18/07/2026 - Edición Nº1257

Internacionales

Guerra naval

Ucrania y Rusia escalan en el Mar Negro: 159 buques golpeados en julio

18/07/2026 | Ucrania golpeó 159 buques rusos en julio y Moscú respondió bombardeando los puertos de Odesa. Ninguno de los dos frentes acerca el final



Drones navales ucranianos alcanzaron este viernes 17 de julio de 2026 a otros doce buques rusos en el Mar Negro. Los blancos de la operación fueron nueve cargueros de carga seca, un petrolero, un gasero y un remolcador, todas piezas del engranaje logístico que sostiene el abastecimiento de la península de Crimea. Con esa oleada, el total de embarcaciones alcanzadas durante julio en el mar de Azov y el mar Negro trepó a 159, una cifra que ordena por sí sola la lectura del mes. La guerra dejó de disputarse solo en las trincheras del este y se mudó al agua.

La respuesta rusa llegó por aire y contra los puertos. Moscú bombardeó las terminales de Odesa y Chornomorsk, depósitos de combustible y talleres de ensamblaje de drones, y dejó al menos tres muertos en la ciudad portuaria. En Pivdennyi, también en la región de Odesa, un ataque provocó un incendio de gran magnitud que obligó a desplegar equipos de emergencia durante horas. El fuego cruzado alcanzó además a la navegación comercial: dos buques civiles con bandera de Tanzania y Liberia fueron golpeados, con un capitán muerto, y otra embarcación con bandera de las Islas Marshall recibió dos impactos que dejaron dos víctimas más.

 


El mar Negro es un mar ubicado entre Europa Oriental y Asia Occidental. Se encuentra encerrado entre los Balcanes, la estepa póntica, Crimea, el Cáucaso y la península de Anatolia.

El Mar Negro se convirtió en el frente decisivo

La ofensiva naval ucraniana responde a una lógica económica antes que territorial. Kiev no está en condiciones de recuperar por tierra el terreno que Rusia ocupa desde 2022, pero sí puede encarecer la guerra golpeando la flota mercante que traslada combustible, granos y suministros militares. La campaña arrancó en el mar de Azov, con ataques sistemáticos contra buques cisterna, y se extendió al mar Negro en cuestión de días, un salto que amplió el radio de acción sobre las rutas comerciales rusas. Un día antes de la última oleada, las fuerzas ucranianas destruyeron el Izumrud, un patrullero de 205 pies del servicio de seguridad ruso.

Rusia aplica el mismo cálculo en espejo. Los bombardeos sobre Odesa, Yuzhniy y Chornomorsk apuntan a la infraestructura por donde Ucrania coloca su producción en el mercado externo, y se repitieron durante varias jornadas consecutivas sobre las mismas terminales. El resultado es un bloqueo cruzado en el que cada bando intenta cortarle al otro la salida al mar sin lograr cerrarla del todo. La guerra marítima produce daño económico verificable, pero no mueve la línea del frente ni acerca una capitulación. El costo, además, se derrama sobre terceros: cargueros con banderas ajenas al conflicto terminan alcanzados frente a la costa ucraniana.


Drones ucranianos alcanzaron 12 buques rusos y ya suman 159 impactados durante julio.

Un gobierno nuevo para un invierno largo

El 16 de julio el Parlamento ucraniano aprobó a Serguii Koretski como primer ministro con 289 votos sobre 318. El nuevo jefe de gobierno, de 48 años, dirigía hasta ahora la empresa estatal de petróleo y gas Naftogaz y llega al cargo sin trayectoria política previa, en reemplazo de Yulia Sviridenko, destituida días antes. El recambio arrastró la renuncia de todo el gabinete y quedó marcado por la salida del ministro de Defensa Mijaílo Fédorov, en funciones desde enero, que motivó protestas en Kiev, Leópolis, Odesa y Dnipró. La reorganización también tocó áreas estratégicas vinculadas a la producción nacional de armamento.


Rusia bombardeó los puertos de Odesa y Chornomorsk: al menos tres muertos en la ciudad.

La elección de un gestor energético para encabezar el gobierno funciona como un pronóstico. Poner al frente del Ejecutivo a quien administró el gas durante la campaña de bombardeos contra la infraestructura eléctrica equivale a admitir que la prioridad no es negociar el final, sino sostener la luz y la calefacción durante otro invierno de guerra. Ese es el dato político del día: Kiev planifica resistencia, no desenlace. Mientras tanto, la escalada naval empuja la tensión más allá de las fronteras del conflicto, con países bálticos que refuerzan la vigilancia sobre su infraestructura crítica ante señales de inteligencia sobre posibles ataques. Cuatro años y medio después del inicio de la invasión, el desgaste sigue siendo la única constante.