13/06/2026 - Edición Nº1222

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Israel activa su red médica bajo fuego y sostiene a soldados y civiles heridos

13/06/2026 | Ambulancias, quirófanos y rehabilitación muestran cómo el Estado sostiene a soldados y civiles heridos bajo amenaza permanente.



La reunión con un soldado herido en Israel no es solo una escena humana dentro de una agenda oficial. Es una puerta de entrada a una de las dimensiones menos visibles de la guerra: la red médica que empieza en el frente, sigue en la ambulancia, pasa por el quirófano y puede terminar años después en rehabilitación física y psicológica. En un país obligado a defenderse de Hamas, Hezbollah y la presión regional de Irán, la medicina de guerra se volvió una extensión de la seguridad nacional. Israel no solo combate para sobrevivir: también organiza un sistema para reconstruir a quienes pagan el costo directo de esa defensa.

El 7 de octubre mostró esa realidad con una crudeza extrema. Mientras Hamas atacaba comunidades del sur, bases militares y civiles, Magen David Adom y los hospitales israelíes debieron responder bajo condiciones de combate, evacuaciones difíciles y amenaza de nuevos ataques. Estudios sobre la respuesta médica de ese día registraron miles de despachos de emergencia y una presión simultánea sobre ambulancias, salas de trauma y equipos quirúrgicos. El dato central no es solo la cantidad de heridos, sino la capacidad de un Estado pequeño para activar una red nacional cuando el ataque buscaba producir colapso, miedo y parálisis.


Israel, oficialmente Estado de Israel, es un estado soberano de Asia occidental ubicado en la región de Oriente Próximo, en el Levante mediterráneo.

Del ataque al quirófano

La medicina de guerra israelí no se improvisó después del 7 de octubre. El país desarrolló durante décadas protocolos de emergencia, simulacros hospitalarios, coordinación entre defensa civil, ambulancias, Ejército y centros médicos preparados para recibir múltiples víctimas. Esa arquitectura permitió que hospitales como Soroka, Barzilai, Sheba y Hadassah absorbieran heridos con lesiones por disparos, explosiones, quemaduras, traumatismos y daños internos. En Israel, el hospital no funciona separado del frente: es una segunda línea de defensa de la sociedad civil y militar.

Esa segunda línea exige algo más que camas disponibles. Requiere cirujanos entrenados, bancos de sangre, imágenes, unidades de cuidados intensivos, traslado rápido, comunicación con fuerzas de seguridad y capacidad para operar incluso bajo alarma de misiles. Por eso la experiencia israelí tiene una lectura política clara: un país rodeado de amenazas no puede depender de respuestas lentas ni de sistemas sanitarios pensados para tiempos normales. La preparación médica forma parte de la misma doctrina que protege ciudades, fronteras y familias.


Israel lleva la medicina de guerra del frente al quirófano y rehabilita a sus heridos.

Rehabilitar la guerra

La etapa más larga empieza después de salvar la vida. El Ministerio de Defensa israelí informó que más de 16.000 heridos de la guerra iniciada el 7 de octubre recibieron tratamiento en su Departamento de Rehabilitación, dentro de un sistema que ya atiende a decenas de miles de veteranos y personal de seguridad. La mitad de los heridos tratados presenta angustia psicológica, una parte combina lesiones físicas y trauma mental, y decenas de amputados ya recibieron prótesis. El perfil también dice mucho sobre el país movilizado: la mayoría son reservistas y muchos son jóvenes que salieron de su vida civil para defender al Estado.


Prótesis y trauma sostienen a soldados israelíes heridos tras el combate y cirugía claves.

Hadassah encaja en esa historia porque convirtió la rehabilitación en una misión nacional. El Centro Gandel, en Monte Scopus, fue acelerado después del ataque de Hamas para responder a la falta de camas y a la necesidad de tratamientos prolongados para soldados y civiles. Allí la medicina no termina en la cirugía: incluye fisioterapia, terapia ocupacional, apoyo psicológico, acompañamiento familiar, tecnología, prótesis y recuperación de autonomía. La fortaleza israelí no está solo en interceptar cohetes o ganar batallas, sino en volver a poner de pie a sus heridos. Esa es la otra cara de un país bajo ataque: defender, curar y reconstruir al mismo tiempo.


Hadassah y Sheba muestran cómo Israel cura bajo fuego, con ciencia y rehabilitación plena.