14/07/2026 - Edición Nº1253

Internacionales

Crisis Internacional

Donald Trump reactivó el bloqueo naval a Irán y sube la tensión en el estrecho de Ormuz

14/07/2026 | Washington reactiva el bloqueo naval a Irán y cobra un peaje a la carga en Ormuz, mientras Teherán declara cerrado el paso y habla de guerra.



El gobierno de Estados Unidos restableció este lunes el cerco naval que mantenía sobre los puertos iraníes y notificó que administrará el tránsito por el estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que circula una porción decisiva del comercio energético mundial. La medida se anunció primero en televisión y después se formalizó por escrito, en un giro que revierte el entendimiento alcanzado semanas atrás entre Washington y Teherán. El paso vuelve a quedar bajo control estadounidense después de un breve paréntesis de distensión. La decisión llega en medio de un nuevo ciclo de ataques cruzados entre las dos potencias, lo que reduce el margen para una salida negociada en el corto plazo.

La orden dispone que el tránsito seguirá abierto para el conjunto de la navegación internacional, pero cierra el paso de manera exclusiva a buques y compradores iraníes, una distinción que queda en el centro de la nueva política. A esa restricción se suma el cobro anunciado sobre toda la carga que cruce el estrecho, presentado como compensación por los costos de seguridad de una zona descrita como sumamente volátil. La superposición entre un estrecho declarado abierto y un bloqueo dirigido a un solo país es, en los hechos, la tensión central del anuncio. Ese esquema todavía no cuenta con un mecanismo público de aplicación ni con plazos definidos para su entrada en vigencia.

 


El estrecho de Ormuz, a veces escrito «Ormuz» en la prensa probablemente por influencia del inglés, es un estrecho angosto entre el golfo de Omán, localizado al sudeste, y el golfo Pérsico, al sudoeste.

Un cobro sin reglas claras

El anuncio no incluye precisiones sobre la forma de cobro, las empresas o banderas alcanzadas, el sustento jurídico invocado ni el procedimiento previsto para un buque que decida no pagar. Ese vacío operativo convierte al peaje en una declaración de intención antes que en una política ejecutable de manera inmediata, algo que distintos gobiernos y organismos internacionales cuestionaron horas después al reclamar que el paso se mantenga libre de tasas. La ausencia de un marco regulatorio público es, hasta ahora, el punto más débil de la medida. La magnitud del cobro además resulta significativa si se considera que la mayor parte del tráfico que atraviesa Ormuz corresponde a buques de terceros países, no a Irán.

Del otro lado, Irán rechazó de manera categórica cualquier intento de administración extranjera del estrecho y ratificó el cierre que había decretado días antes, en lo que presenta como una defensa de su soberanía sobre la vía. Las fuerzas iraníes sostienen que mantienen el control efectivo del paso y que la normalización del tráfico solo será posible cuando cesen las operaciones militares estadounidenses en la región. Dos versiones irreconciliables sobre quién ejerce autoridad en Ormuz conviven en simultáneo, lo que multiplica el riesgo de un incidente naval. El intercambio de ataques se extendió además a otros países del golfo Pérsico que albergan bases estadounidenses, ampliando el radio de la crisis más allá del propio estrecho.


Trump se proclama guardián de Ormuz y cobra 20% a la carga que cruce el estrecho.

Un precedente para el comercio marítimo

Más allá del resultado inmediato del pulso entre Washington y Teherán, el episodio instala un antecedente relevante para el derecho marítimo internacional: la posibilidad de que una potencia militar fije de manera unilateral una tarifa sobre un paso estratégico compartido. Ormuz concentra una porción decisiva del transporte mundial de petróleo y de gas natural licuado, por lo que cualquier alteración prolongada de su funcionamiento repercute de inmediato en el precio de la energía y en los costos logísticos de las cadenas de suministro globales. Que el control de un estrecho internacional pueda tarifarse según la voluntad de un solo actor modifica una lógica de libre navegación vigente durante décadas. Los mercados energéticos ya reaccionaron a la incertidumbre con movimientos al alza en los precios de referencia del crudo.


Irán declaró cerrado el estrecho y advirtió que sería un acto de guerra abierta.

El desenlace de las próximas horas será determinante para saber si el esquema anunciado queda como una amenaza retórica o se transforma en una práctica sostenida en el tiempo. Economías que dependen de rutas marítimas abiertas y de una energía con precios previsibles, entre ellas varias de América Latina, seguirán de cerca cómo evoluciona la disputa, ya que un encarecimiento sostenido del petróleo tiende a trasladarse rápido a los costos internos de transporte y producción. La discusión sobre quién puede cobrar por el paso de un estrecho internacional excede el conflicto puntual entre Estados Unidos e Irán y alcanza a cualquier país que dependa del comercio marítimo global. Por ahora, la única certeza es que el estrecho de Ormuz volvió a convertirse en el punto donde se dirime buena parte del equilibrio energético mundial.