La campaña de fina 2026/27 comienza a delinearse en la provincia de Buenos Aires en un contexto de alta incertidumbre, con decisiones que se postergan hasta el límite de los tiempos producto del deterioro de los márgenes de rentabilidad.
La suba de costos, el impacto internacional en los insumos, el retraso en la cosecha gruesa por conflictos logísticos en el sudeste y la expectativa por el clima configuran un escenario en el que el trigo y la cebada se juegan su futuro inmediato.
A nivel nacional, los primeros relevamientos ya anticipan un ajuste. La Bolsa de Comercio de Rosario proyecta una caída de 300.000 hectáreas de trigo en la región núcleo, lo que implicaría una baja interanual del 17%, mientras que la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estima una reducción más moderada de 200.000 hectáreas (-3%), aunque aún por encima del promedio de los últimos cinco años.
En ese marco, la toma de decisiones aparece atravesada por una lógica común: esperar.
“La campaña va a ser todo a último momento. La decisión del productor se va a conocer al límite de los tiempos”, resumió el presidente de la Cámara Empresaria de Distribuidores de Agroinsumos de la Provincia de Buenos Aires (CEDASABA), Diego Napolitano, ante la consulta de Newsdigitales.
Según explicó, la incertidumbre atraviesa a todas las regiones, aunque con diferencias estructurales. “Si yo me paro en el sur de Córdoba, podés elegir si hacer o no fina. Pero en Balcarce no podés elegir: tenés que hacer sí o sí fina”, graficó.
Esa lógica también se replica en el resto del sudeste bonaerense. Desde la Sociedad Rural de Tres Arroyos, Eugenio Simonetti coincidió en que la definición se dilata: “Todos los días hay que estar haciendo cálculos para saber qué es lo que en definitiva se va a hacer”, advirtió.
La consecuencia empieza a insinuarse en los planteos productivos. “Cuando hablás con nuestros socios, nadie se anima a tirar un número, pero saben que algo van a ajustar. Lo que anda dando vueltas es una baja de superficie de entre el 10% y el 15%”, señaló Napolitano.
Diego Napolitano, presidente de CEDASABA“Yo creo que esos números salen de consultar a algunos pools de siembra y proyectar. Son números tirados como para asegurarse: si después baja un 30 o un 5, tirás un 15 y más o menos estás en el promedio”, agregó.
El principal condicionante es económico. “Hoy el Excel no te cierra. Y eso no tiene discusión”, sintetizó Napolitano al repasar los costos que deberán afrontar los productores.
El dato más sensible pasa por la urea, insumo clave para la fertilización. Tras el impacto del conflicto en Medio Oriente, el precio escaló de 850 a valores cercanos a los 950 dólares por tonelada, donde por ahora parece haber encontrado cierta estabilidad o punto de resistencia.
En el caso de Tres Arroyos y la zona, los productores mencionan como ventaja la cercanía con Profertil, en Bahía Blanca. “Tendríamos la urea para hacer la fina, pero no sabemos hasta cuánto tienen producción y, además, los precios subieron automáticamente a alrededor de mil dólares”, explicó Simonetti.
Aun así, los números siguen en rojo. En el sudeste bonaerense, el punto de equilibrio se ubica entre los 5.500 y 6.000 kilos. “Ese es el punto donde no ganás ni perdés”, precisó Napolitano.
Desde el territorio reforzaron ese diagnóstico con crudeza: “Estamos arriba de 5 toneladas de costo. ¿Cuántas veces tenés 5.000 kilos de promedio?”, se preguntó Simonetti.
Incluso ese cálculo tiene un límite que no figura en las planillas: “El clima no lo podés meter en un Excel”, agregó el titular de CEDASABA al referirse a la imposibilidad de anticiparlo.
El encarecimiento no se limita a los fertilizantes. Herbicidas como el Glifosato, el 2,4-D o el Cletodim también registraron subas, impulsadas por el aumento del petróleo y los costos logísticos.
El impacto internacional fue directo. “El flete de Shanghái a Buenos Aires pasó de 1.300 a 3.500 dólares. Contra eso no hay análisis, es información pura”, describió Napolitano.
En paralelo, el mercado muestra señales de tensión: menos jugadores, menor financiamiento externo y un cambio en la estrategia de los distribuidores, que a diferencia de años anteriores igual comenzaron a stockearse
“Pareciera que viene un año llovedor y es otro foco de atención. Los distribuidores están con una actitud de cuidado y pensando en tener stock, porque lo que llega se acaba”, resumió.
En ese sentido, anticipó: “No va a haber faltante, pero sí va a haber tensión, sobre todo en ver quién cumple con lo que prometió”.
Esa incertidumbre también impacta en el productor. “No sabemos hasta cuánto va a haber disponibilidad ni a qué precio real se va a terminar pagando”, deslizó Simonetti.
Desde el sudeste bonaerense, una de las regiones clave para la fina, el panorama combina señales positivas y alertas.
“Hay condiciones espectaculares climáticamente hablando. Tenemos humedad y todo está dado”, sostuvo Simonetti.
Sin embargo, ese factor solo no alcanza para revertir la ecuación económica. “Este país es muy raro. Hoy tenés la urea a mil dólares y mañana, si cambia el contexto internacional, nadie te asegura que baje”, advirtió.
Para el dirigente, este escenario empuja a resignar calidad. “Estamos terminando haciendo trigo forrajero en lugar de trigo pan. Exportamos trigo para que coman las vacas de otros países, es una cosa de locos”, lamentó.
Además, sumó otro factor que complejiza el escenario: el retraso en la cosecha gruesa por conflictos sindicales en la zona. “Se ha atrasado mucho porque no dejaban cargar camiones. Es un problema serio que termina afectando toda la cadena”, cuestionó.
En ese contexto, la cebada aparece como una alternativa cada vez más atractiva frente al trigo.
En zonas como Tres Arroyos, la cercanía con plantas de la Cervecería y Maltería Quilmes inclina la balanza. “Está comprando muy fuerte, muy organizado y con poco flete. Son apenas 30 kilómetros y eso es fundamental”, explicó Simonetti.
A eso se suma su ciclo más corto, que permite proyectar una segunda siembra. “Al ser más corta, te da la posibilidad de hacer un maíz o una soja de segunda después”, indicó.
Productores apuestan por la siembra de cebada “El año pasado tuvimos una cosecha excepcional, pero la pregunta es si se va a repetir”, planteó. Y anticipó: “Yo creo que sin duda va a haber una reducción de superficie. Tres Arroyos fue siempre de mucha fina y despacio se ha ido revirtiendo” graficó.
En ese sentido, el ruralista habló de un cambio progresivo en la matriz productiva. “Antes teníamos 70% fina y 30% gruesa. Hoy es al revés. Y dentro de la fina, la cebada está superando al trigo en nuestra zona”, remarcó.
En paralelo, el sector mantiene la mirada puesta en el Gobierno de Javier Milei. La combinación de retenciones y costos elevados configura un escenario de presión creciente.
“Los DEX siempre fueron injustos, pero hoy además no te da el número”, resumió Napolitano.
En esa línea, agregó que existe expectativa del sector por alguna señal oficial: “El productor está esperanzado en algún movimiento, pero porque el número no le cierra” consideró.
Mientras tanto, las decisiones siguen en pausa. Por ahora, el único consenso en el campo bonaerense es que la campaña no está definida y que, como pocas veces, se terminará jugando sobre la hora.