El Gobierno nacional acusó recibo de las declaraciones del jefe del bloque del PRO en Diputados, Cristian Ritondo, quien cuestionó la situación judicial de Manuel Adorni y anticipó que su exposición en el Congreso “va a ser un show”. En la Casa Rosada interpretaron esos dichos como una señal de ruptura en un momento especialmente sensible.
Según trascendió, las críticas del dirigente amarillo generaron fuerte malestar en Balcarce 50, donde trabajan contrarreloj en el informe de gestión que el jefe de Gabinete deberá presentar el próximo 29 de abril.
Desde el entorno libertario salieron a responder con dureza y le reclamaron a Ritondo que dé explicaciones por su propio patrimonio, en particular por las propiedades en Miami que estuvieron bajo la lupa en 2024.
En el oficialismo consideran que el diputado se alineó con lo que definen como una “operación” política y mediática, lo que profundiza la desconfianza con un aliado clave en el Congreso.
El trasfondo es más profundo: los movimientos recientes del PRO encendieron alertas sobre un posible reacomodamiento político con proyección electoral, que podría impactar en la relación con La Libertad Avanza.

Las declaraciones de Ritondo no solo tensaron el vínculo con el PRO, sino que también dejaron al descubierto una realidad incómoda para el Gobierno: el respaldo a Adorni empieza a mostrar fisuras.
Aunque el presidente Javier Milei sostiene públicamente al jefe de Gabinete, en otros sectores del oficialismo crecen las señales de incomodidad frente al costo político que implica la causa judicial por presunto enriquecimiento ilícito.
En ese marco, cobran sentido algunas posturas más cautas dentro del Gabinete. Días atrás, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, evitó respaldar explícitamente a Adorni y buscó cerrar el tema al afirmar que se trata de una cuestión judicial, en una frase que fue leída como un intento de tomar distancia.
La tensión escala de cara al 29 de abril, cuando Adorni deberá presentarse en la Cámara de Diputados en medio de la investigación que sigue sumando capítulos.
Para Ritondo, la sesión debería servir para ejercer control institucional, aunque advirtió que existe el riesgo de que derive en un cruce político estéril. En el oficialismo, en cambio, creen que ese tipo de planteos anticipan una estrategia de desgaste.
Con la imagen del Gobierno afectada por las causas judiciales y un escenario económico complejo, el caso Adorni dejó de ser solo un problema judicial para convertirse en un factor de tensión política.
En la mesa chica libertaria lo sintetizan sin vueltas: “O nos ordenamos o la realidad nos ordena”. Mientras tanto, el oficialismo enfrenta un desafío cada vez más claro: sostener a uno de sus principales funcionarios sin que eso profundice el desgaste interno y con sus aliados.
