Crece el interés por un deporte que hasta hace pocos años estaba vedado a las mujeres.

La escena ocurrió en un supermercado. Cualquiera de esos grandes que tienen un sector de vinos. Hacia ahí me dirigí en busca de algún tinto para llevar a un asado que tenía a la noche. Y mientras buscaba entre los malbec alguno que estuviera acorde a lo que tenía pensado gastar, alcanzo a escuchar un comentario entre dos varones de entre treinta y cinco y cuarenta años que decía algo así como: “¡Qué bien que define!”, a lo que su compañero responde: “No va a durar mucho en el fútbol de acá. Tiene destino europeo”. Futbolero al fin, me fui acercando mirando etiquetas y precios, más interesado en saber de qué jugador hablaban que en lo que me ofrecían las góndolas, cuando la siguiente frase multiplicó exponencialmente mi sorpresa: “Vas a ver que ésta Larroquette va a irse pronto a algún equipo español o francés…”. Estaban hablando de Mariana Larroquette, jugadora de la UAI e integrante de la Selección Argentina de fútbol femenino que obtuvo la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Lima que terminaron ayer, torneo en el que convirtió cinco goles.

Se empieza a hablar de fútbol femenino, y eso es bueno. El motivo fundamental son las buenas actuaciones de la selección en el mundial jugado este año en Francia y en los recientes Panamericanos. El público es exitista, y si la difusión de un deporte es acompañada por buenos resultados, la trascendencia del mismo aumenta y ayuda a que el crecimiento sea sostenido.

Mariana Larroquette es una de las caras que se van haciendo más familiares al público. Goleadora de las dos últimas temporadas del torneo argentino, juega en la UAI, uno de los equipos más fuertes y que más invierte en contratos de jugadoras, algo recientemente reglamentado cuando la AFA decidió profesionalizar el fútbol femenino exigiendo a los clubes que firmen contrato con al menos ocho jugadoras en Primera División. Y ocho es el mínimo exigible. River, por ejemplo, ya profesionalizó a cerca del doble y tiene un envidiable sistema de divisiones inferiores.

Mariana Larroquette, la goleadora argentina en los Panamericanos Lima 2019

También se reconoce la solidez defensiva alcanzada por el equipo y se destaca la tarea de sus marcadoras centrales Agustina Barroso y Aldana Cometti y su lateral por derecha Gabriela Chávez, jugadora de River que se adueñó del puesto en Lima. Con sus 35 años, la arquera Vanina Correa mantuvo la seguridad que había demostrado en el mundial y solo sufrió un gol en contra en los cinco partidos del certamen. Se habla de ellas, de cómo juegan, de sus virtudes, de su corazón y garra. También se las analiza en cuanto a sus destrezas, despliegue y fallas. Y está bien. Cada argentino es un director técnico y, si se opina de cómo juegan los varones es justo que también se opine de las mujeres. Porque al fin y al cabo se está opinando de fútbol.

Pero no solo se habla del juego en sí sino, como pasa con los varones consagrados, también de las internas y problemas con el DT. Luego del mundial, jugadores emblemáticas como la capitana Estefanía Banini y Ruth Bravo se quedaron afuera de la lista de los Panamericanos y ellas lo atribuyeron a las críticas que dirigieron a su entrenador Carlos Borrello en cuanto a sus métodos de entrenamiento y su estilo de conducción. En solidaridad con sus compañeras, Florencia Bonsegundo, otra de las figuras, se bajó del equipo. El técnico recién habló en Lima, y declaró que simplemente quería ver otras jugadoras y que todas, pese a las “dardos dialécticos” que le arrojaron, tenían las puertas abiertas sin rencores. El fútbol es igual, con sus disputas y escándalos en todos lados, sin diferencia de sexos.

Habrá que ver cómo sigue esto. Cada vez se les va a exigir más. Deberán venir resultados en ascenso, presencia de público en el torneo de Primera División y el acompañaniento de la televisión para que la liga crezca y aparezcan los tan necesarios sponsors.

A la noche, comenté en el asado con mis amigos la charla que había escuchado en el supermercado. Y mientras nos tomábamos el vino que había llevado todos comenzaron a hablar no solo de Larroquette sino de las demás jugadoras. Conocían a la mayoría. Ahí el dueño de casa, que en su época era crack, comentó que su hija, que hace poco lo hizo abuelo, juega con sus amigas desde hace años en varias ligas de zona norte, sumando campeonatos y copas. El equipo se llama “Que se vaya Mabel”, vaya uno a saber por qué, y parece que es famoso. Ahí me di cuenta que no todo pasa por los clubes. Si hay amigas que se juntan y arman equipos para jugar torneos, y estos se multiplican, el crecimiento puede ser más rápido de lo que pensamos. Y el fútbol femenino será un fenómeno que llegó para quedarse.