16/07/2026 - Edición Nº1255

Internacionales

Realidad Nuclear

OIEA, Ormuz y la Guardia Revolucionaria: las tres claves del nuevo choque global

16/07/2026 | El OIEA perdió el rastro de 440,9 kilos de uranio iraní enriquecido al 60%. Esa incógnita alimenta la guerra abierta con Estados Unidos.



Enriquecer uranio significa aumentar la proporción del átomo que sirve para liberar energía: cuanto más alto el porcentaje, menos cantidad hace falta. El grado armamentístico se sitúa en el 90%, y los expertos subrayan que la brecha técnica entre el 60% y el 90% es mucho menor que la que separa al uranio natural del 60%. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) describió ese nivel como un enriquecimiento sin justificación civil plausible. Su director general, el argentino Rafael Grossi, advirtió que esa cantidad de material, refinada hasta niveles militares, podría alcanzar para producir hasta diez armas nucleares, aunque aclaró que eso no significa que Irán posea bombas atómicas.

La cifra tampoco es una versión suelta: es un dato oficial del OIEA. Un informe de Grossi distribuido entre los Estados miembros fijó el stock en 440,9 kilogramos de uranio al 60%, la contabilidad previa a los bombardeos estadounidenses e israelíes de junio de 2025. La cifra de 400 kilos que circula en paralelo no la contradice: es el número redondeado que se maneja en la negociación sobre la dilución del material, uno de los puntos del acuerdo entre Washington y Teherán. Dos números, dos contextos, ninguna contradicción.

 


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Lo que está en discusión no es cuánto uranio hay ni para qué serviría, sino dónde está. Desde los ataques, Irán no informó al OIEA sobre el estado ni el paradero del material y no permitió el regreso de los inspectores a las instalaciones afectadas. El organismo reconoció haber perdido lo que llama "continuidad del conocimiento": ya no puede determinar el tamaño, la composición ni la ubicación de las existencias. Grossi estima que más de 200 kilos siguen en el complejo de túneles de Isfahán, que resistió la ofensiva, pero admitió que es lógico presumir que Irán movió parte del material antes de los bombardeos.

El acuerdo roto

El acuerdo que ambos países firmaron hace menos de un mes quedó, en los hechos, sin efecto. Washington y Teherán habían sellado el 17 de junio el Memorando de Entendimiento de Islamabad —un texto de catorce puntos que fija compromisos pero no obliga como un tratado—, pensado para terminar la guerra y abrir una negociación de 60 días hacia un acuerdo definitivo. El 7 de julio Estados Unidos reanudó los bombardeos y al día siguiente Trump declaró terminado el alto el fuego. El Comando Central informó que sus fuerzas alcanzaron más de 300 objetivos en Irán en cuatro rondas de ataques durante esa semana.

Teherán responsabiliza a Washington. El vocero de la cancillería iraní, Esmaeil Baghaei, sostuvo el lunes 13 en su conferencia semanal que el memorándum entró en una fase de crisis porque Estados Unidos incumplió sus obligaciones, y que Irán aplica un principio de compromiso por compromiso. Un día después, el viceministro Kazem Gharibabadi fue más lejos: afirmó que no queda ninguna obligación vigente del acuerdo, ni para un lado ni para el otro. Ninguna de las dos partes, sin embargo, lo declaró formalmente muerto: el pacto sobrevive más en el papel que en la práctica.


El OIEA perdió el rastro de 440,9 kilos de uranio iraní enriquecido al 60%.

En Washington, el conflicto también es interno. Trump notificó al Congreso por carta fechada el 10 de julio, dirigida al senador Chuck Grassley, que los ataques se habían reanudado el 7 de julio, lo que según la Casa Blanca abre un nuevo plazo de 60 días —prorrogable por 30 más— para operar sin autorización legislativa. Esa lectura está disputada: el republicano Thomas Massie sostuvo que la guerra nunca se detuvo y que la Administración intenta esquivar la ley fingiendo que el reloj se para y se reanuda, mientras el demócrata Adam Schiff afirmó que el reclamo carece de fundamento legal.

El estrecho de Ormuz

El estrecho de Ormuz es el paso marítimo por donde circulaba, antes de la guerra, cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado que se comercializa en el mundo. Quien controla ese cuello de botella puede encarecer o frenar el flujo de crudo global, y por eso se transformó en el arma de presión de Irán. La Guardia Revolucionaria —el cuerpo militar de élite del régimen— sostiene que el estrecho permanecerá cerrado hasta que Estados Unidos ponga fin a sus agresiones. Washington responde que la vía sigue abierta a todo el tráfico excepto el iraní, de modo que hay dos versiones enfrentadas sobre si el paso está o no bloqueado.

La respuesta estadounidense combinó fuerza y dinero. Trump anunció el lunes 13 que su país sería el "guardián" del estrecho y cobraría una tasa del 20% sobre el valor de la carga; el martes 14 dio marcha atrás y la sustituyó por acuerdos comerciales y de inversión que los Estados del Golfo realizarán en Estados Unidos. Ese mismo martes, a las 16:00 de Washington, entró en vigor el bloqueo naval sobre los buques que van y vienen de puertos iraníes. La Guardia Revolucionaria elevó la apuesta con una advertencia: las exportaciones de energía de la región serán accesibles para todos o para nadie.


El memorándum de 14 puntos quedó sin efecto: EE.UU. reanudó los bombardeos el 7 de julio.

Conexión con Argentina

La conexión pasa por un solo número que puede tocar el bolsillo: el precio del petróleo. Y ese número ya se movió. El Brent cerró el martes en su nivel más alto desde el 12 de junio y el WTI en el mayor desde el 15 de junio, con los futuros del Brent a septiembre en 84,73 dólares por barril —un alza del 1,71%— y el WTI en 79,85 dólares, un 2,19% arriba. Para un país que importa combustible y donde el costo de la energía empuja la inflación, cada dólar adicional en el barril presiona los precios internos, desde la nafta hasta el transporte de alimentos.

El escenario extremo circula, pero conviene ubicarlo. Mohammed al-Farah, miembro del buró político de Ansarullah —el movimiento hutí de Yemen—, advirtió que si Arabia Saudita sigue atacando a su país, Bab el-Mandeb, entre el mar Rojo y el golfo de Adén, se cerraría en una alianza operativa junto con Ormuz y el barril treparía a 200 dólares. Es una amenaza de una de las partes en conflicto, difundida por la cadena iraní Press TV, no un pronóstico de mercado: vale como señal de hasta dónde está dispuesta a llegar la presión, no como dato.


El Brent ya cerró en su nivel más alto en un mes: es el canal que llega a la nafta argentina.

¿Y ahora qué?

Los próximos días se juegan en tres frentes concretos. Si el estrecho de Ormuz se cierra de verdad o si la ruta sur sigue abierta, como afirma Estados Unidos. Cómo se mueve el precio del petróleo, la variable que conecta el conflicto con la nafta argentina. Y si los inspectores del OIEA logran volver a Irán, la única vía para saber dónde está el uranio: consultado esta semana sobre si Teherán había aceptado el pedido de inspecciones del organismo, Baghaei respondió con una sola palabra: no. Mientras el memorándum siga sin ser enterrado ni cumplido, la guerra abierta y la incógnita del uranio seguirán marcando la agenda.