30/10/2026 - Edición Nº1361

Política

HISTORIA ARGENTINA

A 43 años del triunfo de Raúl Alfonsín que puso fin a la noche más oscura

30/10/2026 | Más de 15 millones de argentinos participaron de las elecciones que pusieron fin a la última dictadura militar. La última vez que el país había elegido presidente había sido en 1973.

El 30 de octubre de 1983 quedó marcado como una de las fechas fundamentales de la historia argentina contemporánea. Después de siete años de dictadura militar, persecuciones, censura y terrorismo de Estado, millones de ciudadanos volvieron a las urnas para elegir a sus autoridades. El resultado consagró al candidato de la Unión Cívica Radical (UCR), Raúl Alfonsín, como presidente electo y abrió el camino hacia la recuperación del orden constitucional.

Aquella jornada representó mucho más que una competencia entre partidos políticos. Fue la expresión de una sociedad que buscaba recuperar sus derechos, restablecer las instituciones y dejar atrás un período caracterizado por la violencia estatal y la interrupción del sistema democrático.

El derrumbe de la dictadura y el camino hacia las elecciones

La convocatoria electoral fue consecuencia de un proceso de creciente deterioro político, económico y social del régimen instaurado el 24 de marzo de 1976, bajo el nombre de Proceso de Reorganización Nacional. Durante esos años, las Fuerzas Armadas desplegaron un sistema represivo basado en la desaparición forzada de personas, la tortura, los centros clandestinos de detención y la persecución de opositores. A ese escenario se sumaron el endeudamiento externo, la desindustrialización, la pérdida del poder adquisitivo y una profunda crisis económica.

La derrota en la Guerra de Malvinas, en junio de 1982, aceleró el derrumbe de la dictadura. El grueso de la dirigencia política de entonces apoyó la gesta de Malvinas con su presencia en el acto de asunción de Mario Benjamín Menéndez como gobernador del archipiélago. Alfonsín no.

La rendición ante las fuerzas británicas profundizó el descrédito de la conducción militar y precipitó la salida de Leopoldo Fortunato Galtieri. Su sucesor, Reynaldo Bignone, asumió la presidencia de facto en julio de 1982 con la responsabilidad de conducir la transición hacia un gobierno constitucional.

La presión de los partidos políticos, reunidos en la Multipartidaria, los sindicatos y los organismos de derechos humanos contribuyó a acelerar el proceso de normalización institucional. Finalmente, el régimen convocó a elecciones generales para el 30 de octubre de 1983, en una jornada que tendría una participación ciudadana extraordinaria.

Una participación histórica en las urnas

Desde las primeras horas de aquel domingo, las escuelas de todo el país recibieron a millones de ciudadanos que acudieron a votar. Las largas filas frente a los establecimientos educativos reflejaban la expectativa acumulada durante años de restricciones políticas y ausencia de libertades públicas.

Los números dimensionaron la importancia de aquella convocatoria: participaron 15.350.186 electores, equivalentes al 85,61% del padrón. Se trató de una de las participaciones más elevadas de la historia electoral argentina.

La jornada transcurrió en un clima de expectativa y movilización ciudadana. Para muchas personas, votar significaba ejercer nuevamente un derecho que había sido suspendido durante la dictadura. Familias enteras se acercaron a los centros de votación, mientras las calles comenzaban a recuperar las expresiones públicas de la vida política.

La elección también permitió restablecer la competencia entre las distintas fuerzas partidarias, después de años de proscripciones, persecuciones y limitaciones a la actividad política.

Primera derrota del peronismo

La disputa presidencial tuvo como principales protagonistas a Raúl Alfonsín, por la Unión Cívica Radical, e Ítalo Argentino Luder, por el Partido Justicialista.

La campaña radical estuvo marcada por la defensa del orden constitucional, las instituciones republicanas y los derechos humanos. Uno de sus momentos más recordados fue el cierre de campaña en la avenida 9 de Julio, donde Alfonsín apeló al Preámbulo de la Constitución Nacional como síntesis de su propuesta política.

El candidato radical logró reunir el respaldo de amplios sectores sociales y presentó su candidatura como una alternativa frente a la violencia política y la experiencia autoritaria de los años anteriores. El escrutinio confirmó su victoria: la fórmula integrada por Alfonsín y Víctor Martínez obtuvo 7.724.559 votos, equivalentes al 51,75% de los sufragios. La fórmula justicialista de Luder y Deolindo Felipe Bittel alcanzó 5.995.402 votos, el 40,16%.

El resultado tuvo una dimensión histórica adicional: por primera vez desde el surgimiento del peronismo, el Partido Justicialista perdió una elección presidencial celebrada sin proscripciones políticas. La derrota justicialista sorprendió a una fuerza que había llegado a los comicios con expectativas de triunfo y modificó el mapa político nacional.

El peronismo hizo responsable del resultado adverso al candidato a gobernador, Herminio Iglesias, que el el acto de cierre de campaña quemó una corona mortuoria que simbolizaba a la UCR. El radicalismo consiguió una mayoría electoral que le permitió encabezar la nueva etapa institucional.

El 10 de diciembre

Aunque las elecciones se celebraron el 30 de octubre, el traspaso del mando se concretó el 10 de diciembre de 1983. Ese día, Raúl Alfonsín asumió la Presidencia de la Nación ante la Asamblea Legislativa y puso fin formalmente al gobierno militar. La fecha adquirió una relevancia especial porque coincide con el Día Internacional de los Derechos Humanos, establecido en conmemoración de la aprobación de la Declaración Universal de 1948.

El nuevo gobierno recibió un país atravesado por las consecuencias económicas, sociales e institucionales de la dictadura. Entre sus primeras decisiones se encontraron la derogación de la ley de autoamnistía militar mediante la Ley 23.040, la creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), el 15 de diciembre de 1983, y el impulso al proceso judicial que culminaría con el Juicio a las Juntas en 1985.

La transición democrática no estuvo exenta de dificultades. Las presiones militares, las tensiones económicas y las demandas sociales pusieron a prueba a las nuevas autoridades durante los primeros años del gobierno constitucional. Sin embargo, el resultado del 30 de octubre había establecido un punto de partida fundamental: la legitimidad del poder debía surgir de la voluntad popular expresada en las urnas.