La Agencia Internacional de Energía calculó el 12 de agosto que el mercado petrolero tendrá un déficit de 1,8 millones de barriles diarios durante el tercer trimestre de 2026. El Brent cerró este jueves 13 en USD 87,07, con una baja de 2,1% que cortó cinco ruedas de avances. El retroceso no eliminó la prima de riesgo: el cierre de Ormuz y la falta de un acuerdo entre Washington y Teherán siguen condicionando la oferta.
Los inventarios mundiales observados perdieron 410 millones de barriles entre fines de febrero y julio y quedaron por debajo de 7.900 millones. La oferta global alcanzó 101,5 millones de barriles diarios en julio, todavía 6,3 millones menos que un año antes. Otros 8,3 millones de barriles diarios del Golfo permanecían paralizados, una brecha que mantiene los precios sensibles ante cada incidente marítimo y reduce el margen para absorber nuevas interrupciones.
El cuello de botella aparece en el volumen que logra atravesar el estrecho, no en una ausencia absoluta de barcos. La Administración de Información Energética de Estados Unidos estimó 4,9 millones de barriles diarios de crudo y líquidos durante el segundo trimestre, frente a 21,6 millones a fines de 2025. Parte de la carga se desvía por oleoductos y otras rutas, pero esas alternativas tienen menos capacidad, demoran más y elevan los costos.
La interrupción también debilita el consumo, por eso un déficit de oferta no garantiza una suba continua del barril. La AIE prevé que la demanda mundial caerá 1,6 millones de barriles diarios en 2026 por la menor disponibilidad de combustibles y sus precios elevados. La revisión ayudó a llevar el Brent desde la zona de USD 89 hasta USD 87,07, aunque persiste un faltante proyectado para el trimestre.

Argentina recibe un efecto doble: un Brent alto puede mejorar las exportaciones de Vaca Muerta, pero también eleva la referencia internacional de combustibles y costos de abastecimiento. El traslado a surtidores no es automático, porque intervienen impuestos, tipo de cambio, márgenes y decisiones comerciales. La ventaja exportadora, explicada en una nota sobre Vaca Muerta y el Brent, convive con riesgos inflacionarios y financieros que impiden presentar la crisis como un beneficio neto.

La evolución dependerá de que el tránsito aumente de forma sostenida y regresen las cargas hoy paralizadas. La EIA proyecta un Brent promedio cercano a USD 85 en el tercer trimestre y de USD 78 en el cuarto, suponiendo que los flujos empiecen a recuperarse en septiembre. Si la normalización se demora o aparecen nuevos ataques, el déficit y la caída de inventarios sostendrán la volatilidad aunque el consumo mundial pierda fuerza.