La exitosa escritora de Miami Rosario Solares nos regala un cuento en exclusiva

Rosario Solares, autora de libros como ‘El Gato’ Y ‘Espejos del Alma’, entre otros éxitos nos deja para News Digitales un cuento en exclusiva:

«El Enamorado»

«Lo conocí en el supermercado. Se me quedó mirando, y en el departamento de flores me obsequió una rosa. Aunque ya ando por la cuarentena, me ruboricé a mi pesar. No soy atractiva. Tengo el pelo negro salpicado de algunas hebras blancas, ojos pequeños que se esconden tras unas gruesas gafas, nariz un poco más larga de lo que yo quisiera, alta y muy delgada.

Nunca he tenido esposo, novio ni siquiera enamorado, por lo que el gesto de ese elegante y atractivo caballero no dejó de sorprenderme y halagarme. Nunca me había pasado nada igual. Lo miré tímidamente, parapetada en mis gruesos lentes. Era más alto que yo, pelo castaño, con destellos dorados y unos ojos increíblemente azules que acariciaban al mirar. Casi me mareo de ver tanta belleza… ¡Y que se fijara en mí!

Me propuso una cita para cenar esa misma noche. Acepté de inmediato. Total, ¿Qué me podría pasar? ¿Qué me violara? Ojalá, pensé jajá. Hice lo que pude con mi arreglo para el encuentro. Me pinté los labios y me puse aquél vestido negro que guardaba para grandes ocasiones, como el funeral de la tía Segoviana, o el día que fui a una boda invitada. Aunque era de una talla pequeña, aquél atuendo me colgaba por delante y por detrás como si esperara que se llenaran sus costuras algún día con unas buenas nalgas o tetas como tenían algunas. Mi delgado  cuerpo era  liso por delante y más  liso por detrás.

Estuve tentada a ponerme unos algodones en el pecho para parecer más agraciada. Desistí de la idea. Así de llana me conoció, y no iba a pretender ser una cosa que no era. No me gustaban las pretensiones ni los engaños. Me tenía que querer tal cual soy,  si no, que cogiera su camino. Acostumbrada a estar sola, no iba a echar de menos ninguna compañía, y menos a estas alturas de mi vida.

Se levantó al verme entrar. No pude evitar que el corazón se me desbocara un poco al verlo de nuevo. Estaba elegantísimo, con un traje azul marino, corbata roja y camisa blanca. Sonreí tímidamente al ver que me adelantaba la silla en un gesto caballeroso.

No sé ni qué comí, pues me era imposible apartar los ojos de él. Su boca que incitaba al beso, sus ojos magnéticos, su cara de rasgos perfectos… ¿Estaría soñando? La velada transcurrió plácidamente. Me fue imposible escucharlo…Sólo quería besarlo y hacer cosas inconfesables con él…Desgarrarle la ropa, recorrer mis manos por todo su cuerpo que se adivinaba musculoso y viril sentirlo cerca, muy cerca…y…

-Bueno, Margarita, ya es hora de salir, no le quiero ocupar tanto tiempo- dijo el hombre sacándome del ensueño febril en donde me hallaba atrapada. -Sí, claro, se ha hecho tarde, es verdad- balbuceé levantándome turbada.

Me llevó hasta mi casa en un taxi, y me dio la mano para despedirse… ¿La mano? Qué vergüenza, y yo que casi pongo los labios listos para besar. Aliviada escuché oírle  decir que me quería  volver a ver al día siguiente. Toda la noche soñé con él. Sueños eróticos, pecaminosos, cargados de deseo y lujuria.

Me desperté súbitamente con su imagen en mi mente. Todo el día anduve como un robot, solo pensando en la noche. Me bañé con calma antes de la cita. Impregné mi cuerpo del perfume que llevaba años sin usar esperando una ocasión especial. Esta vez entré en el restaurant con la firme intención de llevármelo a mi cama.

Lo miré extasiada. De nuevo su boca tentadora, sus manos, sus ojos…Sus piernas fuertes sus grandes pies… En el taxi de regreso a mi casa, le pedí se bajara un rato a mi casa, que lo invitaría a una copa de despedida de la velada.

Aceptó con una sonrisa. Con el corazón que parecía salírseme del pecho, lo invité a entrar. Era el primer y único hombre al que había invitado a ir a mi casa. Es verdad que ninguno nunca se interesó en hacerlo. Encendí unas velas y gradué la luz hasta hacerla íntima y acogedora. Me pidió un coñac,  y yo me serví  una copa de vino. Puse una música suave y  melodiosa que parecía acariciar los sentidos.

Me le senté cerca en el sofá, muy cerca… En un delirio total, algo inusitado en mí, le tomé la cara entre mis manos, y lo besé. Fue tal mi pasión que lo tiré al piso, dispuesta a darle y tomar todo. Para mi sorpresa y vergüenza, él me apartó suavemente, pero en un gesto inequívoco que daba a mostrar a las claras que no me quería cerca. Entonces me dijo algo que me sorprendió.

-Margarita, tengo que confesarte que no soy lo que aparento. No tengo la suerte de tener tus atributos físicos, y éste que ves, no soy yo.

-¿Atributos físicos? ¿Me has mirado bien, y te has mirado tú?- Le contesté perpleja.

-Sé que lo que ha encendido tu pasión es esto- dijo señalándose a sí mismo.- Y esto no soy yo. Pensé que en tu compañía encontraría una amiga, una alma gemela con quien conversar y compartir ideas…perdona, pero te creí más auténtica, menos…pasional.

-Yo soy auténtica- le respondí ofendida-¿Cómo te atreves? Que me haya sentido atraída hacia ti, no quiere decir que no sea honesta ni auténtica…Pensé erróneamente que tú también podrías desearme, pero claro, ¿cómo vas a querer a una mujer tan simple y fea como yo? -En tus ojos veo belleza…es dentro de ellos donde se puede leer el alma, y la tuya es lo que me atrajo de ti. Todo lo que te puedo dar es conversación, comprensión, un hombro amigo…No tengo nada más. Mi cuerpo no es mío- dijo tristemente.- No me mires así. Voy a enseñarte lo que nunca nadie vio.

-Me voy a desnudar.

No quise ver más. Corrí despavorida sin mirar hacia atrás. En mis peores pesadillas aún retumba la imagen del hombre…que no era hombre. Se quitó ante mí las piernas, los brazos, el tronco, mientras por el piso rodaba la cabeza…»

Rosario Solares.

Rosario Solares