Un cementerio donde nadie parece dispuesto a facilitar una investigación. Un edificio en el que un crimen multiplica las versiones y las sospechas. En esos escenarios transcurren las primeras dos obras de Eduardo Araujo Duffy, un escritor argentino independiente que comienza a construir su recorrido literario con una propuesta atravesada por el misterio, el humor argentino y las contradicciones de la vida cotidiana.
El muerto no colabora y El ascensor bajó con una señora que no subía de nuevo, son los títulos con los que el autor se presenta a los lectores. Ambos se encuentran disponibles a través de Mercado Libre y comparten una búsqueda: llevar situaciones reconocibles hacia un terreno en el que el crimen y lo inesperado dejan al descubierto el costado más disparatado de los vínculos humanos.
Para Araujo Duffy, la escritura es un espacio de expresión, creatividad y conexión personal. Un refugio para desconectarse de la rutina y dar lugar a la imaginación. La publicación de estos dos libros convierte esa dedicación en una propuesta que ahora busca encontrarse con sus lectores.
En "El muerto no colabora", la aparición de un cadáver que, según todos, entró caminando altera la rutina de un cementerio. La investigación queda en manos de un comisario más cansado que brillante, rodeado de empleados que opinan demasiado, testigos que aportan poco y pistas que parecen burlarse de cualquier intento de explicación.

La premisa abre paso a una comedia negra en la que conviven portones que chirrían solos, relojes que marcan horas imposibles y flores que parecen guardar información. Entre esos elementos aparecen secretos viejos, rencores discretos y verdades mal archivadas: un universo donde lo inquietante también está en lo que los vivos prefieren callar.
Según anticipa su presentación, el libro combina diálogos populares y humor filoso para abordar el poder, la costumbre y la dificultad de poner orden en un lugar que parece haberse acostumbrado al desorden. La investigación criminal funciona, así, como una puerta de entrada a las conductas de quienes rodean el misterio.
El ascensor bajó con una señora que no subía de nuevo también parte de un espacio cotidiano para introducir una situación que desacomoda todo. En un edificio cualquiera, un crimen que no cierra reúne a sospechosos que tampoco encajan. Cuantas más explicaciones aparecen, más absurda parece volverse la verdad.

La propuesta invita a desconfiar de las versiones, de los personajes e incluso de quien cuenta la historia. La investigación avanza entre contradicciones y silencios que obligan al lector a reconstruir lo sucedido, atento a aquello que se dice y, sobre todo, a lo que se omite.
En esa trama, la ironía acompaña al suspenso. Detrás de cada relato hay intereses y detrás de cada silencio, una decisión. El humor se incorpora al juego de las sospechas: una situación disparatada también puede contener una pista.
Los dos libros permiten reconocer una línea compartida en este comienzo de Araujo Duffy: escenarios cercanos, personajes atravesados por sus propias contradicciones y misterios que se complican con cada intervención. El absurdo nace de lugares y comportamientos que el lector puede reconocer, aunque pronto adquieran una dimensión inesperada.
Como autor independiente, presenta estas primeras obras desde una relación personal con la escritura. Ese espacio de imaginación y desconexión toma ahora la forma de dos libros publicados, con los que empieza a dar a conocer su voz y su manera de contar.
El muerto no colabora y El ascensor bajó con una señora que no subía de nuevo ya están disponibles en Mercado Libre. Dos puertas de entrada a un universo donde esclarecer un crimen exige prestar atención a los vivos y a sus maneras, a veces absurdas, de complicarlo todo.