La llegada del papa León XIV a Uruguay dejó una escena de fuerte contenido político: el presidente Yamandú Orsi eligió recibirlo con un discurso centrado en la paz, la convivencia democrática y los valores compartidos, mientras el Frente Amplio mantiene profundas diferencias con la Iglesia católica sobre el aborto y la eutanasia. En la Plaza Independencia de Montevideo, el pontífice respondió con una defensa de las instituciones, el ejercicio responsable de la autoridad y el legado de José Gervasio Artigas, en el comienzo de una gira sudamericana que continuará por Argentina y Perú.
El papa aterrizó este viernes 6 de noviembre alrededor de las 16:20 en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, procedente de Roma, y fue recibido por Orsi antes de comenzar su recorrido hacia el centro de Montevideo. A lo largo del trayecto, fieles y ciudadanos se acercaron para saludarlo durante una visita histórica: Uruguay no recibía a un pontífice desde marzo de 1988, cuando Juan Pablo II realizó su segunda visita al país.
La ceremonia en Plaza Independencia reunió también a los expresidentes Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle Herrera y Luis Lacalle Pou, además de autoridades nacionales, representantes diplomáticos y dirigentes de distintos sectores políticos.
Orsi fue el primero en hablar. El mandatario frenteamplista presentó a Uruguay como un país donde dirigentes de diferentes partidos pueden compartir un mismo acto institucional y destacó la tradición de paz de América Latina, una región que, pese a sus dificultades, ha logrado evitar guerras recientes entre sus Estados.
El presidente reivindicó el diálogo, defendió el multilateralismo y reconoció el trabajo histórico de la Iglesia católica en los barrios populares, las cárceles y la educación. También recordó su papel en la asistencia a personas perseguidas durante la última dictadura.
La elección de los temas no resultó políticamente inocua. Antes de escuchar al papa, Orsi puso sobre la mesa los puntos de coincidencia entre su gobierno y el Vaticano, en un país cuya tradición laica convive con políticas públicas que contradicen abiertamente la doctrina católica.
La paz funcionó como el principal punto de encuentro. Su defensa permitió al mandatario reconocer la autoridad moral y diplomática de León XIV sin abandonar la identidad política de un gobierno que sostiene posiciones diferentes sobre cuestiones vinculadas con el comienzo y el final de la vida.
El presidente también vinculó el mensaje social del pontífice con las transformaciones tecnológicas, la protección del trabajo y la dignidad humana. La referencia amplió el terreno de coincidencias hacia una preocupación compartida por las consecuencias sociales del desarrollo económico y tecnológico.
León XIV respondió con un discurso de fuerte contenido institucional. Recuperó el pensamiento de José Gervasio Artigas, recordó que la autoridad encuentra su legitimidad en la voluntad popular y reivindicó el respeto al orden jurídico y las competencias de las instituciones.
El pontífice destacó además que Uruguay cumplió en 2025 cuarenta años de democracia ininterrumpida, durante los cuales se sucedieron gobiernos de distintas orientaciones políticas. La referencia adquirió un significado particular frente a la presencia de Orsi y tres de sus antecesores.
El mensaje dejó planteada una coincidencia entre ambos discursos: la defensa de la paz no solamente como ausencia de conflictos armados, sino también como resultado del diálogo, la convivencia y el respeto entre quienes piensan diferente.
La recepción a León XIV adquiere una dimensión especial en Uruguay, uno de los países más secularizados de América Latina. Apenas el 36 por ciento de los uruguayos adultos se identifica como católico, en una población nacional de aproximadamente 3,5 millones de habitantes. La proporción es considerablemente menor que en buena parte de los países vecinos y tampoco implica una participación habitual en las celebraciones religiosas.
La influencia institucional del papa, por lo tanto, excede largamente a la comunidad de fieles. Su presencia moviliza al Estado, reúne a dirigentes políticos de diferentes partidos y abre debates sobre asuntos que forman parte de la identidad contemporánea de Uruguay.
Uno de ellos es el aborto. En septiembre, sectores legislativos del Frente Amplio resolvieron enfriar la discusión de una reforma de la Ley 18.987, que despenalizó la interrupción voluntaria del embarazo en 2012, ante la proximidad de la visita papal.
La iniciativa contempla ampliar de 12 a 14 semanas el plazo general para abortar, modificar requisitos de acceso y revisar procedimientos establecidos por la legislación vigente. Sin embargo, dentro de la bancada oficialista surgieron posiciones favorables a postergar la discusión para evitar una controversia política durante la estadía del pontífice.
La paradoja es que la decisión de postergar el debate surgió de sectores de la propia izquierda, que había convertido la ampliación de derechos sexuales y reproductivos en una de sus principales banderas políticas.
El episodio dejó expuestas diferencias internas entre quienes consideran necesario avanzar con la reforma y quienes prefieren administrar los tiempos parlamentarios para evitar tensiones con la Iglesia.
La discusión se extiende a la eutanasia. En octubre de 2025, Orsi promulgó la Ley 20.431, que regula el acceso a esa práctica bajo determinadas condiciones médicas, otra decisión que contradice la doctrina de la Iglesia católica.
Ambos asuntos habían formado parte de las conversaciones mantenidas por los obispos uruguayos con León XIV durante septiembre, antes de que se concretara la gira sudamericana.
Así, la visita encuentra al Frente Amplio entre dos dimensiones de su identidad política: la defensa de una agenda progresista de derechos y la coincidencia con el Vaticano en cuestiones relacionadas con la pobreza, la desigualdad y la dignidad de los trabajadores.
La decisión de Orsi de priorizar la paz y la convivencia en su discurso de bienvenida puede leerse en ese contexto. El presidente marcó los puntos de encuentro sin trasladar las diferencias doctrinarias al acto institucional.
La situación social de Uruguay constituye otra de las preocupaciones que acompañan la llegada de León XIV.
Antes del viaje, el pontífice ya había manifestado especial interés por las elevadas cifras de suicidios registradas en el país, particularmente entre los jóvenes. La cuestión había sido abordada durante sus conversaciones con los obispos uruguayos y forma parte de las preocupaciones pastorales que atraviesan su visita.
Durante 2025 se registraron 668 muertes por suicidio en Uruguay, equivalentes a una tasa de 19,16 fallecimientos cada 100.000 habitantes. Aunque el indicador descendió respecto del año anterior, sigue representando uno de los principales problemas de salud pública del país.
El gobierno de Orsi presentó una Estrategia Nacional de Salud Mental y Bienestar para el período 2025-2030, orientada a fortalecer la prevención, la asistencia y el trabajo comunitario. Los indicadores muestran, sin embargo, la magnitud de una problemática que atraviesa distintas generaciones y sectores sociales.
La pobreza también ocupará un lugar destacado en la agenda del pontífice. El sábado 7 de noviembre visitará Casavalle, un barrio de Montevideo donde la Iglesia mantiene una importante trayectoria de trabajo comunitario, vinculada especialmente al legado del sacerdote Rubén Isidro Alonso, conocido como Padre Cacho.
La actividad tendrá una dimensión que excede lo religioso. Uruguay registró un 14,8 por ciento de personas bajo la línea de pobreza durante el primer semestre de 2026, una mejora respecto del mismo período del año anterior que, sin embargo, refleja la persistencia de profundas desigualdades.
La visita a Casavalle permitirá poner en primer plano esa realidad social y el papel que desempeñan las organizaciones comunitarias en la asistencia a familias vulnerables.
En ese terreno aparecen algunas de las coincidencias más importantes entre la doctrina social de la Iglesia y el programa político de la izquierda uruguaya. La defensa de los sectores excluidos, la protección del trabajo y la preocupación por las condiciones de vida forman parte de una agenda compartida, aunque existan diferencias sobre otras políticas públicas.
El mensaje de paz de León XIV encuentra allí una dimensión concreta. No se limita a las relaciones entre Estados ni a los conflictos internacionales, sino que alcanza también a la exclusión, la soledad, la pérdida de vínculos comunitarios y las dificultades que atraviesan los sectores más vulnerables.
La recepción popular en Montevideo también debe interpretarse dentro de las particularidades de Uruguay. Se trata de una sociedad donde la valoración positiva de una figura religiosa no necesariamente se traduce en participación en actos de fe.
Antes de la llegada, aproximadamente la mitad de los uruguayos manifestaba una opinión favorable sobre León XIV, mientras que apenas el 9 por ciento expresaba intención de participar presencialmente en alguna de las actividades programadas.
La influencia del pontífice, en consecuencia, no puede medirse únicamente por la cantidad de personas que salieron a recibirlo, sino también por su capacidad para instalar mensajes de paz, convivencia y compromiso social en una sociedad donde el catolicismo no es mayoritario.
La visita continuará el sábado 7 de noviembre con una misa en Paysandú a las 10:00. Por la tarde, León XIV regresará a Montevideo para visitar Casavalle a las 17:00, mantener un encuentro con representantes del sector educativo en la Universidad Católica del Uruguay a las 18:00 y encabezar una vigilia en el Estadio Centenario a las 19:00.
El domingo 8 de noviembre viajará a Florida, donde presidirá una misa a las 10:30 frente a la Catedral Basílica y Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres.
La despedida oficial en el Aeropuerto de Carrasco está prevista para las 15:10 y el vuelo hacia Buenos Aires partirá a las 15:30, con llegada estimada al Aeroparque Jorge Newbery a las 16:30.
En Argentina, León XIV mantendrá una reunión con el presidente Javier Milei y desarrollará actividades en Buenos Aires, Córdoba y Luján, antes de continuar su gira hacia Perú el miércoles 11 de noviembre.
La primera jornada del papa en Uruguay dejó una imagen de unidad política alrededor de un mensaje de paz, pero también expuso los contrastes de una sociedad profundamente laica, gobernada por la izquierda, donde la influencia de la Iglesia convive con diferencias sobre el aborto, la eutanasia y las prioridades sociales. El desafío del pontífice será proyectar ese mensaje más allá de los fieles, mientras Orsi busca encontrar en la paz y la justicia social un terreno de entendimiento con el Vaticano.