José Antonio Kast puso la educación en el centro de su agenda con una reforma al Sistema de Admisión Escolar de Chile. El proyecto busca que los colegios con más demanda puedan volver a seleccionar parte de sus alumnos mediante criterios como rendimiento académico, cercanía territorial y adhesión al proyecto educativo. El cambio apunta contra el modelo de asignación aleatoria instalado tras la Ley de Inclusión Escolar. La discusión ya no es solo chilena: vuelve a poner sobre la mesa el valor político del mérito.
La propuesta llega en un momento regional marcado por gobiernos que cuestionan el tamaño del Estado, la eficiencia del gasto público y los resultados concretos de los sistemas sociales. En Argentina, Milei recibió a Kast en la Casa Rosada en abril de 2026, en una señal de afinidad política dentro del Cono Sur. La reforma escolar chilena entra en ese mismo clima: menos sorteo, más evaluación y más autonomía para instituciones y familias.
El SAE chileno funciona como una plataforma centralizada de postulación para establecimientos públicos y particulares subvencionados. Con la reforma, el Gobierno propone mantener la plataforma, pero agregar un mecanismo de “Elección Mutua” para que ciertos colegios puedan priorizar alumnos bajo criterios definidos. El oficialismo sostiene que el esquema actual no logró resolver la segregación educativa y que terminó reduciendo la capacidad de elección real de las familias.
El punto sensible es quién decide el ingreso cuando la demanda supera la oferta. El modelo aleatorio promete igualdad formal, pero también puede desactivar incentivos al esfuerzo en una etapa clave del recorrido escolar. La selección, en cambio, premia rendimiento o afinidad institucional, aunque obliga a discutir qué resguardos existen para estudiantes vulnerables. La pregunta fiscal también pesa: cuánto invierte el contribuyente en un sistema que no mide resultados con suficiente claridad.

Para Argentina, el caso funciona como espejo porque el país discute calidad educativa, ausentismo, evaluación, autonomía escolar y deterioro de aprendizajes. El debate chileno muestra que la región ya no habla solo de inclusión como acceso, sino también de resultados, exigencia y responsabilidad institucional. En ese terreno, Kast convierte una reforma técnica en una señal política: la escuela también forma parte del giro regional hacia eficiencia, competencia y rendición de cuentas.

El riesgo para cualquier gobierno es confundir mérito con exclusión o igualdad con nivelación hacia abajo. La diferencia estará en los datos: cupos protegidos, medición de aprendizajes, transparencia del proceso y resultados comparables. Si Chile logra instalar selección sin romper equidad, el debate cruzará la cordillera con fuerza. La discusión argentina será inevitable: si el Estado financia educación, también debe explicar qué resultados obtiene por cada peso público invertido.