Irán habría trasladado el 13 de julio a Yemen entre 10 y 21 miembros de la Guardia Revolucionaria, incluidos comandantes de alto rango y asesores militares, junto con equipos vinculados a misiles y drones. El grupo viajó en un avión de Mahan Air para entrenar a los hutíes y reforzar su capacidad de amenazar la navegación en el Mar Rojo.
La operación muestra que los hutíes ya no pueden ser presentados simplemente como una fuerza yemení que actúa por iniciativa propia. Son una pieza militar de la estrategia regional de Teherán. Irán sostuvo que el vuelo transportaba ciudadanos yemeníes y una delegación que regresaba de un funeral, pero pocos días después los hutíes anunciaron un bloqueo contra la navegación saudita en Bab el Mandeb y ampliaron sus ataques con misiles y drones.
La elección de Mahan Air tampoco parece accidental. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a la aerolínea en 2011 por brindar apoyo financiero, tecnológico y logístico a la Fuerza Quds. Las autoridades estadounidenses documentaron que la compañía transportó operativos, armas, equipos y fondos, además de facilitar viajes encubiertos mediante la evasión de controles y manifiestos de pasajeros.
El envío denunciado por Reuters se suma a una ruta de abastecimiento que ya dejó pruebas materiales. En julio de 2025, fuerzas yemeníes interceptaron más de 750 toneladas de armamento presuntamente destinado a los hutíes, entre ellas misiles de crucero y antibuque, ojivas, motores de drones, radares y sistemas de comunicación. El cargamento incluía manuales en persa y componentes fabricados por una empresa vinculada con el Ministerio de Defensa iraní.

Los misiles hutíes no distinguen entre una disputa regional y la vida de los civiles que trabajan en buques comerciales. La Organización Marítima Internacional condenó los últimos ataques en el mar Rojo como indefendibles y advirtió que ponen en peligro a la gente de mar, al medioambiente y a las cadenas mundiales de suministro. Bab el Mandeb conecta el océano Índico con el canal de Suez y concentra alrededor del 12 por ciento del comercio mundial.

Teherán intenta obtener influencia sin asumir directamente el costo político y militar de sus acciones: entrega armas, asesores y financiamiento, mientras sus aliados disparan contra aeropuertos, petroleros y rutas internacionales. Los hutíes ejecutan esa estrategia desde Yemen y convierten a su propia población en rehén de una guerra diseñada fuera del país. Frenar esta alianza exige cortar sus redes aéreas, marítimas y financieras, porque cada cargamento que logra llegar a Yemen aumenta el riesgo para los civiles y para el comercio internacional.