El ministro de Cultura de República Dominicana, Roberto Ángel Salcedo, mantuvo en París una reunión con Khaled El-Enany, director general de la UNESCO, para revisar la agenda de cooperación entre el país caribeño y el organismo internacional. El encuentro se realizó en la sede de la organización y tuvo como eje el seguimiento de proyectos culturales, patrimoniales y educativos vinculados con la presencia dominicana en espacios multilaterales.
La cita también se dio en el marco de actividades regionales de América Latina y el Caribe, un escenario que República Dominicana busca aprovechar para proyectar su política cultural fuera de sus fronteras. En ese contexto, Salcedo y El-Enany abordaron la continuidad de iniciativas ya abiertas y el interés dominicano en sostener una participación activa dentro de la UNESCO. El punto central fue consolidar la cultura como herramienta diplomática y de cooperación técnica.
Uno de los ejes más sensibles de esa relación es la protección del patrimonio cultural, especialmente en sitios históricos con valor arqueológico y turístico. República Dominicana viene trabajando con UNESCO en la investigación del patrimonio subacuático de La Isabela, un área vinculada con los primeros asentamientos europeos en América y con posibles restos sumergidos de finales del siglo XV. Ese tipo de proyectos exige coordinación científica, financiamiento técnico y reglas claras para evitar deterioro, saqueo o explotación comercial sin control.
La cooperación con UNESCO permite al país caribeño ordenar esa agenda con estándares internacionales y, al mismo tiempo, reforzar su perfil cultural ante otros Estados. En la reunión de París, el vínculo no quedó limitado a una foto protocolar: funcionó como continuidad de una línea de trabajo que combina patrimonio, turismo, educación y cambio climático. Para los pequeños Estados insulares, la cultura también es una forma de defender territorio, memoria histórica y recursos asociados al desarrollo.

El caso dominicano muestra cómo la diplomacia cultural ganó peso dentro de la política exterior de varios países latinoamericanos. Ya no se trata solo de preservar museos, monumentos o archivos, sino de convertir el patrimonio en una plataforma de cooperación, turismo y posicionamiento internacional. En el Caribe, esa discusión tiene un componente adicional: la exposición al cambio climático y la presión sobre zonas costeras donde conviven historia, economía local y ecosistemas frágiles.

La reunión entre Salcedo y El-Enany deja abierta una agenda de seguimiento para proyectos culturales dominicanos dentro de UNESCO. El resultado concreto dependerá de cuánto avance esa cooperación en programas, asistencia técnica y visibilidad internacional. Para República Dominicana, el desafío será transformar el respaldo institucional en políticas sostenidas, con impacto en conservación, formación profesional y promoción cultural. El patrimonio puede ser un activo económico, pero también demanda inversión pública, planificación y control.