un evento familiar no es justificación necesaria para proceder con poco decoro y mucho menos para coartar la intimidad de los otros abriendo la puerta del baño sin antes golpear. Lo cierto es que lo hice.

-¡Ocupado!- exclamó Juani con cierta resignación. Aquel fue el primer indicio, que en ese momento no advertí, y lo dejé pasar sin darle mayor trascendencia. La imagen que vi en ese fugaz segundo podía ser bastante normal; Juani sentado en el inodoro, con los pantalones bajos mirando el celular; el detalle, es que cuando volteo hacia la puerta y pronunció -ocupado-, sus ojos estaban con lágrimas, completamente acongojado.

Cerré lentamente la puerta y permanecí en silencio detrás de ella. ¿Juan, estás bien? ¿Pasó algo? -Nada Julia, nada; tenés que golpear antes de entrar-.

Vivo en el barrio porteño de Villa Crespo, soy pisciana, por estos días estoy queriendo dar término a mi tesis final en la Facultad de Filosofía y Letras, lleva de título de “Nietzsche buscando a Dios” y plantea una mirada sobre su controversial frase expuesta en Así habló Zaratustra: “Yo solo creería en un Dios que sepa bailar” es el epígrafe que le da comienzo y el mismo que ahora me hace repensar su significado. Pero sobre todo estoy profundamente enamorada de Juan Ignacio Britos, desde 2016 estamos casados, solo por civil. Después de un largo y arduo proceso, con muchísimas incertidumbres, Juan Ignacio al fin, fue diagnosticado en términos psiquiátricos con depresión postraumática, de tipo muy extraña y de duración indefinida; en cuanto a la mirada psicoanalítica, el diagnóstico resultó: caso raro, aun inclasificable.

Fue todo un proceso de mucha incertidumbre y dónde el que lo vive de afuera (o desde dentro) no puede terminar de comprender del todo el fenómeno. En Juan no había una causa aparentemente; yo misma me recuerdo absurdamente, tan absurdamente diciéndole Juan tenés todo; sos joven, bueno, sos un sol; te va bien en el trabajo, tenés muchísimos amigos, tenés salud vos y los que te rodean. Pero a veces nos cuesta entender, como lo aseguraría el Dr. Mario Israelí, que a los hombres (a todos los hombres) hay causas que se les imponen. Que emergen o llegan por múltiples circunstancias, dónde ellos o ellas mismas no tienen un grado de conciencia real de los motivos o no los terminan de dimensionar; mucho menos lo pueden poner en palabras, pero de algún modo son tan potentes que pueden anclarse en una angustia, en un vacío, en una adicción, en un amor, en una creencia, en una enfermedad; en una drástica decisión.

Todo comenzó hacia mediados de 2021, aunque descubriría que las raíces se ramificaban desde su niñez y que todo había colapsado en noviembre de 2020. A pesar de que Juan Ignacio parecía tenerlo todo, o al menos lo suficiente para estar bien, volviendo de un fin de semana de paseo pudo contarme que tenía una sensación de angustia, y que se daba cuenta que los últimos meses hacía todo cómo en modo automático. Había perdido la capacidad de disfrute, pero también la de enojo, la de satisfacción, incluso la de deseo; como si todo le diera lo mismo. Él se esforzaba por aclarar que todo no le daba lo mismo, pero algo había perdido. O en todo caso una sola emoción estaba actuando, la incómoda sensación de vacío. Juani era absolutamente consciente de su extraña sensación. En agosto de 2021 creímos conjuntamente que debía comenzar terapia. Después de unos meses de sesiones, a la par comenzamos algunas consultas psiquiátricas.

Algunas, si, porque fueron por lo menos tres. Las sesiones ayudaban, la medicación al principio también. Y sobre todo había una gran voluntad de Juani a querer salir adelante. Noté en múltiples oportunidades que sobreactúa momentos, fingiendo haberlo pasado bien e incluso diciendo estar feliz. Luego de esos principios de felicidad, otra vez el vacío, la angustia. No se ve, esa sensación es interna y no se deja observar, no hay un signo visible; aunque el síntoma causa estragos.

En mi afán de querer ayudarlo, me involucré; intuyo que como lo haría cualquier persona que ama profundamente a otra. Todos los profesionales coincidían en que las características que presentaba Juani era de pérdida, o como si hubiera perdido algo. La licenciada en psicología Soler me explicó perfectamente lo que es un duelo y cuáles son sus etapas. Las manifestaciones de Juani se adaptaban a estas características, pero lo extraño es que nadie podía afirmar con certeza cuál era la pérdida que estaba duelando.

Rápidamente descarté la pérdida de un ser querido, aunque sabía por lo que Juani me había contado al comienzo de nuestra relación que la muerte de su abuelo materno cuando era pequeño lo había afectado muchísimo. Indagué ese terreno y si bien Juan Ignacio no podía decir con sus palabras qué era, sí podía decir que cosas no eran motivo de sus sensaciones y me descartó que la pérdida de su abuelo lo estuviera afectado. Soler afirmó que los duelos son atemporales y sumamente complejos por eso, a pesar de la certeza de Juani, no descarté lo de su abuelo en esa etapa sensible que es la infancia.

Mas de una vez me sentí pérdida, necesitaba reencontrarme con el Juani que era antes. Suele pasar que los que estamos afuera tenemos más necesidades que quien las está padeciendo. Mi mejor amiga Andrea, que padece el Alzheimer progresivo de su padre, dice que en esa patología sucede algo parecido.

Parece que de las personas que menos lo esperas en momentos complejos, pese a nuestros prejuicios, aparecen para brindar su ayuda. Una noche, casi de madrugada, recibí un WhatsApp de Federico Goldberg, me citaba en un bar cercano a la plaza Lacroz, para hablar sobre Juani. Todo su grupo de amigos estaba al tanto de su situación, los de la secundaria, los de fútbol, los del trabajo.

Federico Goldberg; organizador de los partidos del miércoles en las canchitas de fútbol cinco; organizador de salidas nocturnas los jueves, viernes sábados y hasta los domingos; respetado por sus pares por no faltar un solo miércoles en los últimos ocho años y por proezas como ir caminando 230 km desde Villa Crespo a una iglesia en Rosario después de que Atlanta se salve del descenso. Todo un personaje.

Ese mismo día, al despertar por la mañana, escuché varias veces el audio de WhatsApp. Cómo dije, me citaba en un bar cercano a la plaza Lacroz, a eso de las cinco de la tarde. Noté por el tono de su voz que estaba un poco borracho o eso parecía, deduje que era ese momento de ebriedad en los que se va la euforia y sobreviene cierta (e inevitable) melancolía, y finalizaba diciendo que no le diga nada a Juani.

Otra vez los prejuicios, que tan profundo calan en nosotros, lograron irritarme. Estos tipos, sus amigos, no se daban cuenta lo compleja que era la situación de Juani. Mandarme un mensaje a la madrugada, en estado de ebriedad, para seguramente contarme lo que yo misma estoy padeciendo en el día a día los últimos meses con mi marido, parecía mucho. A las personas parece que les cuesta muchísimo diferenciar qué cosas son serias e importantes y dejar de lado ciertas trivialidades, ciertas pavadas. Lo dejé pasar. Ya Juani me había advertido que Federico simplemente era así. Había algo de lógica, si este Federico era el mismo que le había pedido mi número por las dudas a Juani. Más de una vez recibí mensajes de él, preguntado si Juani estaba con su teléfono porque no confirmaba asistencia para el partido, y si yo sabía si estaba para jugar. Siempre me pareció mucho.

Aunque quizá, era yo que estaba siendo muy dura, con las atrocidades que pueden hacer los hombres, que haya algunos así, llamémosle intensos, tampoco era tanto.

Cerca de las cuatro de la tarde, pese a no haber contestado el mensaje de la madrugada, recibí un nuevo mensaje. De esos mensajes que al leerlos pasas por un estado de bronca, indignación y termina despertando en nosotros una sonrisa. Me decía que a las 17 hs no iba a poder, lo más seguro era que nos encontráramos cerca de las 18:30 en el mismo bar, porque se había olvidado que había partidos de Champions y se jugaba el partido de vuelta entre Chelsea y Atlético de Madrid. Naturalmente creí que todo formaba parte de una broma.

El otro Juani con el que deseaba reencontrarme, podía ser capaz de buscar complicidad para hacerme una broma. Sin ir más lejos me propuso casamiento, aunque solo fuera por civil, con un desfile de sus amigos con el torso desnudo que observé desde el ventanal del comedor de mi casa, cada uno con letras escritas en sus panzas que cuando se ordenaron sobre la calle formaron un “Julia, ¿Te querés casar conmigo?”, veintiséis tipos con la coma incluida para ser exacta. Los cuales después se pusieron a cantar canciones de cancha en la puerta de mi casa, resonaba un “Juliaaa…llama a la linda de tu madre.. y avisale… que te casas con Juaanii..” No fue para nada romántico, pero el amor puro, en su esencia, pudo (como siempre) con cualquier tipo de romanticismo; aquel día pese al alboroto del barrio, al papelón y a la vergüenza, después de unas lágrimas, acepté.

Cerca de las 18 horas, acepté también el encuentro con Goldberg. Llegué puntual, él ya estaba sentado en una mesa. Se levantó y me dio una suerte de abrazo sostenido, sin dejarme que yo pidiera algo para tomar, le hizo una seña al mozo para que traiga otro chop de cerveza. Ahí estaba yo con Federico Goldberg en un bar un martes por la tarde tomando una cerveza. Que raro todo esto pensaba, pero al mismo tiempo me sentía muy cómoda, probablemente porque el entorno para hablar cuestiones ligadas al problema de Juani había dejado de ser un solemne consultorio.

Lo primero que me llamó la atención de Federico era que se había dejado la barba, creo que la última vez que lo había visto había sido en el casamiento de Estaban Goshe, e hice alusión a su aspecto. Dijo, tocando con su mano su barba, que los últimos meses habían sido raros y por algún motivo estuvo semanas sin afeitarse y bueno después lo pensó como un simple cambio de look. Además agregó, que es común en los hombres de diversas culturas que ante situaciones complejas, de esas que golpean, suelen optar por dejarse su barba como una señal de autoprotección; y que en otros, crea un espíritu guerrero para afrontar la adversidad. Dicho esto se detuvo, dando lugar a un incómodo silencio, primero imaginé que era él que quería contar algo y luego interprete ese silencio, el estado depresivo de Juani, se había caracterizado por un estado de abandono y su signo más visible es que también se había dejado la barba.

Asimismo concluyó que los motivos pueden ser diversos. Abrió su morral que estaba sobre la mesa y sacó un habano, ¿cubano? pregunté, -cubano- contestó. -No sabía que fumabas, igual no creo que puedas fumar acá adentro-, -no Julia, no fumo hace por lo menos veinte años, pero siempre hay en el revistero del pasaje Arreola. Los vi y compré un par, desde hace unos meses ando siempre con un habano. Hoy día están de moda distintos objetos para calmar el estrés, a mí por algún motivo se me pegó el manipular un habano-. Pensaba para mí en qué momento llegaría la broma. No solo que no llegó, sino que Federico empatizo de alguna forma en la situación que estaba viviendo los últimos meses. Además agregó, que la situación de Juani era sumamente compleja, quizá más de lo que me imaginaba, que cada vez había más casos, pero que el doctor me lo explicaría mejor. Creo que le dije algo así como -¿El doctor?-.

Le agradecí a Federico como amigo su intención de ayudar, y que lo necesita como un aliado en las manifestaciones de Juani en su grupo de amigos, pero le aclaré que ya estábamos tratando el caso con múltiples profesionales, que mis últimos meses habían sido caóticos, entre tantas consultas psicológicas y psiquiátricas. Por ahora al menos, un doctor no era lo que necesitábamos. -Debe ser terrible- me dijo, otra vez intentó congraciarse conmigo, y agregó que Mario debería estar por llegar -¿Mario?-, -si, Mario Israelí, el doctor-. Ahí sin más, ya casi terminando el chop de cerveza, conocí al Dr. Mario Israelí.

Prejuicios otra vez. Mario de doctor a primera vista no tenía nada. Tampoco deberíamos de esperar que un abogado se pasee con un código penal bajo su brazo, o un arquitecto con sus planos, o en este caso Mario con un estetoscopio en su cuello para que denote su profesión. Federico nos presentó, noté una mezcla de distancia y a la vez cierta calidez. Federico elevó la mano con tres dedos bien arriba, le dio un pequeño rodeo y a los pocos minutos llegó el mozo con tres chop de cerveza bien helados. Quise decir que no, otro chop era demasiado para mí, Israeli pregunto si yo era la señora de Juan Ignacio, acto seguido me dijo con una sonrisa, -desea algo más fuerte para tomar señorita, yo le recomendaría un Negroni-

Mario desde el comienzo me desconcertó, en lo primero que indagó fue, en si yo era una mujer religiosa; no del todo, respondí. Entonces, pregunto si yo era creyente; creo creer, fue mi respuesta. -Julia usted cree en un Dios, digamos.. de construcción religiosa -, interrogó Israelí. No entendía el motivo de su pregunta, pero respondí que sí, en la construcción de Dios judeocristiana, no lo dije pero supuse que hablábamos de El Señor, el Todopoderoso, el Creador. Ese Dios que cada vez cuestionamos más, pero cuando todo se nos viene abajo, recurrimos a Él. Continúe; parece que está en nuestra propia red de símbolos y no lo podemos soltar, intuyo que es como si quisiéramos soltar el propio lenguaje, sería imposible. -Eso es Julia-, dijo Israelí - quizá, esa sea la palabra.. “imposible”-.

Bebió un sorbo de cerveza helado y acomodó el nudo desalineado de su corbata. -Le hago una pregunta Julia ¿podría morir esa construcción de Dios?- Me volvió a interrogar, como poniéndome a prueba. No lo sé, intuyo que no; entre otras, las características que les damos es de omnisciente, omnipotente, y varias más. Además pensemos que no tiene cuerpo. Intuyo que podemos alabarlo, cuestionarlo, aborrecerlo, alejarnos de él y por supuesto también negarlo e incluso matarlo (como lo planteado por Nietzsche), pero ahí sigue estando. Estamos en un mundo que se está llenando de apóstatas, sin embargo la palabra Dios tiene un peso en sí misma que no se escapa ni del más agnóstico. Mario, bajó un poco sus lentes para mirarme directo a los ojos, hizo un silencio y en voz baja dijo: -Exacto. Mire Julia, es por ello que el problema de su marido es más grave de lo que cualquier psicólogo o psiquiatra le haya dicho-.

Federico no emitía palabra solo nos miraba y asentía con su cabeza ante cada comentario, veía que elevaba su mirada sobre mi cabeza como si estuviera esperando algo. Al notar que no tomaba mi cerveza, la sujeto y la empezó a tomar, ahí hablo,- sería una pena que se caliente Julita - dijo, llamó al mozo y me pidió un café. Mario puso sobre la mesa su portafolio negro, lo abrio y saco una serie de legajos, cientos. Hojas A 4 escritas a mano (intuyo que por él), ilustradas con recortes de diarios.

Enumeró al azar una serie de casos, que se estaban reproduciendo desde hacía algunos meses. Un farmacéutico en Junín, había suspendido la venta de medicamentos que contengan Efedrina, marcando una nueva tendencia en la comunidad farmacéutica de la región. En otro artículo, miles de hombres y mujeres con problemas de adicción a las drogas, habían expresado en sus redes sociales, todo lo bueno que hubieran sido en sus profesiones si no la hubieran conocido. En otro, un comerciante en Coronda recibía una distinción del Ministerio de Fauna de la provincia de Santa Fe, tras vender dos departamentos para crear un refugio para tortugas con altas medidas de seguridad, el más grande de Latinoamérica. Otro, era el particular caso de un profesor de Matemáticas en Salto, quien fue suspendido por el director, cuando sus alumnos sostuvieron que estuvo durante semanas escribiendo en el pizarrón sólo dos números: el cero y el uno.

De modos arbitrarios formando una especie de código binario. Incluso que había escrito también la pared y hasta el pupitre. El artículo además glosaba, que una alumna sostenía que tenía escrita con lapicera su mano y habría asegurado que su brazo también presentaba el mismo código. Reelería más tarde bien los casos y esa nota culmina con el aporte del psicopedagogo del equipo de orientación escolar, quien habría quedado impactado luego de concretar una visita a su domicilio para charlar con él, ahí comprendió que el problema era muy grande; todas las paredes internas de su casa; living, comedor, baño, habitación, estaban escritas (más bien rayadas) con el mismo código indescifrable.

Mientras tanto aún en el bar, no sé cuántos casos más, que parecían completamente inconexos enumeró Israelí. Yo pensaba para mí;- estos tipos están locos-, pero no los sujetos de los casos, sino Federico (que no dejada de tomar) y hasta el propio doctor. Primero algo religioso de índole teológica y después insípidos casos absurdos, que tenía que ver esto con la profunda depresión en la que parecía sumergirse Juani cada día un poco más. Quizá fui un poco tenaz, quizá hasta un poco grosera; pero inste a Mario a que sea claro. Fue allí donde me dijo siquiera a modo de introducción, que a los hombres (debo reconocer que aclaró, que a todos los hombres) hay causas que se les imponen.

Que emergen o llegan por múltiples circunstancias, dónde ellos o ellas mismas no tienen un grado de conciencia real de los motivos o no los terminan de dimensionar; muchas veces no lo pueden poner en palabras, pero de algún modo son tan potentes, que pueden anclarse en una angustia, en una ideología, en una adicción, en un amor, en una creencia, en una enfermedad; o hasta, en una drástica solución. Son infinitas, responden a causas y efectos; y como todo en este mundo están sometidas en primera instancia (y en otras también) a cuestiones azarosas, sostuvo el doctor. Creí entender, las palabras de Mario parecían tener una dosis de verdad y con el tiempo cobraron aún más sentido, aunque no fue del todo claro.

Quién empezó o al menos intentó dar claridad fue Federico, contó un episodio de unas semanas atrás, que yo desconocía por completo. Primero intentó adelantarse a la cual creyó que sería mi interpretación, - Sé lo que vi Julia, y lo vimos todos y no fue ninguna broma- marcando una postura firme, y contó el episodio: - Viste que nosotros jugamos todos los miércoles, bueno hará cuestión de un mes atrás, en pleno partido, que de amistoso no tenía nada contra el equipo de los panaderos, Juani recibió un pase del “tacaño” Schultz, se quedó parado, agarró la pelota con la mano y la puso bajo su remera; naturalmente paró el partido, el panadero Cortez que venía a marcarlo, incrédulo le dijo: ¿Qué hacés?, Juani nos miró a todos, como fuera de sí(o como muy dentro de sí) nos dijo a la cara que no éramos dignos y no iba a permitir que ninguno de nosotros la manchemos, refiriéndose a la pelota.

Al principio creímos que era una broma pero rápidamente me di cuenta que estaba en una especie de brote psicótico. Salvo "El Tano" Beretta, que debería estar caliente porque le habíamos hecho tres goles en 15 minutos, que le gritó una grosería desde el arco (¡así embarazada la van a dejar a tu mujer, Britos!), todos los demás nos dimos cuenta que se trataba de algo serio. Juani salió de la cancha y se dirigió hacia la entrada del complejo. Ya en la calle lo pude parar y recién ahí se dio cuenta de lo que había hecho, los muchachos se acercaron, aún abrazado a la pelota, nos pidió disculpas y se largó a llorar como un chico-.

Me quedé muda.

-Perdón Julita, tendría que haber omitido el comentario del boludo del Tano, pero intente ser lo más objetivo posible- agregó Federico.

Mientras tanto ojeaba, más casos absurdos del legajo de Israelí.

Un martillero público detenido en Roma, por poner precio a los techos de la Basílica de San Pedro e instar a un remate público y así poder usar esos fondos para combatir el hambre en el mundo, abriendo controversiales debates; otro artículo alertaba sobre una ola de hombres y mujeres sacudiendo Europa, principalmente ciudades como Barcelona, Sevilla y Nápoles quienes sin causa aparente afirmaban no percibir sus piernas, como si se las hubieran cortado.

Otro era el caso del cardenal Noruego Erling Olsen de la santa sede, cuestionado por poner en duda la autoridad papal, ¡No es mucho! habría sostenido en la tirada semanal de la Gazetta Di La‘ Fe sacudiendo a toda la comunidad eclesiástica; otro artículo indicaba que fuentes oficiales del kremlin, estarían ocultando que en los últimos meses el primer mandatario ruso Vladimir Putin no estaría concertando reuniones antes de las 11 de la mañana, solo recibiendo visitas y concretando acuerdos bilaterales preferentemente por la tarde, con algún cóctel de por medio. Federico seguía observando sobre mi hombro, como si estuviera esperando algo o alguien, me ponía nerviosa.

-Entiendo Julia que para usted y para muchos estos casos resultan absurdos, pero le aseguro que todos tienen una conexión. El brote psicótico, o delirio temporal que tuvo su marido se ajusta y conecta directamente con los casos que usted está leyendo e incluso con otros que se deben estar reproduciendo a lo largo y ancho del mundo, pero de los cuales aún no tenemos referencias. Lo que no dicen esos artículos es que todos están en cierto estado de shock, padeciendo las secuelas de un fenómeno muy particular, presentando un cuadro de angustia, pero no cualquier angustia, le diría que es una angustia existencial. Solo estamos viendo las manifestaciones- sostuvo Israeli. Los miré fijo y les pregunté si ellos también estaban atravesando una depresión u algo por estilo, entonces Mario dijo: - Si bien, aún no lo puedo dimensionar, no lo puedo concebir.

No Julia, como la de Juan Ignacio no, porque yo creo en la misma construcción de Dios que tiene usted-, no entendí; lo mire a Federico, - no sé en qué punto me este afectando o no, pero creo que a mi tampoco me pasa Julita, porque para mi el HaShem (El Nombre) es sagrado dentro de la tradición -, bajo la atenta mirada de ambos, continúe sin entender absolutamente nada.

Debo confesar que pensé en dos opciones: A- ofrecerme a pagar la cuenta, agradecerles por su preocupación, levantarme, saludar respetuosamente e irme; B- levantarme, agradecerles por su preocupación, ofrecerme a pagar la cuenta, saludar respetuosamente e irme. Opté por C, decidí tomarme un respiro; inspiré profundo, suspiré; llamé al mozo y le pedí que me hiciera un Negroni bien fuerte, con más gin de lo normal.

Recordé allí, las sabías palabras del psicoanalista argentino Jorge Alemán, que sostiene que hay que amigarse con no entender, con lo que cuesta ¿no? y sobre todo entender la otredad, desde nuestra supuesta normalidad; claro en el caso de Alemán amigandose con las ideas de Hegel, Alexander Koyré y Lacan; en el mío intentando amigarme con los comentarios de Federico “el intenso” Goldberg y Mario “el doctor de los casos absurdos” Israelí. Intuyo que ambos, para esta altura, presentaban las mismas dificultades de entendimiento que los anteriores.

Tiempo, eso es, tiempo. Necesitaba un poco de eso. Porque mientras tomaba el primer rasposo sorbo de Negroni, Israelí dijo lo que venía escuchando en boca de distintos profesionales pero fue mas categórico, quizá más catastrófico. Pausadamente cómo queriendo encontrar las palabras adecuadas soltó, -su marido está atravesando un duelo, un duelo invisible, porque aún no lo termina de dimensionar (como la mayoría de nosotros), no lo puede concebir, está en esa etapa del “no puede ser” propia de los duelos; pero en este caso agravado, porque no hablamos de cualquier duelo-.

-Es que nadie lo esperaba, ¿cómo se iba a morir?- dijo Federico y se quebró.

Mario lo contuvo de un modo, diría paternal.

¿Quién murió? si bien me lo pregunté no llegué a decirlo, porque Mario tomó nuevamente la palabra.

Mire Julia, estamos ante un hecho con pocos precedentes en la historia de la humanidad y si bien no son iguales por cuestiones culturales podemos intuir similitudes en cuanto a las características. Antes que nada, pensemos que Dios, entre otras cosas, es un reflejo de nuestro deseo humano de conectar, entender y experimentar lo divino. Darle corporeidad, ha sido casi una necesidad para cualquier creyente de cualquier deidad. Pensemos que un cuerpo físico ofrece un punto de referencia, es algo que se podemos percibir y relacionar con la experiencia humana. Los dioses han tomado forma humana a través del devenir cultural de las sociedades. Ahora lo que debo reconocer que es raro, es que estás deidades mueran.

Permítame hacer una analogía; no sabemos a ciencia cierta el real impacto que causó la muerte de Thor en el seno de sus adoradores en la cultura nórdica, o lo que provocó para sus devotos la muerte del Quetzalcoatl en la cultura maya. E incluso el impacto real de la muerte de Jesús, hijo de Dios, en aquellos primeros momentos, para esos primeros creyentes. Ese impacto propagándose desde el valle del Gólgota a toda Judea y Galilea, un poco por oriente y por todo occidente, por el norte y el sur; por los siglos; hasta nuestros días Julia, hasta nuestra fe. Sencillamente porque desconocemos por completo el impacto real que puede causar en los fieles, la pérdida de su divinidad-.

Entonces un poco desconcertada y tal vez harta de los eruditos comentarios de Israelí, lo mire a Federico y le pregunté: -¿Quién murió?-, y se largó a llorar como un chico. Percibí que la gente del bar cercana a la mesa nos miraba, ¿Qué es esta ridiculez, este papelón? me dije conteniendo a Federico con mi mano en su hombro. Hacía mucho que no veía a un hombre llorar tan acongojado, con moco y todo, pero rápidamente me di cuenta que ese grado de congoja lo había visto solo unos meses atrás, Juani sentado en el inodoro con el celular en la mano antes de ir al aniversario de casados de mis padres allá por las primeras semanas de diciembre de 2020 cuando la pandemia parecía dar un respiro.

Israelí, guardando en su legajo las hojas de sus casos absurdos, elevó su mano de la mesa suavemente como pidiéndome que vaya despacio y otra vez cómo queriendo encontrar las palabras adecuadas contestó: - Murió un hombre; para muchos un hombre más; para otros, tal vez, Él hombre que no podía morir; y para otros, como su marido, aunque le resulte extraño, Dios.

Maradona, entre el hombre y la divinidad: una devoción que trascendió los límites del fútbol.

Cuando los dioses también mueren

Iban a ser casi las 21 hs, me sentí abrumada, un principio de jaqueca. Federico, Israelí, la cerveza helada y el Negroni seguramente habían sido una combinación digamos.. extraña. Me levanté de la mesa, le agradecí a ambos profundamente su preocupación por Juani, me ofrecí a pagar la cuenta, Mario dijo que de ninguna manera y Federico aún con los ojos inyectados en lágrimas dijo que se iba a quedar un rato más, ya que debería estar por arrancar el partido que disputarán Temperley y Defensores de Belgrano, señalando el televisor enorme que estaba ubicado a mi espalda. Al fin comprendí cuál era la preocupación que tenía Federico. Ambos me abrazaron fraternalmente, Mario se mostró optimista y me dio su teléfono, me dijo que no dudara en llamarlo si es que notaba alguna nueva manifestación en Juani.

Esa noche llegué a casa, Juani estaba sentado en el sillón del living revisando como últimamente un viejo álbum de figuritas, FIFA world cup USA ‘94 se leía en la tapa; por un instante pensé en hablar con él y contarle mi encuentro con Federico y Mario, pero además de que se me partía la cabeza, quise ser de alguna forma leal con ambos. Además la licenciada Soler, en las muchas charlas en su consultorio recomendaba que en casos de angustia no hay que presionar a quien la está padeciendo, con sugestivos cuestionarios que muchas veces no pueden responder, al menos momentáneamente. Ella también insistió en la importancia del tiempo. Al fin dormí después de un día largo, tanta cosa en la cabeza que tuve un sueño rarísimo.

Soñé con Dios, era Dios el judeocristiano: hombre mayor, canoso, de barba blanca, de túnicas blancas que caminaba un tanto sudado en una cinta de esas eléctricas para bajar de peso al tiempo en que baila con mucho swing, me asombra el swing y lo a tiempo que iba con la canción, una canción de Los Palmeras. Fue tan vivido, era una especie de Dios Nietzscheano que podía bailar.

Solo unos días después, dispuestos a cenar observé que Juani tenía puesto dos relojes, me llamó poderosamente la atención y le pregunté si es que no se había dado cuenta; lejos de justificar una distracción sostuvo que necesitaba usar dos relojes, que podía ser una buena forma de tener a sus raíces más cerca, pues en un reloj (digamos en el de la muñeca izquierda) podría tener la hora de la Capital Federal y en el de la muñeca derecha la hora de Pergamino su ciudad natal. Le pregunté ¿Qué hora tenés en Capital?, 21: 46 respondio; y repregunté con maliciosa ironía ¿Y en Pergamino qué hora tendrán tus coterráneos? - déjame ver, 21: 43, deben estar por cenar allá-, contestó con satisfacción y algo de nostalgia. Juani inmutable continuó cenando; yo mientras observaba incrédula ambos relojes en sus manos, opté simplemente por hacer silencio.

Pronto, quizá más pronto de lo que hubiera deseado, me vi en la necesidad imperante de llamar al Dr. Mario Israelí.

Al otro día, después de algunas contradicciones, que nuestros propios prejuicios generan, decidí llamarlo. Los pulsos sonaron varias veces, no me atendió la llamada. Vi su foto de WhatsApp, era el doctor bien peinado raya al costado, portaba un saco gris plomo, camisa blanca, con una mano sostenía un bidón de agua y con la otra mano parecía estar acomodando su corbata de rojo carmesí. Qué tipo raro este Israelí pensaba con total ingenuidad, como si todos los tipos y tipas no fueran raros a nuestra supuesta normalidad. A los pocos minutos, me mandó un mensaje que decía "llámame”, entonces presioné en mi celular nuevamente llamar. Me pidió unos minutos para hablar más claro, se escuchaba el sonido de sierras eléctricas o maquinarias de corte de fondo, creí por unos segundos que mi llamada era inoportuna, estará en el quirófano pensé. Salió al exterior y la llamada se tornó más clara, reconoció mi voz y me llamó por mi nombre.

Le conté el episodio de la cena, el de los dos relojes. No se sorprendió en lo más mínimo, hizo un silencio y lo tomó con total naturalidad. Me dijo que se trataba de clara manifestación, me pidió que aunque me resulte extraño no lo someta a Juani a cuestionarios, me sugirió que como en cualquier duelo lo acompañe con silencio, respeto y sobre todo amor. Antes de cortar, le agradecí y le pedí disculpas, me dijo que no me preocupe, que Federico también lo había llamado hacía unos minutos, que había otro supuesto caso en las noticias de la mañana. Corté con el doctor y busqué los canales de noticias, rápidamente di con un caso bizarro que estaba en vivo en el canal Crónica.

Un muchacho de unos cuarenta y pico de años, soltero desde hacía algún tiempo que a través de la aplicación de citas Tinder había matcheado con varias mujeres, increíblemente citando a todas, probablemente bajo el efecto de algún brote psicótico, a la misma hora y en la misma dirección. El alboroto era grande, las señoritas discutían entre ellas y al tipo lo querían matar. Ya contenido por la policía de la ciudad y los enfermeros del SAME, a el hombre en cuestión la cámara lo enfocaba con una mantita sobre su espalda como fuera de sí (o como muy dentro de sí) en el cordón de la vereda llorando como un niño, desconsolado, en Villa Devoto, precisamente en la esquina de Segurola y Habana al 4310.

Pasaban los días, Juani seguía igual. Resolvi, que ahora, necesitaba investigar sobre aquel hombre, el que había muerto.

Descubrí que se trataba de un hombre pequeño que de un modo u otro había estado todo el tiempo en mi vida y en la de muchos. Era solo un hombre, pero debo reconocer que un hombre en todas las facetas de hombre con lo que eso conlleva; con sus atributos y sus miserias. Amado y odiado. Lo vi de niño soñando y de adulto insultando. Lo vi solidario y autoritario. Repudiable, misógino; afectuoso y fenomenal. Lo vi embarrado y adorado. Había infinitas imágenes de él. Era un hombre que en una vida parecía haber vivido muchas, como eternizado entre flashes. Sus ecos resonaban del Sur y estremecían al norte; entre líderes, reyes, periodistas, presidentes y villeros. De frases memorables, que ahora formaban parte del inconsciente colectivo.

Era un hombre contradictorio.

Reflexioné qué mujer u hombre puede llamarse mujer u hombre respectivamente, si no se contradice, sino cae en la inherente tentación que antecede al pecado. Si no transgrede la norma, sino cae en los excesos. Sino muta en sus amistades y en sus dichos. Si es que no los invade el (a veces) maldito prejuicio. Sino habita el plano espiritual, pero también el sanguíneo y carnal. Sino conoce el día, como la noche abismal.

Mario tenía razón; en este caso, visto así este hombre que había muerto, parecía ser el hombre, quizá como una especie de superhombre.

Federico me llamó casi un mes después, me dijo que si no lo tomaba a mal, había estado pensando y pensando. Aseguró que en cualquier duelo hay un momento de aceptación, si bien el shock en este caso podía ser fuerte. - Yo creo, Julia que no tenemos nada que perder, ambos sabemos cómo está Juani- Pensé en una idea.

Parece ser verdad que la vida nos ponen a prueba, de modo antes insospechados, llegando octubre de 2021 con la certeza ya casi confirma del duelo particular de Juani, viaje varias veces con Federico Goldberg, ahora mi aliado, unos 40 km a la localidad de Bella Vista en el partido bonaerense de San Miguel, luego de un seguimiento exhaustivo de los horarios de entradas y salidas de los encargados de seguridad del cementerio privado del Jardín de Bella Vista, dimos con un tal Mauricio a quien le conté mi pedido y al que Federico me dijo que simplemente teníamos que sobornar. A este tal Carlos, solo le bastó con no dejar registro en el ingreso de personas al cementerio y argumentar unos minutos de un corte de luz para que las cámaras de seguridad no logren funcionar. Lo hablé con Juani y después de muchos no, finalmente aceptó. Viajamos los tres a Bella Vista. Federico, en la puerta no se animó a entrar, prefirió quedarse afuera.

A la señal de Carlos comenzamos junto a Juani una larga caminata tomados de la mano entre un verde lleno de lápidas, sin mirar atrás. Sólo teníamos unos quince minutos, eso era lo pautado y con eso intuyo que bastaba. Juani temblaba, a unos seis o siete metros de la simple lápida como la de cualquier mortal lo solté y le dije: -acércate a tu Dios, que yo te espero-. Tomó creo que tanto aire como pudo, aún temblando invadido por la congoja, llegó a la pequeña lápida dónde ahora descansa su deidad junto a sus padres. Se derrumbó, lo invocó y entre el mar de lágrimas comenzó una silenciosa plegaria. Qué le dijo no lo sé, pero seguramente ahí en la cabeza de Juani estaban sus sueños, los que se inscribieron en su niñez. Intuyo que en ese hombre, ahora muerto, estaban los sueños de que soñaron ser El. Quién sabe que hizo este hombre con su vida, pero ahora yo pude ver como en una secuencia lo que había hecho con la de millones.

Una energía especial me invadió, yo también me derrumbé sobre el verde césped saturado de lápidas y las lágrimas brotaron en mí.

Llegó Carlos, me dijo que ya era el tiempo previsto, me acerqué a la lápida, leí un “Gracias a la pelota“ abracé a Juani y nos retiramos del cementerio. Federico nos aguardaba afuera, desfigurado al igual que Juani, y se fundieron en un abrazo de varios minutos. Subimos al auto y volvimos en profundo silencio a Villa Crespo.

La despedida de Maradona y el dolor de quienes todavía intentan comprender su ausencia.

Con el tiempo todo apareció en las entrevistas psicológicas y los test proyectivos, aparecieron los números cero y uno como en el caso del profesor de matemáticas, pero Juani logró ordenarlos formando el número diez; se repitieron los círculos, pero esa percepción de circularidad propia de la angustia que le daba Soler en los primeros meses, desapareció cuando Juani logró poner los gajos y formar una simple pelota; apareció la bandera celeste y blanca; apareció el líder guerrillero. Toda la simbología que representaba a su deidad se fue revelando. El impacto del cementerio fue bastante positivo, tal vez fue en parte volver al plano terrenal, de algún modo humanizar a su divinidad.

El psiquiatra Capabianca habla de depresión postraumática, de tipo muy extraña y de duración indefinida, si bien ha recetado antidepresivos tiene dudas en su eficacia; el Psicoanalista Chernia alude un tipo de caso raro, aún inclasificable. Han pasado casi dos años, todos los profesionales coinciden desde sus respectivas ramas (extraoficialmente) que la angustia está ligada al particular fenómeno de la pérdida de su divinidad y que si bien el paciente ha logrado una mejoría, probablemente sea eterna.

Qué importante fue mi encuentro con Federico y el doctor, que importante fue romper mis propios prejuicios. Sin dudas fueron ellos quienes lograron que pudiera vislumbrar la causa del problema. Ya saben cómo funciona esto, no me aguanté y un tiempo después le conté a Juani mi encuentro con Federico y Mario Israelí en el bar.. ¿qué tipo raro es este Israelí, no? Le dije a Juani, ¿doctor en qué especialidad? -¿quién, Mario?- Contestó Juani con una sonrisa, una sonrisa hermosa que hacía tiempo no dibujaba su rostro. -Mario no es doctor de nada, trabaja en una metalúrgica. Federico lo presentó al grupo de fútbol hace unos años, nos hace de director técnico y le pusimos el apodo de “El Doctor" por recurrir a ciertas y polémicas costumbres, para que el equipo gane-. Me quedé muda.

Me vi en la necesidad de llamar a Mario Israelí para agradecerle, pero me pareció mas atinado hacerlo en persona. Fui a la metalúrgica donde trabaja en Almagro, no di con él. Charlé en la entrada con un compañero de trabajo y me dice que no se ha presentado últimamente, que su señora presentó una carpeta psiquiátrica en la administración porque anda desde hace unos meses un poco angustiado, medio depresivo, -¿pero qué le pasó?- lo interrogó.- No conozco su vida privada, pero es como si hubiera perdido un hijo, se la pasa revisando diarios y noticias de supuestos casos raros y últimamente está un poco fuera de sí. Vio cómo son los comentarios, pero dicen que toma colectivos a diario, de Fiorito a Paternal; de Paternal a La Boca; de La Boca a Devoto; de Devoto a Benavidez; de Benavidez otra vez a Fiorito, envuelto en un bucle. Como si buscará algo u a alguien. Pobre quién sabe qué le anda pasando-, me comenta.

De Federico Goldberg lo último que se por su novia es que anda un poco triste, afrontando cambios estéticos y también espirituales. Se afeitó la barba, pero se tiñó una franja amarilla en un lateral de su cabeza; y dejó de ir a la sinagoga abandonando costumbres propias de la tradición judía. Se hizo pastor de una iglesia de tipo paródica en Rosario, donde le rinden culto a cierto Dios pagano; reemplazaron el cáliz por la pelota, reformaron los diez mandamientos y festejan la navidad el 30 de octubre. Observé en su semblante cierta preocupación. Me parece que es hora de hablar con ellas, creo saber perfectamente por el proceso que ambos están transitando.

Las noches suelen encontrarme abrazada junto a Juani mirando aquellos videos que no se atrevía a mirar en compañía, aquellos videos que suscitaban en él un sin fin de emociones que no se permitía demostrar ante los demás. Hay obscenidad, hay risas, hay genialidad, hay verdades; hay lágrimas. Sin ser adoradora de su Dios, debo confesar que es imposible no pasar por un sin fin de sensaciones. Juani me explica los pormenores de cada partido, de cada jugada, de cada personaje, de cada frase.

Asiento y lo observo. Que poco conocemos de las personas que están a nuestro lado, me interpela mi conciencia en silencio.

Juani se ha ido a jugar al fútbol con sus amigos. Lo noto mejor queriendo salir adelante, pese al duelo en proceso.

Estoy sola, preparo un mate y ojeo mis apuntes. “Yo solo creería en un Dios que sepa bailar”, observo en el epígrafe, se me pasan un montón de cosas por la cabeza.

Leo, pienso... releo; y vuelvo a pensar.

Quizá sea hora de modificar mi tesis final para la facultad. Tal vez a Nietzsche sólo le faltaba algo de tiempo, solo eso un poco de tiempo, para ser exacta un poco menos de un siglo para ver al Dios con cuerpo que andaba buscando, ese en el cual si podría creer; porque está deidad que se fue en noviembre de 2020 si algo podía y sabía hacer, eso era danzar.

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Por Francisco Coda, 2025.-

A Federico Sabre, que me encargó una delicada gestión

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