26/05/2026 - Edición Nº1204

Internacionales

Hidrocarburos globales

India busca petróleo lejos de Ormuz: la chance de Vaca Muerta

26/05/2026 | El giro indio hacia América Latina expone una ventana energética para Argentina, pero Brasil ya corre con ventaja.



India empezó a buscar más petróleo fuera del Golfo después de la disrupción en el estrecho de Ormuz, una de las rutas más sensibles del comercio energético mundial. Refinerías indias recurrieron a crudo de Venezuela, Brasil, Angola y Nigeria para compensar el riesgo logístico en Medio Oriente. El dato cambia el tablero porque India no es un comprador marginal: cuando un importador de ese tamaño revisa proveedores, la competencia por contratos se acelera y la distancia deja de ser el único criterio. Para Argentina, la pregunta aparece sola: si Vaca Muerta produce más crudo, quién compra esos barriles cuando Asia busca alternativas. Esa duda ya no pertenece al futuro lejano; aparece en el mismo momento en que el país intenta transformar energía en dólares.

El movimiento indio ocurre en un mercado donde la seguridad de suministro pesa casi tanto como el precio. La Administración de Información Energética de Estados Unidos estimó que por Ormuz pasaron en 2024 unos 20 millones de barriles diarios, cerca de una quinta parte del consumo global de líquidos petroleros. Ese cuello de botella explica por qué Nueva Delhi mira a rutas más largas, pero políticamente menos expuestas, incluso si el flete encarece parte de la operación. América Latina entra en esa búsqueda porque ofrece crudo, distancia de los conflictos del Golfo y proveedores con capacidad de aumentar ventas externas sin quedar atados a una sola ruta. El giro también muestra una regla incómoda: en energía, la oportunidad aparece cuando otro país sufre una restricción.

India


La India es un vasto país de Asia del Sur con un terreno diverso que abarca desde las cumbres del Himalaya hasta la costa del océano Índico. Tiene una historia de más de 5 milenios.

Brasil, el espejo más cercano

Brasil aparece como el espejo regional más claro porque ya está adentro de esa reasignación. Petrobras informó que en el primer trimestre de 2026 alcanzó una producción propia récord de 3,23 millones de barriles equivalentes diarios y una producción récord en el presal de 2,66 millones. Además, la empresa destacó nuevos contratos de exportación de petróleo a India, un dato que convierte la geopolítica en flujo comercial concreto. Mientras Ormuz encarece el riesgo, Brasil ofrece escala, infraestructura, continuidad y una petrolera estatal con espalda financiera para sostener entregas en mercados lejanos. La comparación no favorece a quien solo promete capacidad futura: favorece a quien puede cargar barcos hoy, cerrar volúmenes y cumplir calendario.

Esa diferencia importa porque el petróleo no solo suma divisas: también ordena caja fiscal, inversión y poder de negociación. Petrobras declaró en el mismo trimestre una ganancia neta de 32.700 millones de reales y devoluciones a la sociedad por 72.400 millones de reales entre impuestos, regalías y participaciones especiales. Ahí está el punto sensible para Argentina: tener recurso bajo tierra no alcanza si no existe una cadena capaz de convertir producción en contratos, contratos en exportaciones y exportaciones en recaudación neta. La competencia se define por ductos, puertos, régimen tributario, previsibilidad regulatoria y una carga fiscal que permita producir sin borrar la rentabilidad. El sesgo económico es directo: cada barril exportado puede mejorar la balanza, pero también puede perder competitividad si el costo local supera al premio internacional.


India busca crudo latino tras Ormuz y abre una pulseada por dólares de Vaca Muerta.

La ventana argentina

Argentina llega a esta discusión con una señal fuerte, pero todavía incompleta. El INDEC informó que en abril de 2026 las exportaciones argentinas marcaron un récord de 8.914 millones de dólares y que el superávit comercial llegó a 2.711 millones. Dentro de ese resultado, combustibles y energía alcanzó 1.554 millones de dólares, empujado por petróleo crudo y carburantes. Es un dato clave porque muestra que la energía ya dejó de ser solo promesa y empezó a pesar en la balanza comercial, justo cuando el país necesita dólares genuinos para reducir presión cambiaria, financiar importaciones y bajar dependencia de deuda o impuestos de emergencia. La pregunta fiscal, entonces, no es si Vaca Muerta existe, sino cuánto puede aportar sin trabar inversión privada.


Brasil ya vende más petróleo a Asia; Argentina mide si Vaca Muerta entra en juego.

La oportunidad, sin embargo, no se convierte sola en mercado. India ya mira a América Latina, pero la lista inmediata incluye a Brasil y Venezuela antes que a Argentina, lo que obliga a mirar el costo completo: infraestructura pendiente, estabilidad contractual, impuestos, fletes, calidad del crudo y capacidad de sostener entregas. Si Vaca Muerta logra entrar en esa demanda asiática, puede sumar un comprador de escala y transformar un shock externo en una fuente adicional de divisas. Si no lo hace, la crisis de Ormuz habrá mostrado una ventana global que otros productores aprovecharon primero, con impacto directo sobre dólares, inversión y recaudación argentina. En una economía acostumbrada a discutir reservas escasas, quedar fuera de una reasignación petrolera de Asia también tiene costo.