La semana transcurrió con Javier Milei fuera del país, en una nueva señal de su alineamiento con Israel. Estos viajes le permiten al Presidente tomar distancia de la dinámica local, aunque solo de manera momentánea. La imagen internacional que construye no encuentra el mismo correlato en Argentina, donde la mayoría de las encuestas comienzan a reflejar un retroceso en la valoración de su gobierno. ¿Es tan así? Depende de quién sea el interlocutor: el diagnóstico suele diferir de manera marcada.
La política ya despliega sus alas con la mira puesta en 2027, aunque con una pausa tácita que será la Copa del Mundo. La cita mundialista funciona como un horizonte temporal para muchos actores que, por ahora, prefieren administrar los tiempos antes de tomar definiciones de fondo. En esa lógica también se mueve Dante Gebel, quien esta semana está en la Argentina como parte de un armado político que podría desembocar en su candidatura presidencial por el espacio “Consolidación Argentina”.
En paralelo, empiezan a crecer las dudas sobre la eficacia del programa económico y sus perspectivas a futuro.
En este punto cobra relevancia la advertencia de Ricardo Arriazu, uno de los economistas más escuchados por el oficialismo, quien señaló que el principal riesgo político del modelo es el desempleo en el Gran Buenos Aires. La transformación productiva, según su visión, está generando una destrucción de empleo más rápida que la creación de nuevos puestos.
El diagnóstico no es menor, no solo por su contenido sino por quién lo expresa. La clave hacia adelante será cómo La Libertad Avanza administre esa tensión: un modelo que ordena variables macroeconómicas pero genera costos sociales en el corto plazo. Allí se juega gran parte de sus posibilidades electorales.
El problema es estructural. La Argentina vuelve a entrar en un ciclo conocido: incertidumbre política, inversiones que se postergan y un sector privado que espera señales más claras antes de tomar decisiones de largo plazo.
Sin embargo, hay un activo político que Milei logró instalar: la idea de que no se puede gobernar con déficit fiscal. Incluso sectores del peronismo que buscan proyectarse a futuro comienzan a incorporar ese concepto en su discurso, en un intento por construir una alternativa más moderada y viable.
Entre los movimientos políticos de estas horas, la atención gira en la figura de Dante Gebel, el argentino radicado en Estados Unidos que construyó un perfil multifacético, basado en la comunicación directa con la gente.
Algunos lo encasillan como pastor, pero él busca correrse de esa etiqueta y hablar de la “ley de proximidad”: enfocarse en los temas que impactan en la vida cotidiana, tanto en Argentina como en el mundo.
Desde hace más de un año, un grupo de dirigentes políticos, empresariales y sindicales trabaja en la construcción de “Consolidación Argentina”, un espacio que pretende proyectarlo como candidato a Presidente.
En las múltiples reuniones que mantuvo esta semana en Buenos Aires, Gebel transmitió que su decisión final la tomará después del Mundial, aunque dejó en claro que viene avanzando en esa dirección.
“Antes hay que tener los equipos, el diagnóstico claro de lo que se puede hacer en cada área. No es cuestión de llegar y después ver. Si para esa fecha veo que están dadas las condiciones, entonces seré candidato; si no, no pasa nada”, le escucharon decir quienes lo visitaron.
La lista de interlocutores es extensa e incluyó gobernadores, intendentes, dirigentes sindicales y empresarios.

Ante la consulta sobre si su distancia con la Argentina representa un obstáculo, suele responder lo contrario: que observar el país desde afuera le permite tener una mirada más clara. En ese sentido, recuerda que el año pasado recorrió durante varios meses distintas provincias con su espectáculo “Presidante”.
En privado, se muestra entre sorprendido y crítico frente a lo que considera cierta “ligereza” en algunos análisis mediáticos sobre su figura. “Soy auditable”, responde, y menciona que su fundación aportó más de 42,5 millones de dólares en distintos proyectos en la Argentina, desde asistencia en emergencias hasta obras sociales.
En su paso por Buenos Aires, se rodea de un primer anillo político que incluye a Juan Pablo Brey (Aeronavegantes), José “Vasco” Mineberrigaray (SETIA), el empresario Ariel Frías —quien además tiene armado político propio y experiencia en el territorio— y el legislador porteño Eugenio Casielles.
Uno de los gobernadores que se reunió con él asegura que Gebel insiste en que no quiere ser parte de ninguna interna partidaria tradicional. Su agenda —dice— está centrada en la pobreza, el desempleo y la necesidad de descomprimir la tensión social.
Socio de Mario Pergolini, también plantea que la Argentina debe salir de la lógica pendular en la que cada gobierno intenta desarmar lo hecho por el anterior. En ese sentido, coincide en que el equilibrio fiscal llegó para quedarse como política de Estado.
En su estilo, suele graficar la situación del país con una imagen contundente: “Argentina es un paciente en terapia intensiva con un traumatismo de cráneo; lo primero es estabilizarlo”.
Mientras tanto, las tensiones dentro del oficialismo siguen a cielo abierto.
La disputa entre Karina Milei y Santiago Caputo se extiende a áreas sensibles como inteligencia y justicia. La ausencia de funcionarios clave en un acto de la SIDE junto a delegados del FBI dejó expuestas esas diferencias.
Una imagen reciente mostró al jefe de los servicios de inteligencia junto a autoridades estadounidenses, mientras en paralelo Karina Milei logró posicionar a Sebastián Pareja al frente de la Comisión Bicameral de seguimiento de los organismos de inteligencia.
La batalla, definitivamente, se juega en todos los frentes.
Por otro lado, la política también se mueve.
En la provincia de Buenos Aires, el peronismo avanza lentamente hacia un esquema de unidad, replicando en parte la lógica que comenzó a gestarse en 2018.
El gobernador Axel Kicillof ya se posiciona en clave presidencial, aunque su camino no está exento de tensiones internas, especialmente con Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa.
En ese contexto, el proyecto de emergencia alimentaria impulsado por Mario Ishii fue leído como un mensaje directo hacia la gobernación bonaerense, en medio de una creciente preocupación por la situación social.

A su vez, la multiplicidad de nombres para suceder a Kicillof refleja un escenario abierto, competitivo y todavía sin liderazgos consolidados. En paralelo, avanza el debate por una eventual reforma electoral que elimine las PASO y refuerce el esquema de boleta única, iniciativa que ya genera resistencias en distintos sectores.
Desde la oposición advierten que se trata de una maniobra para desviar el foco de la crisis económica. El diputado Sebastián Galmarini fue uno de los más críticos: sostuvo que el oficialismo intenta sostener una narrativa que choca con la realidad cotidiana de las familias.
La política argentina parece haber encontrado un punto de pausa, pero no de calma. El Gobierno sostiene el rumbo macroeconómico, pero enfrenta tensiones crecientes en lo social. La interna libertaria escala y empieza a impactar en áreas sensibles del poder. Del otro lado, el peronismo ensaya un proceso de reordenamiento que, aunque incipiente, empieza a mostrar señales más claras.
En ese escenario, nuevos actores buscan colarse en la discusión, mientras otros intentan reposicionarse. Todo ocurre bajo una misma lógica: administrar el tiempo hasta el Mundial.
Pero el riesgo es evidente. Cuando la política decide esperar, la realidad no lo hace.
Y si la economía no logra dar respuestas en el corto plazo, ese “después del Mundial” puede llegar con un escenario mucho más inestable del que hoy se intenta administrar.