Israel volvió a mirar a América Latina como un frente diplomático decisivo después del 7 de octubre. La región ya no aparece solo como un espacio de vínculos comerciales, cooperación tecnológica o gestos protocolares: también funciona como un tablero donde se definen apoyos políticos, condenas al terrorismo, seguridad de comunidades judías y posiciones frente al antisemitismo. Para Jerusalén, la relación con América Latina dejó de ser secundaria porque la batalla por la legitimidad también se libra lejos de Medio Oriente.
El punto de partida es la masacre cometida por Hamas contra civiles israelíes, familias, jóvenes, kibutzim y ciudades fronterizas. Desde entonces, Israel busca explicar que su doctrina de seguridad no surge de una abstracción militar, sino de una experiencia concreta de vulnerabilidad nacional. Después del 7 de octubre, defender a Israel también significa defender la memoria de las víctimas y rechazar la normalización del terrorismo como herramienta política.
América Latina quedó partida entre gobiernos que reforzaron su cercanía con Israel y otros que eligieron endurecer su condena diplomática. Argentina, Paraguay y Guatemala aparecen como puntos favorables para Jerusalén. Argentina declaró a Hamas organización terrorista internacional y profundizó su alineamiento con Israel; Paraguay reabrió su embajada en Jerusalén como señal política de respaldo; Guatemala mantiene una relación histórica con el Estado judío y un vínculo económico que incluye un tratado de libre comercio vigente.
Del otro lado, Bolivia rompió relaciones con Israel, Colombia avanzó hacia una ruptura diplomática, Chile llamó a consultas a su embajador y Nicaragua también cortó vínculos. Esa fractura regional explica por qué Israel necesita una diplomacia activa, sostenida y clara. No alcanza con tener razón moral frente al ataque terrorista: también hay que defender esa verdad en organismos internacionales, medios, universidades y gobiernos donde muchas veces el 7 de octubre queda desplazado por lecturas parciales del conflicto.

Argentina ocupa un lugar especial porque conoce el terrorismo contra objetivos judíos e israelíes en carne propia. El atentado contra la Embajada de Israel en 1992 y el ataque contra la AMIA en 1994 dejaron una memoria nacional que vuelve más comprensible la preocupación israelí por Hamas, Hezbollah e Irán. Cuando el Estado argentino declara terroristas a Hamas, Hezbollah o la Guardia Revolucionaria iraní, no solo acompaña a Israel: también ordena su propia historia de dolor, inteligencia pendiente y seguridad democrática.
Visitamos la Municipalidad de Mariscal Estigarribia y el Tercer Cuerpo de Ejército, recorriendo el Museo de la Guerra del Chaco, la escuela del distrito y la segunda pista de aviación más grande de Latinoamérica.
— Embajada de Israel en Paraguay (@IsraelinPY) May 28, 2026
Recorrido por la historia, la identidad y el potencial del Chaco pic.twitter.com/C8eCHs5LSw
Los Acuerdos de Isaac resumen ese nuevo momento regional. Israel y Argentina buscan construir una plataforma hemisférica basada en libertad, democracia, lucha contra el terrorismo, combate al antisemitismo y cooperación frente al narcotráfico. Israel no mira a América Latina por protocolo: la mira porque allí puede encontrar aliados capaces de distinguir entre crítica política y justificación del terror. En esa claridad se juega una parte de la diplomacia israelí después del 7 de octubre.