Pixar se prepara para un regreso muy esperado con el próximo estreno de Toy Story 5, programado para este 17 de junio. En esta nueva entrega, el foco de la narrativa se desplazará de manera significativa hacia Jessie, la vaquera de juguete que se ganó el corazón de la audiencia desde su aparición en la segunda película. A través de este nuevo largometraje, el estudio no solo expandirá las vivencias del personaje, sino que también aprovechará la oportunidad para resolver de forma definitiva uno de los mitos más grandes creados por la comunidad de fanáticos.
Durante años, los seguidores de la saga sostuvieron una elaborada hipótesis que vinculaba el pasado de la muñeca con el entorno de su posterior dueño. Esta famosa teoría afirmaba que la madre de Andy era en realidad Emily, la niña que en el pasado abandonó a Jessie en una caja de donaciones debido a que había crecido y cambiado sus intereses.

Los argumentos se basaban en las similitudes estéticas del sombrero que usaba Andy, la ambientación de los años sesenta y setenta en el dormitorio de la infancia de Emily, y el hecho de que nunca se revelara el apellido de la pequeña ni el nombre de pila de la mamá del niño. Sin embargo, los adelantos del nuevo filme desmienten categóricamente esta suposición al mostrar una realidad completamente diferente sobre el destino de aquella joven.
La trama de la quinta entrega se desencadena a partir de un noble pero fallido intento de Jessie por ayudar a Bonnie, su dueña actual, a desarrollar sus habilidades sociales en el mundo real en lugar de aislarse con la tecnología. Por un imprevisto, la vaquera y su caballo Tiro al Blanco terminan extraviados y regresan de manera impensada a la antigua casa de campo donde habitó Emily en su niñez.
En ese rancho rural conocen a Blaze, una adolescente que actualmente reside allí y que mantiene su afición por las figuras ecuestres. En este entorno, conviviendo con animales verdaderos y juguetes olvidados, queda demostrado que la dueña original siguió adelante con su vida en su hogar natal de toda la vida, sepultando de manera oficial la antigua teoría de los fanáticos.