06/11/2026 - Edición Nº1368

Opinión


Estados Unidos

Las lecciones que nos dejó Washington: la dificultad de sostener el discurso extremo

06/11/2026 | Para Javier Milei, lo sucedido hasta aquí puede funcionar en los hechos como una PASO anticipada. ¿Morir con las botas puestas?

La tranquilidad habitual de Washington DC no se ve alterada por los vaivenes de la política de Estados Unidos. La prolijidad de las calles contrasta con las tensiones que se viven puertas adentro de la Casa Blanca y el Capitolio. Las elecciones de medio tiempo desarrolladas este martes fueron un tsunami para Trump y el Partido Republicano. Pero también alteraron los nervios de los aliados del Presidente norteamericano que ya sopesan hasta que punto ha comenzado un retroceso de las ideas que les permitieron llegar al poder en sus respectivos países. Las demandas suelen ser tan simples que los políticos tienen problemas en entenderlas. 

Se ha dicho hasta el hartazgo: el principal motivo de la derrota para Trump y los suyos está en los efectos de la economía. El aumento del combustible producto de la incursión militar en Irán, detonaron los ya agitados ánimos de los estadounidenses. La lista podría ser más larga: aranceles, redadas del ICE, apoyo a Benjamín Netanyahu, tensión con Canadá y mucho más. Pero el eje transversal se ubica en la resistente inflación acicateada por determinaciones que parecen más un capricho que una cuestión de estrategia geopolítica. Y un agregado: en mi tiempo en la capital de los Estados Unidos me llevé la certeza que la palabra presidencial ha perdido mucha fuerza. Donald Trump habla o escribe mucho, pero sus ciudadanos ya le prestan poca atención. Han dejado de creerle. 

Al parecer, le importa poco. Un día puede decir que la elección es la más importante de la historia y pedir que imaginen que es él quien está en las boletas. Y, con el resultado que avizorada sería catastrófico, escribir sin empacho que como no estuvo en las boletas no había perdido. Las reacciones posteriores del vicepresidente JD Vance con un dejo de sentido común ayudaron a despejar los fantasmas de un tembladeral político si no se aceptaba el contundente resultado. Las internas en la Casa Blanca ya están desatadas pensando dentro de dos años. Pero esa es otra historia. 

La magnitud de la derrota para Donald Trump se mide no sólo por la pérdida del control del congreso, sino por los reveses en sitios donde históricamente el Partido Republicano no caía. Ejemplos como el de Texas o bien en Ohio o Kansas muestran la profundidad del enojo. Haber perdido en esos Estados es como para el peronismo perder en Lomas de Zamora o en La Matanza. Son golpes muy duros. 

Evaluar desde el pulso de la calle en Washington es una tarea que requiere algunas precauciones. Se trata de una ciudad que no elige otra cosa que no sea al partido Demócrata. Volvió a quedar demostrado en la contienda por la alcaldía local donde la candidata azul ganó con el 85 por ciento de los votos. Su perfil es similar al del joven Zohran Mamdani en Nueva York. La línea interna del socialismo democrático que sostienen ideas de izquierda difíciles de llevar a la práctica cuando toca gobernar. A ese desafío se somete ahora el Partido Demócrata para intentar recuperar la Casa Blanca en dos años. 

Un boomerang de difícil control

Si algo dejó la elección en Estados Unidos es la demostración que las posturas de extremo sirven para agitar la discusión en las redes sociales y afianzar posiciones muy arraigadas, pero no alcanzan para responder a las genuinas y simples demandas que están alejadas de las posiciones extremistas. Se trata de un boomerang de difícil control. La tentación de ir tanto a los extremos genera la reacción de sectores que luego logran representación y dificultan la posibilidad de lograr procesos estables. Se impone el regreso al centro. 

Es lo que pasó en Estados Unidos. Sucede en Israel y puede repetirse en Argentina en 2027. No se trata de una ola donde las “derechas” empiezan a perder fuerza a partir del caso Bolsonaro, Trump y Netanyahu. Lo que asoma es la dificultad para sostener en el tiempo el discurso extremo con las demandas carentes de ideologías profundas. 

El año próximo Argentina ingresará en un proceso que tiene características similares a las descriptas. Para Javier Milei, lo sucedido hasta aquí puede funcionar en los hechos como una PASO anticipada. Podría intentar torcer el rumbo porque en materia económica la factura se está gestando. ¿Tiene sentido “morir con las botas puestas”? Habrá que ver si predomina el pragmatismo o la exaltación ilimitada de los egos que llevan a pensar que están donde están porque el universo se mueve a su alrededor y no al revés. Incógnitas que se plantean a futuro, con constataciones muy recientes. 

Como explicó por estas horas un especialista en política exterior para referirse al proceso electoral de Israel pero sin quitar la mirada sobre Argentina: “Los extremos pueden ser eficaces para movilizar adhesiones en las redes sociales, pero suelen ser contraproducentes para construir mayorías estables, gobernar y preservar el equilibrio institucional”. Ha comenzado a abrirse en el mundo un nuevo proceso. Desde Washington nos llevamos la primera lección.

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