La Fórmula 1 armó un gráfico especial para la Ronda 19, en Ciudad de México, con telarañas, fantasmas y calabazas de fondo. En lugar de los nombres de siempre, cada piloto aparece con una versión de terror, y la pole quedó para un esqueleto.
El caso más prolijo es el de Lewis Skeleton: el comienzo de Hamilton se reemplaza por “Skele” y el final queda igual, lo que deja al piloto de Ferrari convertido en esqueleto. Su compañero Charles Lescare esconde un susto dentro del apellido Leclerc, y Gore Russell cambia George por “gore”, el término con el que se conoce a la sangre del cine de terror.
En McLaren, Lando Nowitch incorpora una bruja (“witch”) al apellido de Norris, mientras que Bats Verstappen deja intacto el apellido y reemplaza a Max por los murciélagos. En Alpine, Franken Colapinto transforma a Franco en Frankenstein con el cambio de una sola sílaba, y comparte box con Pierre Ghastly, que convierte a Gasly en algo “espantoso”.
Otros apodos van por el mismo camino. Nico Skullkenberg mete una calavera en el medio del apellido de Hülkenberg, Carlos Brainz alude a los cerebros que buscan los zombis, y Alex Albones le suma los huesos a Albon. Lance Ghoul convierte a Stroll en un espectro con sonido casi idéntico.
The perfect pumpkin carving doesn't exi... 🎃 #McLarenF1 | #Halloween https://t.co/1IlbGhFPjh
— McLaren Mastercard Formula 1 Team (@McLarenF1) October 31, 2026
El de Chec-o’-Lantern Perez combina a Checo con Jack-o’-lantern, la calabaza tallada de Halloween, y de paso hace un guiño al público mexicano, anfitrión de la fecha. Su compañero de Cadillac fue renombrado como Valscari Bottas, y apela a lo escalofriante (“scary”) con el nombre de Valtteri.
Hay también apodos que prescinden del juego de palabras. Gabi Boooootoleto estira la “o” hasta imitar el abucheo de un fantasma, y Ryo Hirakawahhh termina el apellido con un alarido.
La fórmula se repite en toda la grilla: cambiar una sílaba por una palabra de terror y conservar el sonido original. Cuando el piloto sigue siendo reconocible, el chiste funciona. Cuando el cambio es mayor, la gracia se pierde.
Halloween se celebra cada 31 de octubre y sus raíces están en el Samhain, una festividad celta que marcaba el final del verano y el inicio del invierno. Con el tiempo se mezcló con la tradición cristiana de la víspera de Todos los Santos (“All Hallows’ Eve”), y los inmigrantes irlandeses y escoceses la llevaron a Estados Unidos, donde se transformó en la fiesta de los disfraces, las calabazas talladas y los sustos que hoy se exporta al mundo. Para la F1, la fecha es una oportunidad natural: su público es global y joven, y vive en las redes sociales, donde un contenido liviano y fácil de compartir rinde más que cualquier comunicado.
A ello se suma que la categoría crece en Estados Unidos, el país donde la celebración es más masiva, y que el Gran Premio de México coincide cada año con el Día de Muertos, una tradición propia con la que la Fórmula 1 ya se había cruzado antes, cuando varios pilotos se pintaron la cara de calavera o posaron con máscaras en el paddock. Con un gráfico que hace reír al aficionado y le da ganas de compartirlo, la F1 muestra el costado más humano de sus pilotos fuera de la pista.