El ex jefe de Gabinete, Guillermo Francos, volvió a meter ruido dentro del oficialismo al referirse al caso que envuelve a Manuel Adorni y admitir que la polémica “tendría que haberse terminado mucho antes”.
La frase cayó como una señal de incomodidad dentro del Gobierno de Javier Milei, en momentos en que la Casa Rosada intenta contener el impacto político de las denuncias sobre viajes, propiedades y movimientos patrimoniales atribuidos al actual jefe de Gabinete.
Aunque evitó pedir explícitamente la salida de Adorni, Francos dejó entrever que el desgaste político empieza a preocupar incluso dentro del propio oficialismo. “El tema tenía que haberse cerrado mucho antes”, insistió el exfuncionario, que además coincidió con Patricia Bullrich en que sería necesario presentar la declaración jurada para despejar sospechas.
La declaración volvió a mostrar matices dentro del gabinete libertario sobre cómo manejar una crisis que se mantiene en el centro de la agenda política y mediática.

Mientras Francos buscó tomar distancia del conflicto, Milei volvió a respaldar públicamente a Adorni desde Los Ángeles, donde participó de actividades oficiales y encuentros económicos.
“No voy a ejecutar en el altar del ego de los periodistas que se sintieron tocados a una persona honesta”, lanzó el Presidente durante una entrevista televisiva, en una nueva embestida contra la prensa.
Lejos de mostrarse dubitativo, Milei descartó cualquier posibilidad de apartarlo del Gobierno. “Ni en pedo se va Adorni”, sentenció.
“Yo vine a escribir la mejor página de la historia. Si alguien la ensucia se va. A mí me consta que Adorni está limpio”, insistió el jefe de Estado, que además dejó otra señal de autoridad interna: “El Presidente soy yo. El que toma las decisiones soy yo”.
Detrás de las declaraciones públicas empieza a aparecer una preocupación más profunda dentro del oficialismo: el costo político de una polémica que no logra apagarse.
Las denuncias judiciales, los pedidos de investigación y las versiones sobre viajes privados y propiedades terminaron instalando un tema incómodo para un Gobierno que construyó gran parte de su discurso alrededor de la transparencia y la crítica a “la casta”.
En ese contexto, las palabras de Francos fueron leídas como algo más que una opinión aislada. En la Casa Rosada algunos sectores ya empiezan a advertir que el caso Adorni amenaza con convertirse en una crisis de desgaste permanente para la administración libertaria.