David Santiago Tamayo Roldán quedó formalmente al frente de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres tras la expedición del Decreto 1170 del 11 de agosto de 2026. La UNGRD comunicó su posesión el 12 de agosto, dos días después del sismo de magnitud 7,4 que golpeó el occidente colombiano, por lo que el cambio de mando coincidió con la fase más exigente de búsqueda, asistencia y consolidación de daños.
La llegada reemplazó la conducción encargada que Javier Pava mantenía cuando se instaló el Puesto de Mando Unificado del 10 de agosto. El Servicio Geológico Colombiano ubicó el epicentro en San José del Palmar, Chocó, a 103 kilómetros de profundidad. Como los balances de víctimas continuaban cambiando al cierre del 13 de agosto, el desafío debe medirse con reportes oficiales actualizados y no con las cifras ya superadas del anuncio inicial.
Tamayo es ingeniero geólogo de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en Gestión del Riesgo de Desastres de la Universidad de Antioquia. La ficha institucional del director le atribuye más de 33 años de experiencia en amenazas geológicas, vulnerabilidad, planificación territorial y reducción del riesgo. También registra pasos por el DAGRAN de Antioquia, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá y, en 2021, la unidad municipal de Sabaneta.
Su función no consiste en dirigir cada rescate desde Bogotá, sino en coordinar el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo y convertir los reportes territoriales en decisiones comunes. Eso implica ordenar prioridades, movilizar recursos y articular organismos nacionales, departamentos y municipios. La tarea complementa el mando centralizado tras el terremoto y exige distinguir entre personas fallecidas, desaparecidas, heridas o todavía sin contacto para evitar duplicaciones.

El primer límite operativo es la información fragmentada que llega desde ciudades y municipios con capacidades desiguales. A eso se suman edificios inestables, vías afectadas y réplicas que pueden agravar daños existentes. La UNGRD deberá publicar cortes comparables, precisar qué recursos fueron entregados y mantener una cadena de mando reconocible. La emergencia convierte la experiencia técnica de Tamayo en un punto de partida, pero no garantiza por sí sola una coordinación eficaz.

La evaluación inmediata dependerá de resultados verificables durante los próximos días. El nuevo director tendrá que consolidar el registro nacional de víctimas y daños, sostener las búsquedas, coordinar la ayuda y preparar la transición hacia la rehabilitación. También deberá informar cómo distribuye recursos y qué metas asigna a cada nivel territorial. Su nombramiento cerró la interinidad formal, pero la medida real de su gestión será reducir demoras y dar trazabilidad a cada decisión de la emergencia.