Javier Milei encabezó el encuentro con las autoridades nacionales, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el Palacio Libertad, durante la primera jornada de la visita del papa León XIV a la Argentina. El presidente destacó la importancia de la fe, recordó a Francisco y vinculó su visión del bien común con el equilibrio económico y la responsabilidad hacia las futuras generaciones.
En un discurso atravesado por referencias religiosas, históricas y económicas, el mandatario reivindicó los orígenes constitucionales del país, sostuvo que la Argentina liberal y republicana no nació en oposición a la Iglesia y utilizó una parábola bíblica para explicar el rumbo de su Gobierno. “Somos un pueblo de fe. Un pueblo que conserva la esperanza en la adversidad”, afirmó.
El encuentro se desarrolló en el Palacio Libertad, antiguo Palacio de Correos y Telecomunicaciones, uno de los principales espacios culturales de Buenos Aires. La reunión convocó a representantes de distintos sectores de la vida política, social y diplomática del país.
“Es un profundo honor para todos los argentinos celebrar la visita de Su Santidad. Quiero darle una cálida bienvenida”, expresó Milei al iniciar su intervención.
El presidente definió la llegada del Pontífice como un acontecimiento de relevancia nacional y sostuvo que se trata de “jornadas de gran alegría y reflexión”. En ese marco, también destacó la presencia de representantes de distintos espacios políticos.
“Me alegra ver aquí a todo el arco político, más allá de nuestras diferencias”, señaló, en una referencia a la convocatoria institucional que acompañó la primera jornada de la visita papal.
La recepción de León XIV se convirtió así en una instancia de encuentro entre las autoridades nacionales, los representantes diplomáticos y distintos sectores de la sociedad argentina.
Uno de los momentos centrales del discurso estuvo dedicado al papa Francisco, a quien Milei definió como “el argentino más importante de la historia” y “el primer papa latinoamericano”.
“Su partida dejó un vacío enorme”, sostuvo el mandatario, quien destacó que Jorge Bergoglio fue “una figura excepcional” que, a través de su humanidad, “nos inspiró a todos, más allá del credo”.
La referencia a Francisco estuvo acompañada por una reivindicación de la tradición católica argentina y de su vínculo histórico con la construcción institucional del país.
Milei recordó el proceso de sanción de la Constitución Nacional de 1853, luego de décadas de enfrentamientos civiles, y evocó el sermón pronunciado por Fray Mamerto Esquiú en respaldo del nuevo orden constitucional.
El fraile catamarqueño había llamado a acompañar la Constitución y respetar sus disposiciones. Su intervención tuvo tal repercusión que el entonces presidente Justo José de Urquiza ordenó imprimir y distribuir el sermón.
A partir de ese episodio, Milei planteó que “la Argentina liberal, republicana y constitucional no nació contra la Iglesia, sino bendecida por uno de sus clérigos”. “De este modo, la Argentina es un país de orgullosa historia católica”, afirmó.
La referencia histórica funcionó como uno de los ejes del discurso presidencial, que buscó vincular los principios del liberalismo institucional con la tradición religiosa del país.

El mandatario también dedicó una parte importante de su intervención a explicar el papel de la fe en la vida individual y colectiva.
“La fe enaltece nuestras almas porque nos permite conectarnos con algo superior que nos fundamenta y nos sostiene”, expresó.
Según Milei, la religión permite trascender las preocupaciones inmediatas y reconocer una dimensión humana que va más allá de las circunstancias cotidianas.
“Nos permite ver más allá de nuestro presente inmediato. Nos permite reconocernos como seres humanos conectados con algo más grande. Nos conecta con Dios”, señaló.
En ese sentido, sostuvo que la fe no representa únicamente una fuente de consuelo, sino también una exigencia moral: “Nos ama como somos y también nos exige ser cada vez mejores personas”.
El presidente también planteó que la ausencia de una referencia espiritual puede profundizar la incertidumbre frente a las dificultades del mundo.
“Sin la fe estamos perdidos en el mundo porque el mundo se nos percibe como incierto y amenazante”, expresó.
En ese contexto, Milei volvió a destacar la identidad religiosa de la sociedad argentina y vinculó la visita papal con un mensaje de esperanza.
“Somos un pueblo de fe. Un pueblo que conserva la esperanza en la adversidad. La visita de León XIV nos eleva a todos los argentinos”, concluyó sobre ese punto.

El discurso también incorporó definiciones sobre la política económica del Gobierno y la concepción presidencial del bien común.
Milei explicó que su administración trabaja a partir de una perspectiva que denominó “equilibrio general intertemporal”, una formulación con la que buscó fundamentar la necesidad de considerar las consecuencias de las decisiones económicas más allá del presente.
“Esto significa, a la hora de tomar decisiones, no considerar lo que necesita un único sector en un determinado momento, sino el beneficio de toda la sociedad en el presente y en el futuro”, sostuvo.
El mandatario planteó que ese enfoque permite garantizar el ejercicio de la libertad sin generar arbitrariedades ni trasladar los costos de las decisiones actuales a las próximas generaciones.
“Solo así podemos asegurar a cada argentino el ejercicio de la libertad sin imponer arbitrariedad y sin castigar a los argentinos de mañana en pos de favorecer a los argentinos de hoy”, afirmó.
En esa línea, Milei vinculó la política económica con una responsabilidad que excede a quienes viven actualmente en el país. “Trabajamos por los niños de hoy, pero también por los de mañana”, expresó.
Para explicar su visión sobre el rumbo del país, el Presidente recurrió a una parábola del Evangelio de Mateo: la de los dos hombres que construyen sus casas sobre distintos cimientos.
“Jesús cuenta que dos hombres construyen su casa. Uno, prudente, la levantó sobre la roca; el otro, insensato, la levantó sobre la arena”, recordó.
Milei explicó que la construcción sobre la arena puede resultar más sencilla y rápida, pero que pierde estabilidad cuando enfrenta las adversidades.
“La de la arena se construyó más fácil y rápido porque es sencillo sentar los cimientos, pero cuando llegaron la lluvia y los vientos, solo quedó fundada la casa sobre la roca”, señaló.
A partir de esa comparación, el mandatario trazó una analogía con su proyecto de país: “Esa es la Argentina que queremos construir. Un país fundado en la roca”.
“Una sociedad es una asociación entre quienes están vivos, quienes están muertos y quienes están por nacer”, expresó Milei. “A ellos nos debemos como Estado”, concluyó el Presidente, en una de las frases finales de su intervención durante el primer día de la visita del papa León XIV a la Argentina.