27/05/2026 - Edición Nº1205

Internacionales

Relaciones internacionales

Paraguay entra en la pelea japonesa por recursos del Mercosur

27/05/2026 | Tokio prepara conversaciones con el bloque y mira energía, minerales y granos; Argentina mide una oportunidad con costo competitivo.



Paraguay quedó otra vez ubicado en una mesa que excede su peso territorial. Japón se prepara para iniciar conversaciones comerciales con el Mercosur, en una negociación que puede incluir petróleo, minerales críticos, aranceles industriales y cadenas de suministro. La novedad no es solo diplomática: Tokio busca proveedores más previsibles en un mundo donde energía, granos y metales ya funcionan como herramientas de poder. Para Asunción, el movimiento confirma que el bloque vuelve a ser una puerta de entrada para socios que buscan abastecimiento regional.

La lectura argentina aparece por el costado económico. Paraguay integra el Mercosur, pero la conversación también arrastra a Argentina, Brasil, Uruguay y Bolivia hacia una agenda donde cada país intentará mostrar qué puede vender y bajo qué reglas. Para Buenos Aires, el interés japonés toca litio, cobre, gas, agroindustria y alimentos, todos sectores que necesitan inversión, infraestructura y costos competitivos para transformarse en dólares. El punto no es celebrar una negociación todavía abierta, sino medir quién llega mejor preparado cuando Asia sale a buscar recursos críticos fuera de sus circuitos habituales.

Paraguay 


Paraguay es un país sin litoral que se encuentra entre Argentina, Brasil y Bolivia, con grandes extensiones de pantanos, bosques subtropicales y chaco, extensiones de naturaleza que abarcan sabanas y matorrales.

Japón mira al bloque

El antecedente inmediato está en el Marco de Asociación Estratégica entre Japón y el Mercosur, que tuvo reuniones recientes con presencia de representantes paraguayos y argentinos. En esos contactos, Tokio ya marcó interés por bienes industriales, ambiente de negocios, minerales críticos, energía y granos. Paraguay aparece como sede y socio institucional, pero también como parte de un bloque que puede ofrecer escala. Esa escala es el activo que un país solo no siempre tiene cuando negocia con una potencia industrial que necesita previsibilidad.

El caso espejo es Chile, que firmó con Japón un acuerdo de asociación económica estratégica en 2007 y usó su red comercial para consolidar exportaciones mineras, alimentarias y de servicios. La diferencia es que Chile negoció como país individual, mientras que Paraguay entra dentro de un Mercosur que puede sumar mercado, recursos y producción industrial. Esa ventaja también trae una exigencia: si el bloque no reduce fricciones internas, demoras logísticas y disputas regulatorias, la negociación puede terminar generando expectativas sin flujo comercial relevante. Para el contribuyente, el costo aparece cuando el Estado promete inserción global pero no corrige los cuellos que encarecen exportar.


Japón mira al Mercosur y Paraguay gana peso en la disputa por recursos críticos.

La pelea por dólares

Argentina entra en esa discusión con una canasta más amplia que Paraguay, pero también con más urgencias macroeconómicas. Tiene litio, cobre, Vaca Muerta, alimentos y capacidad industrial, aunque necesita rutas, puertos, permisos, financiamiento y estabilidad normativa para captar inversión japonesa. La Secretaría de Minería informó exportaciones mineras por más de USD 6.000 millones en 2025, una señal de potencial, no una garantía. Si el Mercosur abre una negociación con Japón, el beneficio no se distribuirá por pertenencia política, sino por capacidad concreta de entregar bienes a precio competitivo.


Paraguay queda en el mapa comercial japonés y Argentina mide litio, agro, energía y cobre. 

Por eso la noticia paraguaya importa en Argentina. Asunción puede funcionar como puerta diplomática del Mercosur, Chile muestra el espejo de ejecución y Japón revela una demanda externa que busca alejarse de dependencias concentradas. La pregunta económica es quién convierte primero esa demanda en contratos, empleo privado y divisas genuinas. Si Argentina quiere aprovechar el giro, deberá competir con datos más que con discursos: infraestructura, reglas, impuestos, energía disponible y una oferta exportable que no dependa de subsidios permanentes.