La decisión de Río Negro de avanzar en un proyecto para formalizar la comercialización de carne de jabalí volvió a poner sobre la mesa el crecimiento de esta especie invasora. Sin embargo, en la provincia de Buenos Aires el debate todavía pasa por otro lado: productores y autoridades buscan contener una población que crece año tras año, genera importantes pérdidas económicas y representa un riesgo sanitario.
Desde la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) advirtieron a NewsDigitales que el avance del jabalí ya dejó de ser un problema localizado y hoy alcanza a gran parte del territorio bonaerense.
En paralelo, el Ministerio de Desarrollo Agrario provincial mantiene vigente un esquema de caza plaguicida para intentar controlar la especie.
El presidente de CARBAP, Ignacio Kovarsky, aseguró que la presencia de jabalíes dejó de concentrarse en algunas regiones del oeste bonaerense y hoy se extendió a distintas zonas productivas.
"Es un fenómeno que viene hace varios años desparramándose. Antes había lugares donde era típico, como parte de Trenque Lauquen o Henderson, pero ahora hay absolutamente por todos lados", sostuvo.
Según explicó, el problema ya no solo afecta a los establecimientos rurales sino también a la seguridad vial. "Hay tanta cantidad que ya se registran accidentes en las rutas con jabalíes", advirtió.
Entre las zonas más afectadas mencionó partidos como Olavarría, Dolores, Chascomús, Trenque Lauquen y gran parte del sudoeste bonaerense, incluido el área de Bahía Blanca.
Para el dirigente rural, el impacto económico es cada vez mayor debido a los daños que producen sobre los cultivos, especialmente en los lotes de maíz.
"Se meten dentro del maíz y no salen hasta la cosecha. Cuando los querés correr es peor porque voltean una cantidad enorme de plantas", explicó.
Pero además alertó sobre un aspecto que considera igual de preocupante: el sanitario. Kovarsky señaló que el cruce entre jabalíes y cerdos domésticos favoreció la aparición de casos de triquinosis detectados en animales silvestres. "Después empezó a pasar que se cruzan con el chancho blanco y se ha detectado muchas veces triquinosis en jabalí", afirmó.
Incluso agregó que también comenzaron a detectarse pumas infectados tras alimentarse de estos animales. La preocupación coincide con una serie de brotes registrados en las últimas semanas en la provincia de Buenos Aires.
El Ministerio de Salud bonaerense confirmó 58 casos de triquinosis en General Madariaga y la clausura de una carnicería. A ese episodio se sumó un episodio más directo: un brote en Mayor Buratovich, partido de Villarino, donde las autoridades confirmaron más de 50 casos entre personas que participaron de una carneada y consumieron productos elaborados con un jabalí cazado por el mismo grupo.
MAYOR BURATOVICH: PREOCUPACIÓN POR UN BROTE DE TRIQUINOSIS QUE AFECTA A 50 PERSONAS
— apepe (@apepe_bahia) July 13, 2026
Según explicó la jefa de Epidemiología de Región Sanitaria 1, Jorgelina Scuffi, el brote tuvo lugar en un entorno familiar tras la caza de un chancho jabalí.
Si bien los casos confirmados son… pic.twitter.com/LQ5gIDu3Dl
Desde CARBAP remarcaron que el mayor riesgo aparece cuando quienes cazan jabalíes elaboran embutidos o consumen carne sin realizar previamente los análisis correspondientes.
"Los que hacen chorizos y no hacen los análisis corren peligro de contagiarse de triquinosis", advirtió Kovarsky.
En ese sentido, el dirigente recordó que actualmente las muestras pueden analizarse en las áreas de Bromatología de los municipios antes del consumo, una medida clave para prevenir nuevos brotes de la enfermedad.
Mientras tanto, Río Negro impulsa un proyecto para formalizar un circuito de faena y comercialización de carne de jabalí bajo controles sanitarios. La iniciativa busca incorporar esta carne al mercado legal mediante frigoríficos habilitados y trazabilidad.
En Buenos Aires, en cambio, ese escenario todavía aparece lejano. "Nosotros no hemos hablado de formalizar la comercialización. Hoy el esquema es que el que lo caza lo consume", explicó Kovarsky.
El dirigente señaló que sí conoce experiencias de comercialización informal en La Pampa, donde incluso existen carnicerías y publicaciones en redes sociales ofreciendo carne de jabalí, aunque advirtió sobre los riesgos que implica la falta de controles.
"Cuando se pierde la trazabilidad no sabés de dónde viene el animal, quién lo cazó ni si se hicieron los análisis", sostuvo. No obstante, consideró que un sistema formal sería positivo si estuviera respaldado por controles sanitarios. "Hacerlo vía frigorífico sería espectacular", afirmó.
Frente al crecimiento de la especie, el Ministerio de Desarrollo Agrario habilitó la caza plaguicida del jabalí europeo en prácticamente todo el territorio bonaerense, con excepción de las áreas naturales protegidas.
La disposición establece que los municipios pueden solicitar la exclusión de esta modalidad dentro de sus distritos mediante un acto administrativo fundado. También fija estrictas distancias mínimas de seguridad respecto de caminos, zonas urbanas y viviendas, exige autorización escrita del propietario del campo, licencia de caza habilitante y la documentación correspondiente para el transporte de los animales capturados.
Además, contempla la posibilidad de comercializar la carne obtenida durante el control de la especie, aunque únicamente si se cumplen las normas sanitarias, de inocuidad y las habilitaciones establecidas por las autoridades competentes.
Según explicó Ignacio Kovarsky, CARBAP trabajó junto al Ministerio de Desarrollo Agrario y la Patrulla Rural para establecer un protocolo que permita realizar estos controles de manera segura.
"Se le da aviso a la Patrulla Rural de la zona donde vas a estar cazando y podés hacerlo. Incluso se están dando capacitaciones sobre cómo realizar el procedimiento", indicó.
Además, señaló que también se analizan otras alternativas, como el uso de trampas, ante el crecimiento constante de la población de jabalíes.
Otro de los problemas que preocupa a los productores es el ingreso de cazadores sin autorización a los establecimientos rurales.
Kovarsky advirtió que muchas personas ingresan armadas y con perros sin avisar ni a los propietarios ni a la Patrulla Rural, lo que genera situaciones de inseguridad.
"No sabés si están cazando chanchos o si te van a robar. Los campos son propiedad privada y para cazar hay que tener permiso", afirmó.
En ese sentido, recordó que CARBAP impulsa una modificación de la legislación vigente para reforzar la protección de la propiedad privada y que el derecho del productor se extienda desde el alambrado del establecimiento y no únicamente al casco o la vivienda rural.
Mientras Río Negro abre el debate sobre la posibilidad de incorporar la carne de jabalí a un circuito comercial formal bajo controles sanitarios, en Buenos Aires la prioridad sigue siendo contener el avance de una especie que ya se consolidó como una de las principales plagas para la producción agropecuaria.
Para los productores, el desafío pasa por mejorar las herramientas de control, reforzar la prevención sanitaria y evitar que una problemática que hoy afecta a los campos termine teniendo un impacto aún mayor sobre la producción y la salud pública.