La paciencia de los espectadores de televisión está siendo puesta a prueba como nunca antes, y no se trata de una simple percepción. Grandes éxitos de la pantalla chica como Stranger Things, Severance o House of the Dragon dejaron a sus seguidores esperando entre dos y tres años para poder descubrir la continuación de sus historias. Lo que antes era una excepción en la industria del entretenimiento se ha convertido en la norma.
Un reciente estudio de la consultora Ampere Analysis confirmó que los períodos de inactividad entre temporadas en las principales plataformas de streaming alcanzaron un máximo histórico. La investigación reveló que la brecha de tiempo prácticamente se ha duplicado durante la última década: mientras que en 2016 el promedio de espera era de apenas 10 meses, la cifra escaló a 16 meses en 2021, hasta estabilizarse en una media de 21 meses entre 2024 y 2025. Atrás quedaron los tiempos en que la televisión tradicional garantizaba el regreso anual de sus producciones de manera regular.

Curiosamente, este distanciamiento cronológico no siempre se traduce en un desinterés por parte de la audiencia. El informe destacó que aquellas producciones que tardaron más de 30 meses en regresar a las pantallas (como ocurrió con el fenómeno juvenil Merlina de Netflix— terminaron registrando los niveles más altos de interacción y compromiso por parte de los usuarios. La prolongada ausencia, lejos de sepultar el interés, parece operar en ciertos casos como un catalizador.
Como era de esperarse, los géneros de ciencia ficción y fantasía son los que demandan los plazos de producción más extensos debido a la enorme carga de trabajo en el área de efectos visuales (VFX). Desde el éxito global de Game of Thrones, las empresas del sector volcaron sus presupuestos hacia la creación de ficciones con estándares cinematográficos para lograr sobresalir en un mercado saturado que promedia unas 600 producciones guionadas al año. Sin embargo, muchos olvidan que la propia joya de HBO lograba entregar una temporada anual en sus inicios, algo que hoy parece inviable para la industria.

Este modelo de producción encierra un peligro latente para la sostenibilidad económica de las empresas de entretenimiento. El 54% de los encuestados para el estudio admitió que consideraría cancelar su suscripción a un servicio debido a las largas esperas para ver nuevo contenido de su interés.
Al respecto, Christen Tamisin, analista senior de Ampere Analysis, advirtió: "Muchos programas originales construyen audiencias altamente dedicadas que permanecen leales a pesar de las esperas cada vez más largas entre temporadas. Sin embargo, las plataformas de streaming necesitan equilibrar los cronogramas de producción de las superproducciones con un flujo constante de contenido. Las brechas prolongadas pueden generar anticipación en torno a los títulos principales, pero también pueden alentar a las audiencias a cancelar suscripciones y regresar solo cuando los programas importantes vuelven a la pantalla".

El riesgo de fuga de usuarios se vuelve todavía más crítico cuando se analiza el comportamiento de las audiencias más jóvenes. De acuerdo con otra investigación complementaria realizada por Dentsu e IGN Entertainment, más de la mitad de los usuarios pertenecientes a la Generación Z reconoció que prefiere dar de baja y reactivar sus cuentas de streaming para ir pagar solo por lo que ven en lugar de mantener una suscripción fija mensual.