La renuncia de Santiago Peña a la Presidencia de Paraguay, anunciada este jueves 5 de noviembre de 2026, colocó al vicepresidente Pedro Alliana ante el mayor desafío de su trayectoria política. El dirigente colorado, de 52 años, es el sucesor constitucional y deberá completar el mandato hasta agosto de 2028 una vez formalizada la transición. Su eventual llegada al Palacio de López no representa la aparición de una figura ajena al oficialismo, sino el ascenso de uno de los principales operadores políticos del Partido Colorado. Su trayectoria combina experiencia territorial, conducción parlamentaria y una relación con el expresidente Horacio Cartes que atravesó etapas de estrecha cooperación y desacuerdos públicos.
Nacido el 19 de febrero de 1974 en Pilar, capital del departamento de Ñeembucú, Hércules Pedro Lorenzo Alliana Rodríguez construyó su carrera política lejos de Asunción. Después de una candidatura municipal fallida en 2006, ganó las elecciones para gobernador de Ñeembucú en 2008, cuando tenía 33 años. Permaneció al frente de la administración departamental hasta enero de 2013, cuando renunció para competir por una banca legislativa. Durante su gestión impulsó proyectos de infraestructura regional, entre ellos obras vinculadas con la costanera de Pilar. Esa experiencia le permitió consolidar una estructura política propia y establecer relaciones con otros gobernadores colorados en un período de reorganización partidaria.
En 2013, Alliana fue elegido diputado nacional por Ñeembucú y consiguió la reelección en 2018, lo que le permitió permanecer una década en la Cámara Baja. Su influencia trascendió la representación departamental cuando llegó a presidir la Cámara de Diputados, responsabilidad que ejerció entre 2017 y 2018 y posteriormente entre 2019 y 2022. Desde esas posiciones participó en la conducción de la agenda legislativa, la coordinación de acuerdos entre bancadas y las negociaciones presupuestarias. Su paso por el Congreso constituye una de sus principales ventajas para gobernar, porque conoce personalmente a los dirigentes que deberán acompañar o controlar las decisiones de una eventual nueva administración.
Su crecimiento dentro de la Asociación Nacional Republicana estuvo estrechamente vinculado con Horacio Cartes. En 2015, Alliana ganó la conducción del Partido Colorado con el respaldo del entonces presidente de Paraguay, imponiéndose al sector encabezado por Mario Abdo Benítez. Permaneció al frente de la agrupación hasta enero de 2023, cuando Cartes asumió la presidencia partidaria. Durante ese período, Alliana desarrolló relaciones con autoridades departamentales, legisladores y referentes de Honor Colorado, el movimiento fundado por el expresidente. La dirección de una de las organizaciones políticas más poderosas de Paraguay le proporcionó una estructura nacional que complementó su experiencia legislativa y territorial.
La alianza con Cartes también fue determinante para su llegada a la Vicepresidencia. Alliana integró la fórmula presidencial encabezada por Santiago Peña en las elecciones generales del 30 de abril de 2023, que devolvieron al cartismo el control del Poder Ejecutivo. Desde su asunción el 15 de agosto de ese año, ejerció funciones de articulación política y mantuvo vínculos con dirigentes parlamentarios y gobernadores. Sin embargo, la cercanía con el expresidente también convirtió su eventual autonomía en una cuestión central: el dirigente que podría suceder a Peña deberá demostrar si puede construir decisiones propias dentro de un partido en el que Cartes conserva una influencia decisiva.

Las diferencias se hicieron públicas durante 2026, cuando Alliana confirmó sus aspiraciones para las elecciones presidenciales de 2028. En abril defendió la posibilidad de encabezar la candidatura de Honor Colorado y sostuvo que la elección de su compañero de fórmula debía responder a decisiones internas del movimiento. Meses después, las tensiones aumentaron cuando Cartes promovió al ministro Juan Carlos Baruja como integrante de la fórmula y posteriormente como alternativa para encabezarla. Alliana rechazó públicamente que se le impusieran decisiones sobre su candidatura, mientras gobernadores y legisladores oficialistas manifestaron posiciones diferentes. La disputa reveló que el liderazgo de Cartes ya no garantizaba una subordinación automática de todos los sectores del partido.
El 2 de noviembre, en medio del agravamiento de la crisis gubernamental vinculada con Ueno Bank, Alliana anunció que ponía temporalmente en pausa su precandidatura presidencial para concentrarse en los problemas de la administración. Aseguró que no abandonaba sus aspiraciones, pero consideró necesario reorganizar el oficialismo antes de continuar con el proyecto electoral. Tres días después, la renuncia de Peña transformó por completo su situación política. Alliana volvió a reunirse con Cartes en la sede del Partido Colorado para abordar la sucesión presidencial, después de más de un mes de distanciamiento. El encuentro mostró cómo una ruptura que había comenzado por las candidaturas de 2028 pasó a convertirse en una negociación sobre la conducción inmediata del Estado.
La presencia política de Alliana también se extiende al Congreso mediante su entorno familiar. Su esposa, Fabiana María Souto de Alliana, ejerce como diputada nacional por Ñeembucú durante el período legislativo 2023-2028 y forma parte de la representación colorada. Su actividad parlamentaria adquiere relevancia por el papel que las bancadas oficialistas deberán desempeñar en la reorganización del Ejecutivo. Esta vinculación no determina las decisiones del futuro gobierno, pero evidencia la continuidad de las relaciones políticas del dirigente con su departamento de origen y con la Cámara de Diputados, una institución en la que desarrolló buena parte de su trayectoria.

El perfil político de Alliana apunta a una conducción con fuerte participación de la estructura partidaria y del Congreso. A diferencia de Peña, cuya trayectoria previa estaba principalmente vinculada con la gestión económica y financiera, el vicepresidente construyó su carrera mediante cargos electivos, conducción parlamentaria y negociaciones dentro del Partido Colorado. Esa experiencia puede facilitar acuerdos con sectores que se alejaron del presidente saliente, aunque también lo obligará a administrar intereses contrapuestos entre el cartismo, la disidencia colorada y la oposición. Su principal desafío será convertir su capacidad de negociación partidaria en una gestión presidencial con legitimidad institucional y autonomía de decisión.
La eventual asunción también modifica sus perspectivas para las elecciones de 2028, dado que el artículo 229 de la Constitución paraguaya establece restricciones a la reelección presidencial. La aplicación de esas disposiciones a sus aspiraciones futuras deberá analizarse conforme a su nueva condición institucional y a las reglas electorales vigentes. Mientras tanto, Alliana enfrenta una responsabilidad más inmediata: conducir la transición, reorganizar el gabinete y establecer una relación de trabajo con el Congreso después de la crisis que provocó la salida de Peña. La pregunta política central ya no es solamente si podrá ocupar la Presidencia, sino qué grado de independencia tendrá frente a Cartes y qué acuerdos construirá para sostener el gobierno hasta agosto de 2028.