por Redacción NewsDigitales
El fútbol nunca fue el deporte más popular de Estados Unidos, pero la política lo encontró más de una vez. Desde la pelea por su nombre hasta la cercanía de Donald Trump con Gianni Infantino y la visita de Lionel Messi a la Casa Blanca, la relación entre el poder y la pelota tiene historia.
En Estados Unidos se dice “soccer” porque “football” ya estaba ocupado por el fútbol americano. Curiosamente, el término nació en Inglaterra, en el siglo XIX, como abreviatura informal de “association football”, para distinguirlo del rugby.
Trump se metió en el tema en 2018, cuando recibió en el Salón Oval a Infantino tras la adjudicación del Mundial 2026 a Estados Unidos, México y Canadá. En esa ocasión bromeó con que en el resto del mundo lo llaman “football” y deslizó que quizás algún día el país cambie el nombre.
El vínculo entre política y fútbol tiene antecedentes. Henry Kissinger, exsecretario de Estado y fanático declarado, fue una de las caras de los intentos de Estados Unidos por organizar un Mundial.
En los 70, la llegada de Pelé al Cosmos de Nueva York convirtió al fútbol en un fenómeno mediático. El sueño se concretó en 1994, con la primera Copa del Mundo en territorio estadounidense.

En su segundo mandato, la relación con el presidente de la FIFA se volvió estrecha y pública. Infantino fue una presencia habitual en actos oficiales, y en 2025 Trump subió al podio en la entrega del trofeo del Mundial de Clubes.
En diciembre de ese año, la FIFA le otorgó su primer Premio de la Paz, que después cuestionó la UEFA.
Este año, cuando la UEFA empezó a presionar a Infantino por el fallido plan de vender participaciones en el Mundial, Trump salió a defenderlo: advirtió que reemplazarlo sería “un terrible error”.
El capítulo más reciente tuvo a Messi como protagonista. En marzo, Trump recibió al Inter Miami en la Casa Blanca para celebrar el título de la MLS 2025. Comparó a Messi con Pelé y recibió una camiseta con el número 47 y una pelota firmada por el argentino, que no habló durante el acto.
La escena contrastó con la de enero de 2025, cuando Joe Biden le otorgó a Messi la Medalla Presidencial de la Libertad y el argentino no asistió a la ceremonia por compromisos con su club.