Hoy en la cuarentena se hace de todo, menos ir a trabajar. Tampoco hay clases presenciales, ni nadie sabe cuándo volverán. Pero el ritmo del aislamiento ha aflojado notoriamente, sin que se mueva el aparato productivo. Argentina se debate entre ser un ejemplo en la lucha contra el Covid-19 o ir a un posible quebranto económico            

Que la cuarentena no da para más, es un consenso silencioso, subrepticio, en prácticamente todo el Gobierno. Pero para ser regla se requiere la excepción: el consejo de expertos que rodea al Presidente sabe, con la experiencia comparada y el rigor de los casos, que lo mejor es mantenerla con la misma rigurosidad.

«Lo mejor» para ese sector, el de los sanitaristas, epidemiólogos, infectólogos y médicos con comprobada idoneidad, es continuar con este ritmo de contagios, empujar el pico y llegar a la primavera con el tema casi controlado. Para ello, es «necesario» seguir así.

El tema es que el país no puede seguir así. Hoy en la cuarentena se hace todo, menos ir a trabajar. Volvieron las reuniones familiares, los traslados para ver amigos, todos los negocios vinculados con la alimentación (y farmacias) están repletos de gente; las autopistas muestran un notorio incremento en la circulación; y en los barrios más humildes hasta los picaditos son el mejor pasatiempo en la tarde. Ahí no existe ningún aislamiento. Sólo que casi nadie labura.

Este es el tema central, medular. El ala económica del Gabinete, más gran parte de los intendentes del Conurbano y el propio gobernador Kicillof alientan la posibilidad de volver a trabajar. De terminar con esta encerrona; que parece haber frenado el virus hasta ahora, pero que básicamente está por decapitar a la economía.

El propio Ginés González García admitió que deben volver las «actividades sociales y productivas». El tema es cómo, y a partir de cuándo. Técnicamente, queda una semana más de esta cuarentena, que puso al país como un ejemplo sanitario, pero al borde del quebranto económico.

«La gente no da más», repiten algunos funcionarios. Quienes más lo saben, son los intendentes del Conurbano, el cual está abastecido de comida en forma desordenada, y con verdaderas postales de otro tiempo alrededor de comedores y centros comunitarios. Hasta los movimientos sociales reconocieron que donde antes comían 500 mil personas, hoy lo hacen más de 2 millones.

Riesgos económicos:

Los números de la economía son catastróficos: casi todas las empresas le pidieron ayuda al Gobierno para pagar sueldos (el monto se depositaría esta semana en los CBUs de los empleados); la IFE irá por su etapa dos, cuando todavía ni siquiera cobraron todos los de la etapa uno; el dato de la pobreza se cree que estará más cerca del 50 que del 40%. Las proyecciones son aún peores: corte de la cadena de pagos, imposibilidad concreta de mantener las fuentes de trabajo, sectores de la gastronomía, turismo, hotelería, gimnasios, esparcimiento, o de la economía informal con casi nulas perspectivas de recuperación en el corto plazo, etc. Y son muchos los etcéteras.

Hay dueños de agencias de lotería que no saben cómo van a vivir de acá a una semana. Lo mismo pasa con fleteros, mudanceros o titulares de gimnasios de barrio, entre muchísimos tantos rubros. Algunas peluquerías comenzaron a trabajar de contrabando, con clientes que ingresan camuflados, como si fuesen a comprar droga en lugar de a emprolijarse el pelo.

En los hechos, la Policía dejó de controlar a las personas que caminan por las calles en el inmenso e indescifrable Conurbano. Su jefe máximo, Sergio Berni, ya dejó entrever que sus hombres y mujeres no están para eso.

Desde mañana debutarán un nuevo sistema para mitigar la desesperación de las personas que están varadas en distintos puntos del país, sin la posibilidad de regresar a sus casas. Ahora será a través de la página web de cada Gobierno local. El mecanismo que había hecho el Ministerio de Transporte de la Nación fracasó por completo. Prácticamente nunca anduvo.

Alberto sabe que todavía le falta la peor etapa del coronavirus, con un pico que se podría experimentar justo en un mes. El país con la economía parada como está ahora no resiste 30 días más. Esta afirmación es la más divulgada entre todos los sectores del Gobierno, donde también vieron que los últimos números (encuestas) ya no son tan prometedores. El nivel de aprobación a la supuesta épica de la cuarentena flaquea. Se ha agrietado.

El Presidente, quien tuvo que salir a explicar algo que no había generado, y que quedó en el medio de la polémica, por toda la situación de los presos en las superpobladas cárceles, ha depositado toda su confianza en el hombre más poderoso del Gobierno, Santiago Cafiero. El jefe de Gabinete no sólo liquidó a Alejandro Vanoli, sino que a partir de hoy supervisará el mecanismo a través del cual la AFIP y el BCRA otorgará los créditos a tasa cero a monotributistas y autónomos. Son un universo de 2,5 millones de personas.

Cafiero también sabe que no hay ninguna señal positiva de la economía. Todo lo contrario. Y que, quizás, el sanitarismo permanente puede mostrar al país como un ejemplo mundial en la lucha contra el Covid-19, pero también hundirlo en un peligroso cono de opacidad económica.