11/07/2026 - Edición Nº1250

Internacionales

Presión migratoria

La ola antimigración en Sudáfrica y el efecto real sobre fronteras y empleo

11/07/2026 | Los movimientos antimigración presionan por deportaciones y controles más duros en un país atravesado por desempleo y servicios saturados.



Operation Dudula y March and March se convirtieron en las organizaciones más visibles de la actual presión callejera contra la inmigración irregular en Sudáfrica. Aunque suelen participar en movilizaciones comunes, tienen orígenes, liderazgos y estructuras diferentes. Operation Dudula nació en Soweto durante 2021, amplió su presencia hacia otras provincias y posteriormente se registró como partido político. March and March surgió en Durban en 2025 como un movimiento cívico encabezado por Jacinta Ngobese-Zuma. Ambas organizaciones reclaman que el Estado acelere las deportaciones, refuerce las fronteras y reserve empleos y servicios públicos para los ciudadanos sudafricanos.

Las marchas coordinadas el 30 de junio de 2026 mostraron la capacidad de estos grupos para transformar el descontento social en una campaña nacional. Las concentraciones alcanzaron ciudades como Pretoria, Durban, Johannesburgo y Ciudad del Cabo, mientras numerosos comercios cerraron de manera preventiva ante el temor de incidentes. Después de esa jornada, March and March anunció que mantendría movilizaciones semanales hasta obtener respuestas concretas del Gobierno. Operation Dudula, conducida nacionalmente por Zandile Dabula, conserva una organización territorial más antigua y experiencia en protestas frente a hospitales, escuelas, comercios y oficinas gubernamentales. La convergencia entre ambas estructuras amplificó una agenda que antes estaba fragmentada.

 


Sudáfrica es un país del extremo más meridional del continente africano que se caracteriza por sus numerosos ecosistemas distintos. En el interior, el Parque Nacional Kruger es un destino para el safari, poblado de caza mayor.

De la calle a la presión política

La principal exigencia de los movimientos es que las autoridades identifiquen, detengan y deporten con mayor rapidez a las personas que permanecen en el país sin documentación regular. También reclaman más agentes fronterizos, inspecciones laborales y controles sobre comercios sospechados de contratar extranjeros sin autorización. Sin embargo, la cifra exacta de inmigrantes indocumentados continúa sin determinarse, lo que dificulta medir el alcance real del problema. El Ministerio del Interior deportó 57.784 personas durante el ejercicio 2025-2026 y acumuló 109.344 expulsiones en dos años. Estos números muestran que existe una política estatal activa, aunque los grupos consideran insuficiente su velocidad y presencia territorial.

El crecimiento de estas organizaciones se apoya en una crisis económica que afecta directamente a millones de sudafricanos. El desempleo nacional alcanzó 32,7% durante el primer trimestre de 2026 y superó 60% entre los jóvenes de 15 a 24 años. A la falta de empleo se suman hospitales sobrecargados, déficit habitacional, escuelas con recursos limitados y servicios municipales deteriorados. Los inmigrantes representaban 3,9% de la población en el censo de 2022, por lo que su presencia no explica por sí sola el deterioro estructural. Los movimientos convierten problemas acumulados durante décadas en una disputa migratoria de resolución aparentemente inmediata.


Operation Dudula y March and March elevan la presión migratoria ya en calles sudafricanas.

El límite del activismo

La controversia central aparece cuando la protesta política deriva en controles de identidad, cierres de comercios o bloqueos al acceso de extranjeros a servicios esenciales. Los tribunales establecieron que la aplicación de las normas migratorias corresponde exclusivamente a las autoridades públicas y que las organizaciones civiles no pueden sustituir a la Policía ni al Ministerio del Interior. Las acciones frente a centros sanitarios y establecimientos educativos provocaron intervenciones judiciales y advertencias oficiales por posibles actos de hostigamiento. Reclamar una política migratoria más estricta es una actividad política legítima, pero inspeccionar personas o impedirles atención médica constituye una forma de vigilantismo.


Las protestas reclaman deportaciones, más control fronterizo y prioridad para los locales.

Operation Dudula y March and March seguirán influyendo mientras el Gobierno no reduzca la distancia entre las normas migratorias, su aplicación efectiva y las expectativas de la población. Su expansión revela una pérdida de confianza en la capacidad estatal para controlar fronteras, fiscalizar empleadores y sostener servicios públicos de calidad. El desafío consiste en responder a esas demandas sin convertir la nacionalidad o el origen africano en criterios para excluir personas de manera arbitraria. La evolución del movimiento dependerá de si permanece dentro de la competencia política y la protesta pacífica o vuelve a utilizar métodos de intimidación que puedan alimentar nuevos episodios de violencia xenófoba.