16/07/2026 - Edición Nº1255

Internacionales

África

Ébola en el Congo: el 80% de los casos nuevos aparece fuera de los contactos

16/07/2026 | Ya es el tercer brote más letal de la historia. El 80% de los nuevos contagios aparece fuera de las listas de contactos y no hay vacuna para Bundibugyo.



El brote de ébola declarado el 15 de mayo de 2026 en el este de la República Democrática del Congo llegó a 2.011 casos confirmados y 754 muertos. El epicentro sigue siendo Ituri, que concentra más del 90% de los contagios, pero el virus ya cruzó a Kivu del Norte, Kivu del Sur, Alto Uélé y Tshopo. Otras 753 personas están hospitalizadas o aisladas y 366 recibieron el alta. La OMS lo declaró emergencia de salud pública de importancia internacional el 17 de mayo, apenas dos días después de que Kinshasa lo confirmara. Con esos números ya es la tercera epidemia de ébola más letal jamás registrada, detrás del brote de África Occidental de 2014-2016 y del que golpeó al este congoleño entre 2018 y 2020.

La velocidad es lo que dejó a todos sin respuesta. Este brote superó los mil casos confirmados a los 40 días de activada la respuesta. El de Kivu Norte, en 2018, tardó unos 235 días en llegar a esa cifra: casi seis veces más. Las muertes siguieron el mismo ritmo y en la primera semana de julio se notificaron más de cien. La curva no da señales de amesetarse. Cada semana sin frenarla acerca al país al peor escenario de su historia sanitaria.

 


La República Democrática del Congo (RDC) es un extenso país de África Central, el segundo más grande del continente, cuya capital es Kinshasa.

Sin vacuna ni tratamiento

La cepa es la Bundibugyo y ahí está el nudo del problema: las vacunas y los tratamientos que existen fueron certificados para la cepa Zaire, otra especie del mismo virus. Los expertos convocados por la OMS evaluaron usar Ervebo, la vacuna aprobada para Zaire, porque un estudio en macacos sugiere que podría servir en parte. El organismo consideró la evidencia insuficiente y desaconsejó aplicarla. El ébola se identificó en 1976 cerca del río que le dio el nombre, y este es el brote número 17 que atraviesa el Congo desde entonces. Con una letalidad del 37,5%, cada paciente que llega tarde a un centro de tratamiento tiene pocas chances.

Algo se movió, tarde. Estados Unidos donó dosis de un tratamiento experimental con anticuerpos monoclonales y los primeros pacientes de un ensayo lo recibieron a comienzos de julio. La CEPI destinó a fines de mayo casi 62 millones de dólares a tres candidatas a vacuna contra Bundibugyo: Moderna, la Universidad de Oxford y el IAVI. Teresa Lambe, de Oxford, ya tenía una candidata que funcionaba en animales y lo dijo sin vueltas: el freno nunca fue científico, fue económico. La primera dosis para ensayos en humanos no estará antes de que termine el invierno boreal, es decir después de que este brote haya escrito su desenlace.


El ébola en el este del Congo supera 2.011 casos y 754 muertos en dos meses.

Contención tardía

La cifra que mejor retrata la respuesta la dio Chikwe Ihekweazu, del Africa CDC, al volver de Bunia: el 80% de los casos nuevos aparece fuera de las listas de contactos, en cadenas de transmisión que nadie sabe de dónde salieron. Peor todavía, muchos de los muertos recientes fallecieron en sus comunidades sin haber pisado un centro de salud. A esa gente no se la puede aislar, ni tratar, ni rastrear a quienes la rodearon. La tasa de seguimiento de contactos figura en 67,4% y la ONU informa que se investiga el 85% de las alertas, pero esos porcentajes miden lo que el sistema ve. El brote, resumió Ihekweazu, le sigue ganando la carrera a la respuesta.

Sylvie Kaczmarczyk, coordinadora de emergencias en Bunia, explicó por qué llegan tarde: muchos prefieren esperar en su casa hasta que haya una cama libre y para cuando salen ya están graves. Encima está la guerra. Ituri y Kivu Norte son zona de disputa entre grupos armados por el control del oro y el coltán, y entre el 12 y el 13 de julio un ataque dejó cuatro muertos y varios secuestrados. Los equipos médicos trabajan bajo amenaza y con los caminos cortados. Kivu del Sur, en cambio, lleva 47 días sin casos confirmados: la única luz en un tablero que se apaga. En Mongbwalu, la ciudad minera donde arrancó todo, van 57 recuperados contra más de 110 muertos.


La cepa Bundibugyo no tiene vacuna ni tratamiento aprobado, con 37,5% de letalidad.

El factor argentino

La Argentina no tiene casos ni vínculo con el foco congoleño, pero el brote ya empujó a otros países a cerrar puertas y ese es el dato que importa acá. El virus viajó: hay un caso exportado a Francia, un humanitario internado en Fráncfort, veinte contagios en Uganda —quince importados desde el Congo— y Kampala cerró la frontera el 27 de mayo. Estados Unidos aplica controles en puntos de entrada desde el 18 de mayo y el 13 de julio endureció la orden: ningún estadounidense que haya estado en el Congo puede embarcar rumbo a su país si no pasó 21 días en un tercer destino. La OMS, mientras tanto, sostiene que no hace falta cribar pasajeros en aeropuertos fuera de la región. Ahí está el margen argentino: un solo caso importado obligaría a aislar de inmediato, porque no habría nada que aplicarle. Lo que se juega en Ituri en las próximas semanas es cuánto tiempo le queda al resto del mundo antes de que la próxima alerta cruce una frontera sin que exista una herramienta para frenarla.