31/07/2026 - Edición Nº1270

Internacionales

Gira final

Petro cambia Estados Unidos por Cuba: el giro que deja en la recta final del gobierno

31/07/2026 | El viaje comenzaría el 31 de julio, una semana antes de que Colombia entregue el poder a De la Espriella.



Gustavo Petro prevé viajar a Cuba el viernes 31 de julio para realizar la última salida internacional de su presidencia. La visita tendría una duración aproximada de 48 horas y contemplaría reuniones con Miguel Díaz-Canel, aunque la Presidencia colombiana todavía no había difundido al cierre de esta nota un programa oficial completo. Petro entregará el poder el 7 de agosto, de modo que el desplazamiento quedará ubicado en la última semana de su mandato. La formulación correcta es hablar de un viaje previsto, porque el destino fue anunciado públicamente, pero los horarios, participantes, documentos y resultados solo podrán confirmarse cuando la agenda oficial sea ejecutada.

El presidente reemplazó una escala planeada en Estados Unidos por la visita a La Habana y presentó la decisión como parte de su política caribeña. La agenda anterior incluía actividades diplomáticas y académicas en Washington y Nueva York, entre ellas una conferencia vinculada con recursos naturales. El cambio otorga a Cuba un lugar simbólico en el cierre de cuatro años de política exterior colombiana centrada en integración regional, clima y negociación de paz. También produce un contraste con el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella, que ha anunciado una línea internacional más cercana a Washington y más crítica de los regímenes autoritarios de la región.

 


La Habana sería el destino del último viaje internacional de Gustavo Petro como presidente.

Cuba y la paz colombiana

La visita sería la tercera de Petro a Cuba durante su mandato y se apoya en una relación vinculada con los procesos de paz colombianos. En junio de 2023 participó en La Habana del cierre de un ciclo de conversaciones con el ELN, mientras en septiembre del mismo año asistió a la cumbre del G77 y China. Cuba actuó durante años como país garante y sede de negociaciones, un papel que Bogotá puede reconocer sin ignorar la crisis política y económica de la isla. El viaje final permite a Petro defender esa cooperación, pero deja poco tiempo administrativo para convertir las reuniones en compromisos duraderos antes del cambio de gobierno.

La Habana atraviesa una presión interna marcada por apagones, escasez, reformas económicas y tensiones con Estados Unidos. Una visita presidencial colombiana puede ofrecer respaldo diplomático, aunque no modifica por sí sola las restricciones energéticas, fiscales y productivas cubanas. Petro deberá explicar qué objetivos concretos persigue: cooperación sanitaria, garantías de paz, comercio, asistencia humanitaria o coordinación política. Sin resultados definidos, la gira corre el riesgo de quedar reducida a un gesto ideológico utilizado tanto por sus seguidores como por sus críticos durante la transición presidencial.

Legado y transición

El viaje también obliga a separar las atribuciones del presidente saliente de las decisiones que corresponderán al próximo gobierno. Petro conserva plena autoridad constitucional hasta el 7 de agosto, pero cualquier acuerdo de largo plazo deberá ejecutarse bajo una administración con prioridades diferentes. La Cancillería y las entidades técnicas necesitan documentar compromisos, costos, plazos y responsables para evitar que la cooperación quede atrapada en el cambio político. La continuidad estatal no significa continuidad ideológica: Colombia puede honrar obligaciones válidas y, al mismo tiempo, redefinir su relación con Cuba mediante los procedimientos diplomáticos correspondientes.


La agenda completa todavía debía ser confirmada oficialmente por Presidencia.

La escala cubana cerrará una política exterior activa, personalista y frecuentemente discutida dentro de Colombia. Petro eligió terminar su agenda internacional en un país que representa su apuesta por la autonomía regional y el diálogo político, mientras De la Espriella se prepara para iniciar una etapa de mayor énfasis en seguridad y alianzas hemisféricas. El valor del viaje dependerá de la precisión de sus resultados y de la transparencia con que se informe la agenda. Si produce acuerdos útiles y transferibles, podrá integrarse al legado diplomático del gobierno. Si solo deja imágenes y declaraciones, funcionará principalmente como la última definición simbólica de una presidencia que buscó cambiar la orientación internacional de Colombia.