08/05/2026 - Edición Nº1186

Internacionales

Religión

Perú y Chile: el costo regional de los abusos clericales

08/05/2026 | El caso contra un cura mediático de Perú reabre una pregunta regional: cuánto cuesta investigar tarde el abuso de poder.



Una denuncia por presunto abuso sexual contra Omar Sánchez Portillo, sacerdote de la Diócesis de Lurín y figura pública de la Iglesia peruana, volvió a instalar una pregunta incómoda en América Latina: qué ocurre cuando el acusado no es un cura periférico, sino alguien con visibilidad, obra social, llegada mediática y vínculos políticos. El caso, elevado al Vaticano y tramitado bajo el marco de Vos estis lux mundi, no tiene todavía una sentencia canónica ni judicial, pero ya produjo un efecto concreto: volvió a poner bajo observación la capacidad de control interno de una institución golpeada por antecedentes regionales.

La denuncia conocida en Perú refiere a hechos que habrían ocurrido entre 2019 y 2020 y fue presentada por un joven que había llegado a una obra social ligada al sacerdote. Sánchez Portillo niega la acusación, mientras la Conferencia Episcopal Peruana reconoció la existencia del expediente y activó el protocolo eclesiástico correspondiente. El punto de interés público no está sólo en la acusación individual, sino en el circuito de poder que rodea a un sacerdote con presencia social, discurso político y exposición digital.

Perú


Perú es un país de Sudamérica que abarca una sección del bosque del Amazonas y Machu Picchu, una antigua ciudad inca en las alturas de los Andes. 

El precedente chileno

El espejo regional más fuerte aparece en Chile, con el caso Fernando Karadima, porque allí el proceso ya mostró hasta dónde puede escalar una denuncia cuando se combina influencia religiosa, demora institucional y presión pública. Karadima fue durante años una figura de enorme ascendencia en sectores católicos chilenos, y su caso terminó asociado a una crisis mayor: sanciones eclesiásticas, salida del estado clerical y condenas civiles contra la estructura que debía vigilar. Esa comparación no busca igualar expedientes, sino mostrar el costo de un patrón: cuando la autoridad reacciona tarde, la pérdida de confianza se vuelve medible.

En Chile, el daño institucional dejó de ser sólo reputacional cuando la Justicia ordenó indemnizaciones a víctimas por la responsabilidad de la Iglesia en su deber de cuidado. Ese antecedente permite leer el caso peruano con una pregunta económica concreta: si una investigación prueba abuso o negligencia, ¿quién paga la reparación, quién controla las obras vinculadas a la Iglesia y qué mecanismos existen para evitar que el prestigio social funcione como escudo? La crisis de abusos ya no se limita al plano moral; también abre pasivos judiciales, administrativos y patrimoniales.


Denuncia contra Omar Sánchez reabre en Perú la crisis regional de la Iglesia católica.

Una crisis regional

Para la Argentina, el interés no pasa por una competencia de escándalos religiosos, sino por una dinámica regional compartida. El país tiene comunidades latinoamericanas numerosas, vínculos católicos extendidos y una agenda pública que ya discutió abusos en ámbitos religiosos, educativos y asistenciales. En ese marco, el caso Sánchez funciona como una advertencia cercana: cuando una institución concentra autoridad espiritual, recursos sociales y legitimidad política, el control interno no puede depender de la fama del acusado ni de la prudencia de sus superiores.


El caso peruano expone el costo institucional de investigar tarde abusos clericales.

El Vaticano intentó ordenar ese terreno con normas específicas para investigar abusos contra menores y personas vulnerables, pero cada expediente prueba si el sistema alcanza o si llega tarde. Perú enfrenta ahora una causa sensible porque involucra a un sacerdote conocido, una obra social y una Iglesia que ya carga con otros casos recientes. La apuesta regional es saber si las conferencias episcopales pueden cortar la percepción de impunidad antes de que el costo lo paguen las víctimas, los fieles, los donantes y las comunidades que sostienen esas estructuras.