La decisión de Venezuela e Israel de recuperar un canal oficial después de 17 años permite revisar una ruptura que terminó demostrando sus límites. Hugo Chávez cortó las relaciones diplomáticas en 2009 como respuesta a la operación israelí en Gaza, una postura que buscó expresar respaldo a la causa palestina, pero que al mismo tiempo eliminó instrumentos de diálogo, cooperación y asistencia entre dos Estados con una historia previa extensa. Una política exterior puede expresar desacuerdos profundos sin convertirlos necesariamente en aislamiento permanente. El mecanismo consular anunciado este 11 de agosto demuestra que Caracas vuelve a necesitar precisamente aquello que decidió clausurar: comunicación institucional con Israel.
Esa historia comenzó mucho antes del chavismo y contiene capítulos que Venezuela puede reivindicar. En 1939, el país recibió refugiados judíos europeos que habían encontrado cerradas otras puertas durante la persecución previa al Holocausto; entre ellos estuvieron pasajeros de los barcos Caribia y Königsstein. Años después, Venezuela votó a favor de la Resolución 181 de Naciones Unidas, que en 1947 propuso la creación de un Estado judío y otro árabe en Palestina, y en 1949 volvió a votar afirmativamente para admitir a Israel como miembro de la ONU. Venezuela estuvo, por tanto, entre los países latinoamericanos que acompañaron momentos decisivos de la legitimación internacional del nuevo Estado israelí.
Los vínculos posteriores tampoco fueron meramente simbólicos. Durante décadas hubo relaciones diplomáticas y programas de cooperación que alcanzaron sectores productivos, científicos y tecnológicos. En 1984, ambos gobiernos firmaron en Caracas acuerdos formales de cooperación agrícola y de cooperación científica y tecnológica, registrados posteriormente en la Serie de Tratados de Naciones Unidas. Aquella relación entendía que Venezuela e Israel podían intercambiar conocimientos y construir intereses comunes pese a sus diferencias sobre Medio Oriente. A ese puente institucional se sumó la comunidad judía venezolana, cuya presencia histórica es reconocida actualmente por ambos gobiernos como un nexo de amistad entre las dos sociedades.
La ruptura ordenada por Chávez alteró esa tradición y subordinó toda la relación bilateral a una confrontación política específica. Defender los derechos de los palestinos, respaldar una solución negociada o cuestionar decisiones de cualquier gobierno israelí nunca obligó jurídicamente a Venezuela a eliminar sus relaciones con Israel. Ahí estuvo el fracaso estratégico de la decisión de 2009: confundir desacuerdo con incomunicación y transformar una política hacia un conflicto internacional en una ruptura prolongada entre dos países. El resultado fue la desaparición de representación oficial israelí en Venezuela, con consecuencias incluso para la capacidad de brindar asistencia consular a ciudadanos israelíes que se encontraran en territorio venezolano.

El doble terremoto del 24 de junio terminó mostrando cuánto puede valer una relación que funciona. Israel envió especialistas del Ministerio de Relaciones Exteriores y del Comando del Frente Interno para colaborar con Venezuela, y posteriormente amplió su participación a pedido de las autoridades venezolanas para contribuir a un plan nacional de recuperación de las zonas afectadas. Caracas terminó expresando oficialmente su agradecimiento por el despliegue técnico y logístico israelí. La cooperación produjo algo que años de confrontación política no habían conseguido: venezolanos e israelíes volvieron a trabajar juntos sobre problemas concretos. News Digitales ya había documentado ese puente durante las tareas de reconstrucción, semanas antes de que se anunciara el nuevo mecanismo consular.
El día que Hugo Chávez maldijo al Estado de Israel en televisión https://t.co/yQkY061rsf pic.twitter.com/TL5SXAAILZ
— Monitoreamos (@monitoreamos) August 11, 2026
El paso anunciado ahora debería ser entendido como un comienzo y no como el techo de la relación. Venezuela puede mantener su posición sobre Palestina y, simultáneamente, reconocer a Israel como un interlocutor legítimo con el cual desarrollar cooperación en agricultura, agua, ciencia, tecnología, prevención de desastres, innovación y asistencia consular. Después de 17 años, el camino más útil para Venezuela no es repetir las enemistades heredadas de Chávez, sino reconstruir una política exterior capaz de hablar con Israel y convertir esa relación en beneficios concretos. El país que ayudó a refugiados judíos, respaldó decisiones fundamentales para la incorporación internacional de Israel y durante décadas mantuvo cooperación bilateral tiene antecedentes suficientes para hacerlo. Recuperar ese vínculo no borra la historia venezolana: recupera una parte de ella que la ruptura de 2009 había dejado suspendida.
Los Gobiernos de la República Bolivariana de Venezuela y del Estado de Israel informan que han acordado dar continuidad a la cooperación técnica bilateral derivada de los esfuerzos de emergencia y recuperación tras el doble terremoto, así como establecer un mecanismo de… pic.twitter.com/ZJUbNI77gJ
— Félix Plasencia González (@plasenciafelixr) August 11, 2026