Anna Korwin-Piotrowska quedó en el centro de la crisis institucional de Polonia después de anunciar la suspensión de las dos principales autoridades del Tribunal Constitucional y asumir provisionalmente su conducción, una decisión cuestionada por la oposición conservadora y por los responsables desplazados. Los acontecimientos del viernes 30 y la madrugada del sábado 31 de octubre de 2026 provocaron un enfrentamiento con el presidente Karol Nawrocki, quien interrumpió su viaje a Senegal y regresó a Varsovia. La oposición denunció un intento de golpe de Estado judicial y atribuyó a la magistrada un papel central en la intervención. Sin embargo, esa calificación continúa siendo una acusación política y jurídica controvertida, mientras especialistas analizan si los procedimientos utilizados respetaron las normas constitucionales.
La actuación de Korwin-Piotrowska comenzó con dos resoluciones que dispusieron la interrupción inmediata de las funciones de Bogdan Święczkowski, presidente del Tribunal Constitucional, y Bartłomiej Sochański, vicepresidente del organismo, por un período máximo de un mes. Ambos rechazaron la legalidad del procedimiento y sostuvieron que conservaban sus atribuciones. La magistrada argumentó que las autoridades anteriores habían impedido la participación de integrantes elegidos por el Parlamento y obstaculizado el funcionamiento institucional. Su decisión también permitió que anunciara la convocatoria de una asamblea de jueces para el 3 de noviembre. La controversia adquirió especial gravedad porque las suspensiones afectaron directamente a quienes ocupaban la conducción del organismo encargado de controlar la constitucionalidad de las leyes.
El diputado conservador Marcin Horała formuló tres cuestionamientos jurídicos contra la actuación de Korwin-Piotrowska, comenzando por la validez de su incorporación al Tribunal Constitucional. La magistrada fue elegida por el Parlamento el 13 de marzo de 2026, pero no prestó juramento en presencia del presidente Nawrocki. Posteriormente participó en una ceremonia celebrada en el Parlamento, que sus promotores consideraron jurídicamente válida. Para el sector presidencial, ese procedimiento no cumplió las condiciones legales de incorporación; para la mayoría parlamentaria, la negativa del mandatario a recibir el juramento no podía impedir indefinidamente el ejercicio del cargo. Por tanto, su condición de jueza está cuestionada, aunque sería incorrecto afirmar que el Parlamento nunca la eligió o que existe una resolución definitiva que anule su nombramiento.
La segunda objeción se refiere a la autoridad utilizada para suspender al presidente y vicepresidente del tribunal, una competencia cuya aplicación resulta especialmente controvertida cuando afecta a las máximas autoridades constitucionales. Korwin-Piotrowska recurrió al artículo 130 de la legislación sobre tribunales ordinarios, aplicado mediante disposiciones de las leyes relativas al Tribunal Constitucional y al Tribunal Supremo. Esa construcción jurídica permitiría una interrupción temporal de funciones mientras interviene la justicia disciplinaria. Sin embargo, sus críticos cuestionan que una magistrada pueda utilizar ese mecanismo para apartar simultáneamente a las dos autoridades superiores del organismo. El debate consiste en determinar si las disposiciones invocadas realmente conceden esa facultad y si se cumplieron las garantías previstas para proteger la independencia judicial.

La tercera objeción presentada por Horała apunta al procedimiento de sustitución de las autoridades suspendidas, ya que considera que el magistrado Wojciech Sych tendría prioridad para ejercer provisionalmente la dirección del Tribunal Constitucional. La legislación contempla mecanismos de sustitución relacionados con la antigüedad judicial cuando determinadas autoridades no pueden cumplir sus funciones. Korwin-Piotrowska defendió su posición mediante una interpretación que combina los años de servicio judicial y otras funciones reconocidas por la normativa. Los cuestionamientos opositores sostienen que esa interpretación no justificaría desplazar a Sych. El orden legal de precedencia necesita una evaluación específica, ya que tampoco esta tercera objeción constituye por sí sola una resolución judicial firme contra la magistrada.
La disputa alcanzó además las atribuciones del presidente Karol Nawrocki, cuya función constitucional incluye velar por el cumplimiento de la Constitución y garantizar la continuidad del Estado. El artículo 126 establece esas responsabilidades, mientras el artículo 194 reserva al mandatario el nombramiento del presidente y vicepresidente del Tribunal Constitucional entre los candidatos propuestos por su asamblea de jueces. Korwin-Piotrowska había cuestionado públicamente la interpretación presidencial de esas competencias y defendido que corresponde al Tribunal Constitucional determinar la constitucionalidad de las actuaciones estatales. Ambas funciones están previstas en el ordenamiento polaco, aunque tienen alcances distintos: el presidente debe velar por la observancia de la Constitución y el tribunal ejerce las competencias jurisdiccionales de control constitucional que le reconoce la ley suprema.
CO TO JEST xD Korwin-Piotrowska w rozmowie z pracownikiem Kancelarii Prezydenta w Trybunale Konstytucyjnym. - Ja jestem strażnikiem Konstytucji. - Pani czytała kiedyś Konstytucję? - Prezydent czuwa nad przestrzeganiem. - Dokładnie, a wy ją złamaliście. - Czuwa! Czuwa. Czuwa... https://t.co/S7K4R5yITT
— Max Hübner (@HubnerrMax) October 31, 2026
La actuación de Korwin-Piotrowska generó nuevas críticas cuando anunció que no permitiría el ingreso de vehículos al recinto del Tribunal Constitucional durante las protestas, una restricción que también afectaba a la comitiva de Nawrocki. La magistrada explicó a la agencia PAP que temía por la seguridad de quienes permanecían dentro y fuera del edificio, y argumentó que abrir las puertas podía facilitar la entrada de personas ajenas a la institución. Al mismo tiempo, manifestó su disposición a reunirse con el presidente en el Palacio Presidencial. La decisión fue cuestionada por representantes de Nawrocki, que consideraron improcedente que se obstaculizara el acceso del jefe del Estado en medio de una controversia directamente vinculada con sus atribuciones constitucionales.
El enfrentamiento se intensificó durante la madrugada del sábado, cuando Nawrocki consiguió entrar al edificio acompañado por Zbigniew Kapiński, primer presidente del Tribunal Supremo, después de forcejeos con personas que intentaban impedirle el paso. Las imágenes difundidas por medios polacos muestran contactos físicos y discusiones entre los participantes. La Presidencia sostuvo que se habían vulnerado las garantías correspondientes al mandatario, mientras representantes del sector favorable a Korwin-Piotrowska acusaron al presidente de empujar a magistrados. En paralelo, circuló un video atribuido a un intercambio entre la jueza y un empleado de la Oficina Presidencial sobre el deber de respetar la Constitución. La autenticidad y el contexto completo de ese diálogo requieren verificación independiente antes de utilizarlo como prueba de una infracción.
Obecny atak na Trybunał opiera się na potrójnym bezprawiu: 1. Pani Anna Korwin-Piotrowska nie jest sędzią TK, bo nie złożyła ślubowania wobec Prezydenta. 2. Nawet gdyby poprawnie złożyła ślubowanie, nie mogłaby jako jeden z kilkunastu członków Trybunału swoją decyzją odsunąć od obowiązków prezesa i wiceprezesa Trybunału. 3. Nawet gdyby prezes i wiceprezes zostali prawidłowo odsunięci, najstarszy stażem sędziowskim jest sędzia Wojciech Sych i to on powinien być p.o. prezesa. Każda z tych trzech przesłanek wystarczy żeby stwierdzić bezprawie działania rządu, a występują wszystkie trzy na raz‼️
— Marcin Horała (@mhorala) October 30, 2026
Uno de los cuestionamientos más relevantes al fundamento de las decisiones de Korwin-Piotrowska surgió después de que invocara una situación de necesidad constitucional extraordinaria para explicar la urgencia de sus actuaciones. La defensora del Pueblo de Polonia, Sylwia Gregorczyk-Abram, señaló que esa expresión no constituye una categoría jurídica reconocida, sino una interpretación de las circunstancias que rodean al Tribunal Constitucional. Al mismo tiempo, explicó que comprendía los factores que habían llevado a la magistrada a actuar, incluidos los problemas de incorporación de nuevos jueces y las decisiones del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. La observación resulta importante porque obliga a distinguir la gravedad política de una crisis de las competencias legales concretas que pueden ejercer sus protagonistas.
La continuidad de Korwin-Piotrowska al frente de la dirección provisional seguirá siendo objeto de controversia mientras no se resuelvan las objeciones sobre su juramento, las suspensiones y la sucesión de autoridades. La magistrada anunció que corresponde a la justicia disciplinaria examinar posteriormente las medidas adoptadas y convocó una asamblea para el 3 de noviembre, con el presupuesto institucional de 2027 entre los asuntos previstos. Por su parte, Święczkowski y Sochański mantienen su rechazo al apartamiento, mientras Nawrocki cuestiona la legitimidad de determinados nombramientos. El Gobierno de Donald Tusk defiende la necesidad de restablecer el funcionamiento judicial después de las irregularidades documentadas durante administraciones anteriores. El caso plantea una exigencia institucional concreta: cualquier intervención sobre la conducción del Tribunal Constitucional debe apoyarse en competencias verificables, procedimientos legales y garantías suficientes para que las decisiones puedan someterse a control, sin que la urgencia política sustituya a la legalidad.