Después de 35 años, Naciones Unidas empezó a desmontar la red que le permitía documentar incidentes militares en el Sáhara Occidental. La salida implica mucho más que repatriar observadores: también dejarán de funcionar puestos y comunicaciones instalados a ambos lados del muro de arena que divide el territorio. El organismo aún no sabe cuándo concluirá el repliegue.
El portavoz Stéphane Dujarric precisó este lunes 2 de noviembre el alcance de la operación: serán repatriados unos 160 observadores militares y retirados aproximadamente 180 empleados civiles y colaboradores. El plan incluye cerrar o transferir 13 instalaciones, desmontar comunicaciones y resolver el destino de equipos, contratos y archivos. Un equipo reducido supervisará el proceso.
La Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) tenía su sede en El Aaiún y nueve puestos de observación a ambos lados del muro de arena: cuatro al oeste y cinco al este. Sus observadores militares, desarmados, patrullaban, registraban movimientos e investigaban incidentes. No podían imponer un acuerdo, pero sí ofrecer información independiente. La Argentina también aportó observadores a esta misión.

El repliegue deja otra incógnita menos visible que la de los vehículos blancos de la ONU. La misión respaldaba operaciones para reducir los riesgos de minas y explosivos que permanecen en el desierto desde enfrentamientos anteriores. Ese trabajo ayuda a prevenir accidentes. No se anunció un mecanismo que reemplace todas esas tareas sobre el terreno.
La pérdida de vigilancia preocupa porque la tregua de 1991 se quebró en 2020 y desde entonces hubo enfrentamientos de baja intensidad. Cuando una parte denunciaba un ataque, la MINURSO podía comprobar información y comunicar sus conclusiones. Sin ese canal cotidiano, será más difícil contrastar versiones y advertir una escalada. Eso no significa que una nueva guerra sea inevitable, pero aumenta la incertidumbre.

El cierre surgió del bloqueo del Consejo de Seguridad el 30 de octubre. Rusia vetó el proyecto estadounidense que buscaba renovar la misión y situar la autonomía propuesta por Marruecos como base central de la negociación. Una alternativa rusa para prolongar el mandato sin modificarlo tampoco consiguió apoyo suficiente. La autorización venció al día siguiente y comenzó el desmantelamiento.
Lo que termina es la operación de paz, no la disputa territorial. Marruecos defiende una autonomía bajo su soberanía y celebró el cierre; el Frente Polisario reclama una alternativa que incluya la independencia. El secretario general António Guterres reiteró que sigue vigente el derecho de autodeterminación saharaui. La búsqueda de una solución política continuará mediante su enviado personal, Staffan de Mistura.
Ahora, un equipo reducido debe organizar el retorno del personal, el traspaso de instalaciones y la retirada de materiales. Naciones Unidas pidió a las partes máxima contención y aún no fijó una fecha de finalización. El interrogante de las próximas semanas es quién podrá verificar los nuevos incidentes y cómo se mantendrán las tareas de prevención mientras la negociación sigue sin una salida.