23/05/2026 - Edición Nº1201

Internacionales

Tablero minero

Por qué Perú le marca a Argentina la carrera minera

23/05/2026 | El PBI creció 3,5% y contrastó con Chile: Argentina mira una ventana para atraer capital a litio, cobre y exportaciones.



Perú volvió a moverse como una señal económica dentro del mapa regional. El INEI informó que el PBI creció 3,5% en el primer trimestre de 2026, con una demanda interna que avanzó 7,0% y una inversión bruta fija que subió 11,9%. El dato no funciona solo como una estadística peruana: muestra cómo una economía andina puede ganar tracción cuando combina consumo, obra, inversión y precios mineros favorables. Para un lector argentino, la pregunta no es si Perú crece más o menos, sino qué condiciones está mostrando para atraer capital en una región que compite por dólares, minerales críticos y reglas de largo plazo. En esa comparación, la macro deja de ser un debate abstracto y pasa a medir quién ofrece menor riesgo para producir y exportar.

El contraste aparece cuando se mira a Chile, el otro gran actor minero de la región. Su actividad del primer trimestre cayó 0,5% interanual y el Imacec de marzo retrocedió 0,1%, con una baja minera de 6,5% por menor extracción de cobre. Esa comparación deja una lectura clara: la minería puede empujar una economía, pero también puede arrastrarla cuando producción, exportaciones o logística fallan. En ese tablero, Argentina mira desde una posición distinta, con litio en expansión, cobre pendiente de maduración y una necesidad persistente de convertir recursos naturales en divisas efectivas. La oportunidad existe, pero la ventana no queda abierta sola: la miran empresas, bancos, gobiernos y compradores que comparan países antes de hundir capital.

Perú


Perú es un país de Sudamérica que abarca una sección del bosque del Amazonas y Machu Picchu, una antigua ciudad inca en las alturas de los Andes.

La carrera por el capital minero

El crecimiento peruano no se explica por un único motor. La inversión bruta fija trepó 11,9%, el consumo privado avanzó 3,6% y el consumo público subió 7,2%, una combinación que mezcla dinamismo privado con impulso estatal. El punto editorial está ahí: la inversión minera vale más cuando no depende solo del gasto público. Si el crecimiento necesita cada vez más presupuesto para sostenerse, el contribuyente termina dentro de la ecuación. Si, en cambio, la inversión privada toma el mando, la economía gana dólares, empleo formal y capacidad exportadora sin cargar todo el riesgo sobre las cuentas fiscales. Esa diferencia es central para Argentina, donde cada proyecto minero se mide también por infraestructura, energía, impuestos y acceso al mercado externo.

Perú tiene una ventaja estructural: ya opera como potencia minera, con cadenas de proveedores, puertos, experiencia exportadora y empresas acostumbradas a trabajar sobre cobre, oro, zinc y otros minerales. Chile conserva escala global, pero su tropiezo reciente recuerda que ni siquiera los países mineros consolidados están blindados frente a caídas de producción. Para Argentina, el espejo es exigente. No alcanza con tener litio o cobre bajo tierra; hace falta transformar ese potencial en proyectos financiados, permisos estables, infraestructura y contratos que sobrevivan al ciclo político. Los recursos críticos son moneda geopolítica solo cuando llegan al mercado. La competencia regional no se define por discursos de abundancia, sino por toneladas despachadas, puertos disponibles, costos previsibles y reglas que permitan recuperar la inversión.


El avance peruano contrasta con Chile y pone a Argentina ante una ventana minera regional. 

La ventana argentina

Argentina tiene argumentos para entrar en esa disputa. La actividad de minería y canteras creció 16,3% interanual en marzo y las exportaciones mineras acumuladas de 2025 alcanzaron USD 6.074 millones, según registros oficiales. El problema es que el punto de partida todavía es menor frente a economías que llevan décadas exportando minerales a escala. Esa brecha abre una oportunidad, pero también marca una presión: mientras Perú muestra inversión de dos dígitos y Chile exhibe la fragilidad de depender de la producción minera, Argentina debe demostrar que puede ofrecer previsibilidad, energía, caminos, financiamiento y un esquema tributario que no cambie con cada coyuntura. En términos fiscales, la clave es atraer capital sin convertir cada obra en una carga permanente para el presupuesto.


Perú acelera con inversión minera y obliga a Argentina a medir su competitividad regional.

La lectura final no es celebrar el crecimiento peruano como un dato ajeno. Es observar qué parte de ese avance viene de inversión, qué parte viene de gasto público y qué tan sostenible resulta en términos fiscales. El BCRP proyectó para Perú una baja del déficit fiscal a 1,8% del PBI en 2026, dato clave para medir si la expansión puede convivir con cuentas más ordenadas. Para Argentina, el cierre es directo: la ventana minera existe, pero se gana con reglas y exportaciones, no con potencial anunciado. En una región donde el capital compara países, la ventaja no la tiene quien promete más recursos, sino quien reduce el costo de producirlos y venderlos. Esa es la disputa que deja el dato peruano: crecimiento, inversión y disciplina como carta de presentación.