29/05/2026 - Edición Nº1207

Internacionales

Hidrocarburos

Donald Trump baja la presión sobre Venezuela y abre otra pelea petrolera

29/05/2026 | El freno a causas contra Delcy Rodríguez expone un giro de Washington con impacto en energía, sanciones y Vaca Muerta.



La administración de Donald Trump ordenó a fiscales federales de Miami no avanzar con investigaciones criminales contra Delcy Rodríguez, figura central del nuevo gobierno venezolano. El movimiento marca un cambio de tono en la política de Washington hacia Caracas, porque llega después de meses de presión judicial, sanciones y señales de endurecimiento. El dato no queda encerrado en la justicia norteamericana: toca petróleo, inversión extranjera y diplomacia regional. Para la Argentina, que busca vender a Vaca Muerta como polo energético confiable, la normalización venezolana puede convertirse en competencia directa por capitales.

El giro es relevante porque Estados Unidos ya venía recalibrando su relación con Venezuela desde el sector energético. La apertura parcial a operaciones petroleras y gasíferas mostró que Washington no miraba solo el tablero político, sino también el costo económico de mantener cerrada una de las mayores reservas de crudo del mundo. Ahora, al bajar la presión sobre una dirigente clave del poder venezolano, Trump suma una señal de negociación más amplia. La pregunta ya no es únicamente qué concede Caracas, sino qué obtiene Estados Unidos en energía, contratos y capacidad de influencia regional.

Venezuela 


Venezuela es un país de la costa norte de América del Sur, con diversas atracciones naturales. A lo largo de su costa en el Caribe, hay islas turísticas tropicales, entre ellas la Isla de Margarita y el archipiélago Los Roques. 

Petróleo y justicia

Delcy Rodríguez funciona como símbolo de ese cambio. Durante años, su nombre estuvo asociado al régimen sancionado, a la confrontación con Washington y a la arquitectura política que sostuvo al chavismo en el poder. Que la Casa Blanca ordene frenar investigaciones contra ella no implica absolución política, pero sí indica prioridad estratégica: si Venezuela vuelve a ser útil para empresas, refinerías y negociadores, la presión judicial puede dejar de ser la herramienta central. El petróleo pasa a ordenar la conversación, incluso cuando los expedientes siguen existiendo.

Ese tipo de giro también muestra cómo las sanciones pueden cambiar de función. Primero sirven para aislar, encarecer financiamiento y limitar margen de maniobra; después pueden convertirse en moneda de negociación. En el caso venezolano, el incentivo económico es claro: más producción implicaría divisas para Caracas, contratos para compañías extranjeras y oferta adicional para un mercado energético sensible. La contracara fiscal es que cada alivio también pregunta quién paga el costo político de normalizar vínculos con un poder cuestionado, y qué control real queda sobre los compromisos asumidos.


Trump frena causas contra Delcy Rodríguez y abre un giro petrolero regional para Milei.

La señal para Milei

Argentina mira este movimiento desde una posición incómoda y a la vez estratégica. Milei busca consolidar una alianza con Trump basada en apertura económica, inversión privada y afinidad política, mientras Vaca Muerta necesita infraestructura, previsibilidad regulatoria y dólares para escalar exportaciones. Si Washington vuelve a habilitar negocios relevantes en Venezuela, el capital energético tendrá más opciones dentro de la región. En esa competencia, la carga impositiva, los permisos, el transporte y la estabilidad contractual pesan tanto como la geología.


Venezuela vuelve al radar energético de EE.UU. y compite por capital con Vaca Muerta.

El cierre argentino no pasa por Caracas, sino por la velocidad con la que Buenos Aires convierta su alineamiento político en proyectos concretos. Una Venezuela parcialmente normalizada puede recuperar lugar en el mapa petrolero, pero arrastra riesgos institucionales y reputacionales que la Argentina puede usar como contraste si ofrece reglas claras. El dato de fondo es fiscal: atraer inversión energética no depende solo de discursos, sino de reducir incertidumbre para que el contribuyente no termine financiando atrasos, subsidios o infraestructura incompleta. En esa pelea, Trump acaba de mover una pieza que Milei no puede ignorar.