por Redacción NewsDigitales
Durante el verano de 2026, una historia inesperada convirtió al Balneario Atlántico de San Clemente del Tuyú en protagonista de los principales medios nacionales. Julen Katzy, un joven actor español conocido por su participación en la exitosa serie Valle Salvaje, disponible en Netflix, había cambiado los estudios de grabación por las playas argentinas para trabajar como carpero. Nueve meses después, aquel establecimiento que despertó curiosidad, recibió turistas y ganó visibilidad por una historia humana enfrenta un conflicto con el gobierno municipal de Juan de Jesús que amenaza su continuidad.
Ubicado en la calle 18 y la playa, el Balneario Atlántico acumula más de tres décadas de actividad y constituye un punto tradicional del frente costero de San Clemente. Su responsable, Lucas Cosentino, denuncia persecución política y reclama poder trabajar durante una última temporada antes de abandonar el predio, cuya concesión venció en 2010.
La disputa tiene una dimensión que excede los expedientes administrativos. En juego también aparecen los puestos de trabajo, los servicios para turistas, la atención a personas con discapacidad y la historia de un establecimiento que logró trascender las fronteras del Partido de La Costa.
La historia comenzó a fines de enero, cuando un móvil del programa Arriba América, emitido por América TV, descubrió que uno de los trabajadores que preparaban las carpas de un balneario era un actor español que había participado en una producción de gran repercusión internacional.
Se trataba de Julen Katzy, de 21 años, quien interpretó a Leonardo en Valle Salvaje. Había llegado desde Madrid para conocer la Argentina y experimentar una forma de vida diferente.
Su rutina comenzaba a las siete de la mañana. Preparaba las instalaciones, abría y cerraba carpas, atendía a los visitantes y compartía las tareas habituales con sus compañeros. Por las noches trabajaba como mozo en una pizzería de la localidad.
Lejos de esconder su identidad, Katzy conversaba con los turistas, respondía preguntas sobre su carrera y aceptaba fotografías con quienes lo reconocían.
La experiencia llegó a TN, eltrece y otros medios nacionales, que encontraron en aquella historia una postal singular del verano argentino: un actor de una serie internacional que había decidido convertirse temporalmente en un trabajador más de la Costa Atlántica.
En una entrevista con TN, Katzy explicó que su llegada al establecimiento había sido posible gracias al vínculo con el entorno familiar de su responsable. Lucas Cosentino le había facilitado alojamiento y comidas a cambio de colaborar con las actividades del balneario.
“Prefiero la experiencia antes que el dinero”, expresó el actor al describir las razones de su decisión.
La presencia del joven español terminó convirtiéndose en un atractivo inesperado para el establecimiento. Turistas que lo reconocían por la ficción se acercaban para saludarlo, conversar y tomarse fotografías.
El episodio aportó visibilidad a San Clemente del Tuyú y permitió mostrar otra faceta del turismo local: la convivencia cotidiana entre trabajadores, visitantes y comerciantes que construyen la identidad de los destinos de verano.
Katzy destacó especialmente la hospitalidad que encontró durante su estadía. En sus entrevistas habló de la disposición de los argentinos para ayudar y de la posibilidad de compartir experiencias con personas alejadas del mundo del espectáculo.
Pero aquella relación no terminó cuando concluyó la temporada.
Meses después, cuando el Balneario Atlántico hizo público su conflicto con la Municipalidad, el actor decidió involucrarse nuevamente, esta vez para respaldar a quienes lo habían recibido.
En este contexto, el actor difundió un video en redes sociales en el que cuestionó la situación que atravesaba el establecimiento y expresó su solidaridad con Lucas Cosentino y los trabajadores.
“El Balneario Atlántico se está viendo obligado a cerrar después de 30 años”, manifestó en su mensaje.
Katzy también denunció supuestas presiones municipales y defendió el vínculo personal que había construido con el responsable del emprendimiento.
“He conocido a Lucas, me ha dado una mano y puedo decir que Lucas es una gran persona”, expresó.
El actor advirtió, además, sobre las consecuencias que podría tener el cierre para los más de 30 trabajadores que, según los responsables del establecimiento, dependen de su actividad durante la temporada.
Su intervención devolvió el conflicto a la agenda pública. Lo que durante enero había sido una historia curiosa y positiva sobre el turismo argentino pasó a convertirse en una controversia sobre el futuro de un balneario tradicional.
Además de su trayectoria comercial, Cosentino destacó públicamente las características de accesibilidad del establecimiento y aseguró que dispone de infraestructura adaptada para personas con discapacidad.
Según su testimonio ante medios locales, el Atlántico ofrece servicios que considera especialmente importantes para visitantes con movilidad reducida y familias que necesitan instalaciones adecuadas para disfrutar de la playa.
El responsable del balneario también advirtió que ya habían comenzado a recibir reservas para el verano y que una salida inmediata afectaría tanto a los trabajadores como a los turistas que eligieron el lugar.
La discusión plantea así un problema que no se agota en determinar quién tiene derecho a administrar el predio: también involucra la continuidad de servicios turísticos, la infraestructura existente y el impacto de una eventual interrupción de la actividad en vísperas de la temporada.
Cosentino propuso permanecer durante un último verano y concretar posteriormente una salida ordenada, alternativa que hasta ahora no fue aceptada por el gobierno municipal.
El intendente del Partido de La Costa, Juan de Jesús, sostiene que la concesión del Balneario Atlántico se encuentra vencida desde abril de 2010 y que corresponde recuperar el espacio.
La administración municipal también atribuye al establecimiento infracciones relacionadas con intervenciones sobre médanos, obras sin autorización, instalaciones eléctricas y actividades no habilitadas.

La documentación administrativa difundida públicamente registra multas y actuaciones judiciales, algunas de las cuales fueron reconocidas por el propio concesionario.
Sin embargo, uno de los aspectos más controvertidos es que el municipio continuó percibiendo cánones vinculados con la explotación del espacio durante años posteriores al vencimiento contractual, circunstancia que los responsables del balneario utilizan para cuestionar la decisión de exigir ahora su restitución.
De Jesús rechazó que exista una persecución personal y aseguró que la medida forma parte de un programa de recuperación del frente costero.
“No es nada personal, esto es una cuestión de servicio”, sostuvo el intendente.
También anunció que el predio será destinado a un balneario público, con colonias de vacaciones, actividades recreativas y propuestas culturales y gastronómicas.
La iniciativa oficial apunta a ampliar el acceso a la playa y preservar los médanos, aunque todavía resta conocer cómo se concretará la transformación y qué ocurrirá con las instalaciones existentes.

La controversia del Balneario Atlántico plantea una discusión que atraviesa numerosos destinos turísticos: cómo compatibilizar la recuperación del espacio público, la protección ambiental y la continuidad de emprendimientos que forman parte de la vida económica y social de una comunidad.
La historia de Julen Katzy demuestra que el establecimiento consiguió proyectarse mucho más allá de San Clemente del Tuyú. Su experiencia como trabajador, el vínculo con quienes lo recibieron y la repercusión que alcanzó en los medios nacionales forman parte de una trayectoria que hoy vuelve a cobrar relevancia.
Para sus responsables, la decisión municipal pone en riesgo un emprendimiento construido durante décadas. Para Juan de Jesús, la recuperación del predio representa una oportunidad para supuestamente ampliar el acceso público al frente marítimo.
Entre ambas posiciones quedan los trabajadores, las familias que frecuentan el balneario, los turistas que lo eligen y la necesidad de encontrar una respuesta que contemple tanto la legalidad administrativa como el impacto social de la medida.
El Atlántico, que durante el verano fue noticia por recibir a un actor internacional que eligió trabajar junto a su gente, enfrenta ahora una disputa que podría cambiar definitivamente su historia.