León XIV se movilizará en la Argentina a bordo de una Toyota Hilux adaptada como Papamóvil. El auto lo aguarda en Buenos Aires desde el jueves 5 de noviembre, mientras el Santo Padre se aprestaba a iniciar su visita a Uruguay. Antes de contar con el Papamóvil argentino modelo 2026, las visitas de Juan Pablo II a la Argentina -1982 y 1987- dejaron imágenes imborrables: un pontífice como pasajero de vehículos de fabricación nacional.
La primera adaptación se realizó en 1982, en medio de la Guerra de Malvinas, cuando la urgencia obligó a improvisar una solución con los recursos disponibles. Cinco años después, para una visita más extensa y planificada, la industria automotriz volvió a ponerse al servicio de la misión papal. Esta vez, el desafío fue construir un vehículo con mayores condiciones de seguridad y comodidad.
La primera visita de Juan Pablo II tuvo lugar en junio de 1982, durante la Guerra de Malvinas. El viaje del pontífice estuvo marcado por el contexto bélico y por su llamado a la paz, en un momento de profunda tensión para el país.
La necesidad de contar con un vehículo adecuado para trasladarlo entre las multitudes llevó a recurrir a una solución de emergencia. Mecánicos del Automóvil Club Argentino adaptaron una camioneta Ford F-100 que originalmente funcionaba como grúa de asistencia.

Para transformarla, retiraron los brazos mecánicos de la parte trasera y construyeron en su lugar una plataforma abierta, equipada con barandas y un sillón para el Papa. Así, una herramienta de auxilio mecánico se convirtió en un vehículo destinado a uno de los acontecimientos religiosos y políticos más importantes de aquella época.
La imagen de Juan Pablo II recorriendo las calles a bordo de aquella camioneta quedó incorporada a la memoria de su primera visita al país. No fue el único móvil papal en Argentina. El Vicario de Cristo dio misa en Luján, donde se movió en un colectivo de línea. Un Mercedes Benz 1114 que prestaba servicio en la línea zonal 501 con dominio colocado B 1.731.701, el cuál se conserva tal como lucía ese 11 de junio de 1982.
La segunda visita, en abril de 1987, presentó un desafío diferente. A diferencia del viaje de 1982, esta vez se trató de una gira programada con anticipación y que incluyó distintas provincias argentinas. La extensión del recorrido y las exigencias de seguridad requirieron una preparación más compleja.
La tarea quedó en manos de la planta de Renault en Santa Isabel, Córdoba. Allí se trabajó sobre una Renault Trafic, que fue transformada para funcionar como vehículo papal. La adaptación incorporó una cabina trasera cerrada, cristales antibalas, una butaca giratoria y un sistema de aire acondicionado independiente. El papa la usó a su paso por la provincia mediterránea.

El resultado fue muy distinto de aquella F-100 improvisada cinco años antes. La Trafic ofrecía mayor protección y mejores condiciones para que el pontífice pudiera saludar a los fieles durante los desplazamientos, sin quedar expuesto a las condiciones del exterior. La Renault es la más conocida, pero no la única camioneta que trasladó a Juan Pablo II en 1987. El pontífice también se movió, en la provincia de Buenos Aires, en una Chevrolet C 30.
Una vez finalizadas sus respectivas misiones, los dos vehículos dejaron de cumplir funciones en la vía pública y pasaron a integrar el patrimonio histórico argentino. La Ford se conserva en el Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, ubicado en la ciudad bonaerense de Luján, donde también está el Mercedes Benz 1114 que usó en Luján -en 1982-. Por su parte, la Renault está en el Museo de la Industria, en Córdoba.
Allí permanecen como testimonios de dos momentos distintos de la historia nacional y de una particular colaboración entre la inventiva local y las necesidades de las visitas papales. Vehículos muy diferentes, unidos por una misma misión: transportar a Juan Pablo II durante sus encuentros con el pueblo argentino.