Jordan Bardella celebró el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2024. Este miércoles, tras la derrota republicana en las elecciones legislativas estadounidenses, eligió otra frase: “No soy estadounidense”. El giro del dirigente francés expone un problema para la ultraderecha europea: cómo conservar el atractivo de las ideas de Trump sin quedar asociada a una guerra que encareció la vida cotidiana.
El Partido Demócrata obtuvo el control de ambas cámaras del Congreso el 3 de noviembre, en una elección atravesada por el costo de vida y el conflicto con Irán. El presidente reconoció que la guerra había influido en el resultado, aunque defendió su decisión. Para sus aliados europeos, esa admisión dificultó presentar las políticas de Washington como una receta electoral infalible.
En Francia, el dilema tiene fecha: la primera vuelta presidencial será el 18 de abril de 2027 y la segunda, el 2 de mayo. Bardella, presidente de Agrupación Nacional, atribuyó graves consecuencias económicas a la intervención estadounidense en Irán, pero evitó responsabilizar personalmente a Trump. Su vicepresidente, Louis Aliot, sí vinculó directamente la derrota con la operación militar.
El distanciamiento tampoco comenzó de cero. Bardella canceló en febrero de 2025 su participación en una conferencia conservadora en Washington tras un gesto de Steve Bannon considerado un saludo nazi, aunque después siguió defendiendo parte de la gestión de Trump. Ahora, sectores de la izquierda francesa ven los resultados estadounidenses como señal de que el avance de la derecha radical no es inevitable.
La guerra expuso otra contradicción: Trump había prometido evitar nuevas intervenciones militares, una posición atractiva para votantes nacionalistas europeos. Alice Weidel, de Alternativa para Alemania, sostuvo que esa promesa incumplida perjudicó a los republicanos. En Italia, Matteo Salvini, líder de La Liga e integrante del oficialismo, relacionó el resultado con los conflictos internacionales y las dificultades económicas familiares.

Roberto Vannacci, al frente de Futuro Nacional, fue más directo: reprochó a Trump no haber terminado la guerra entre Rusia y Ucrania y haber iniciado la de Irán. La suba de los precios energéticos y la inestabilidad económica, argumentó, llevaron a los estadounidenses a castigar al oficialismo. La crítica también interpela a quienes hacen campaña contra el encarecimiento de la vida mientras respaldan a Washington.
La reacción, sin embargo, no es uniforme. En España, Santiago Abascal, de Vox, evitó evaluar el resultado y recordó que estaba en España, no en Michigan. En Rumania, Dan Dungaciu, vicepresidente de la Alianza para la Unión de los Rumanos, relativizó la derrota: Trump conservará facultades presidenciales, aunque deba negociar con un Congreso dominado por sus adversarios.
The blue wave should not lull the EU into complacency. Trump may be politically weakened, but the forces driving America’s retreat from its traditional alliances are structural, not just personal. Europe should continue to pursue strategic autonomy, regardless of who leads Congress or the WH
— Mujtaba Rahman (@Mij_Europe) November 4, 2026
El desafío para estas fuerzas es político antes que ideológico. Siguen compartiendo con el trumpismo posturas sobre inmigración y soberanía nacional, pero su utilidad como aliado puede menguar si el electorado lo asocia con inflación y conflictos prolongados. El analista Mujtaba Rahman, de Eurasia Group, advirtió que una cercanía antes ventajosa puede transformarse en una carga electoral. En Francia, ese cálculo ya forma parte de la campaña presidencial.