07/11/2026 - Edición Nº1369

Internacionales

Gira sudamericana 2026

León XIV en Uruguay: el desafío de conquistar un país con una larga tradición laica

07/11/2026 | Como escala previa a su visita a la Argentina. el Pontífice llegó al país vecino. Cruzando el Río de la Plata la separación entre la Iglesia y el Estado forma parte de la identidad nacional.

La visita de León XIV a Uruguay tiene un significado que trasciende lo estrictamente religioso. El Pontífice llegó a Montevideo este viernes, en el marco de su gira por Uruguay, Argentina y Perú, y encontró un país cuya identidad institucional está profundamente vinculada con la separación entre la Iglesia y el Estado.

La República Oriental del Uruguay representa uno de los procesos de secularización más profundos de América Latina. Su tradición laica, consolidada durante las primeras décadas del siglo XX, convirtió la neutralidad religiosa de las instituciones públicas en una característica central de su organización política y social.

En ese contexto, la presencia del jefe de la Iglesia católica adquirió una dimensión particular. León XIV fue recibido por el presidente Yamandú Orsi y mantuvo encuentros con las principales autoridades del país, en una agenda que combinó protocolo institucional, referencias históricas y actividades pastorales.

La construcción de un Estado laico

Para comprender la particularidad uruguaya hay que remontarse a las transformaciones políticas del siglo XIX y comienzos del XX. La separación formal entre la Iglesia y el Estado quedó consagrada en la Constitución de 1917, que entró en vigencia en 1919.

El proceso estuvo estrechamente vinculado con el impulso reformista del presidente José Batlle y Ordóñez, una de las figuras políticas más influyentes de la historia uruguaya. Durante sus gobiernos se profundizaron las políticas de secularización y se consolidó una concepción del Estado basada en la autonomía de las instituciones civiles frente a las autoridades religiosas.

José Batlle y Ordóñez

La transformación no comenzó con Batlle. La secularización de los cementerios, la expansión de la educación pública y la separación progresiva de distintas funciones estatales respecto de la Iglesia habían abierto el camino durante las décadas anteriores. El objetivo político consistía en garantizar la libertad de conciencia y evitar que una confesión religiosa tuviera privilegios institucionales. 

Las fiestas religiosas cambiaron de nombre

La secularización también alcanzó el calendario oficial. Uruguay modificó las denominaciones de distintas celebraciones religiosas mediante disposiciones legales que buscaron quitarles su carácter confesional dentro de la administración pública.

La Navidad pasó a identificarse oficialmente con el Día de la Familia; la Semana Santa, con la Semana de Turismo; el Día de Reyes, con el Día de los Niños; y el Día de la Virgen, con el Día de las Playas.

Las denominaciones civiles se incorporaron al lenguaje cotidiano y contribuyeron a consolidar una tradición en la que la neutralidad religiosa convive con la libertad individual de profesar cualquier creencia.

Artigas, el Éxodo y el mensaje de León XIV

Uno de los momentos más significativos de la visita ocurrió durante el encuentro del Papa con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. León XIV eligió referencias de la historia oriental para construir su mensaje y destacó especialmente el Éxodo del Pueblo Oriental de 1811, también conocido como la Redota.

El Pontífice evocó la figura de José Gervasio Artigas y recordó una de sus expresiones más conocidas: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”. La frase le permitió establecer un vínculo entre la memoria histórica uruguaya, la legitimidad de las instituciones y la responsabilidad de quienes ejercen el poder.

León XIV también se refirió expresamente al carácter laico del Estado. En su discurso sostuvo que esa condición debe garantizar un espacio de convivencia entre creyentes y no creyentes, en el que las distintas convicciones puedan expresarse con libertad y respeto.

La reflexión tuvo una importancia particular en un país donde la separación entre las instituciones públicas y las religiosas constituye una tradición histórica. El Papa planteó que la neutralidad estatal no exige que la dimensión religiosa quede confinada al ámbito privado, siempre dentro del respeto a la autonomía de las instituciones civiles.

“Un pueblo no católico lo adoró”

La repercusión de la visita también tuvo una lectura desde la propia sociedad uruguaya. En diálogo con NewsDigitales, Juan Pedro Ribas –periodista y director de la Fundación Winners, dedicada al trabajo social- describió el encuentro como un acontecimiento que superó las expectativas: “Impresionante. Un pueblo no católico lo adoró, lo sintió como un hermano”.

Ribas destacó especialmente la capacidad de León XIV para conectar con la historia y la identidad oriental. Según su interpretación, el Pontífice respondió al recibimiento “narrando con precisión, con admiración y empatía”, a partir de un profundo conocimiento del Éxodo del Pueblo Oriental y de la figura de José Gervasio Artigas. También resaltó la presencia conjunta de todos los presidentes vivos de Uruguay como una expresión del temperamento nacional, al que definió como “respetuoso en la divergencia”.

El cronista encontró en ese comportamiento una clave para comprender la relación entre la tradición laica y el mensaje religioso. “Sugirió que esta forma de laicismo hace a la conducta cristiana”, señaló, al describir una movilización que consideró extraordinaria para un país que apenas supera los tres millones de habitantes.

En otra reflexión, Ribas puso el acento en la convivencia democrática y en la capacidad de construir acuerdos sin eliminar las diferencias: “Prima la idea social y solidaria sobre las diferencias en temas como el aborto y otras leyes. Justamente eso es la valoración de la democracia: pensar distinto sin invasión del odio”.

Una relación con pocos antecedentes

La presencia de León XIV también tiene relevancia desde el punto de vista histórico. Antes de esta visita, el único pontífice que había viajado a Uruguay era Juan Pablo II, quien estuvo en el país en dos oportunidades: en 1987 y en 1988.

Juan Pablo II con el presidente Julio María Sanguinetti en una visita del Santo Padre a Uruguay

La primera visita dejó una de las imágenes más recordadas de aquella etapa: la cruz monumental instalada en la zona de Tres Cruces, en Montevideo. El regreso del Papa polaco al año siguiente consolidó un antecedente que permaneció sin repetirse durante casi cuatro décadas. La llegada de León XIV reabrió, por lo tanto, un capítulo excepcional en la relación entre la Santa Sede y la República Oriental del Uruguay.