por Redacción NewsDigitales
Axel Kicillof decidió levantar la voz dentro del peronismo. Ante un grupo de intendentes de su espacio, el gobernador bonaerense dejó en claro que no quiere candidaturas resueltas en una mesa de dirigentes y que está dispuesto a competir en una interna contra Cristina Fernández de Kirchner o Sergio Massa. El mensaje fue presentado como una defensa de la participación democrática. Sin embargo, detrás de la consigna hay algo más que una discusión sobre el mecanismo para elegir candidatos: hay una pelea por el liderazgo del movimiento y por quién tendrá la última palabra en 2027.
La reunión con alrededor de 43 jefes comunales del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) funcionó como una demostración de fuerza territorial. Kicillof busca consolidar una estructura propia, ampliar su proyección nacional y dejar de depender de las decisiones de otros sectores del peronismo. Su planteo fue directo: que la competencia electoral defina los liderazgos y que no haya postulaciones impuestas mediante acuerdos de cúpula.
Parece que Kicillof se puso los pantalones largos, se hizo “hombre” justo ahora, y cuando parecía que iba a desafiar a Magnetto, al círculo rojo, a la mafia judicial, junto coraje y reunió a un grupito de Intendentes para decirles que está dispuesto a enfrentar a Cristina. Alta confusión. Además les informó que no quiere más dedo, justamente ese dedo que lo hizo gobernador en el 2019 contra la opinión de todo el peronismo bonaerense. Peor que la ingratitud, es la estupidez.
— Emmanuel González Santalla (@egsantalla) October 31, 2026
El problema es que el gobernador parece haber descubierto las virtudes de la autonomía política después de haber llegado al poder mediante una decisión de conducción. En 2019, Cristina Kirchner lo eligió para encabezar la fórmula bonaerense, en una jugada que sorprendió a buena parte de la dirigencia provincial. Ahora, el mismo espacio que lo impulsó reclama que nadie vuelva a utilizar ese mecanismo para ordenar las candidaturas.
En el peronismo, la lealtad es un valor que se expresa en la celebración de su fecha más relevante pero no equivale a obediencia perpetua. Cristina no tiene un derecho hereditario sobre el peronismo ni puede reclamar que todos sus dirigentes acepten indefinidamente sus decisiones. Pero tampoco resulta convincente presentar como una conquista democrática el rechazo al mismo método de selección que, en otro momento, permitió resolver una candidatura que terminó siendo exitosa.
El gobernador parece querer conservar los beneficios de aquella decisión sin cargar con sus consecuencias políticas. El dedo fue legítimo cuando lo señaló a él; ahora, en cambio, la legitimidad debe provenir exclusivamente de una competencia electoral. La autonomía es una aspiración válida, pero la memoria también debería formar parte de la construcción política.
La reacción no tardó en llegar. El senador bonaerense Emmanuel González Santalla, dirigente de La Cámpora, cuestionó públicamente el movimiento del gobernador y apuntó contra lo que interpretó como una ruptura con Cristina: "Parece que Kicillof se puso los pantalones largos, se hizo “hombre” justo ahora", escribió en X.
Luego cuestionó que el mandatario reuniera a intendentes para plantear que está dispuesto a enfrentar a la expresidenta, y recordó que fue ella quien lo eligió como candidato en 2019. Su conclusión fue lapidaria: "Peor que la ingratitud, es la estupidez".

El mensaje tiene una carga de reproche personal que no ayuda a disimular la profundidad de la interna. La Cámpora interpreta la construcción del MDF como un desafío al liderazgo de Cristina y como un intento de desplazar el centro de gravedad del peronismo hacia la figura del gobernador. Kicillof, por su parte, busca demostrar que cuenta con volumen territorial suficiente para discutir de igual a igual.
Sin embargo, el planteo de Santalla también deja expuesta una contradicción del kirchnerismo: reclamar lealtad no puede convertirse en una exigencia de subordinación política. Si el peronismo pretende reconstruir una alternativa nacional, tendrá que aceptar que sus dirigentes puedan competir, discutir y disputar liderazgos sin que cada diferencia sea presentada como una traición.
La discusión no se limita a Cristina y Kicillof. Sergio Massa también aparece en el horizonte de una eventual interna, mientras los intendentes buscan garantías para sus propias aspiraciones y los distintos sectores intentan acomodarse en el tablero electoral. En la reunión también sobrevoló el reclamo por la reelección indefinida de los jefes comunales, una cuestión que deberá resolverse en la Legislatura bonaerense.
En ese escenario, Kicillof intenta proyectarse como una alternativa presidencial para 2027. Su recorrido por distintas provincias y sus acercamientos a dirigentes de otros espacios muestran que busca ampliar su base política más allá del kirchnerismo. La estrategia puede darle mayor autonomía, pero también lo obliga a demostrar que su proyecto tiene identidad, propuestas y conducción propias, y no solamente una oposición a Cristina.