17/08/2026 - Edición Nº1287

Internacionales

Riesgo sísmico

Georgia lleva años sin un gran sismo, pero su historia mantiene la alerta

17/08/2026 | El último sismo M3,6 fue en julio, pero Georgia conserva fallas capaces de producir terremotos destructivos.



Georgia volvió a registrar actividad sísmica este verano, aunque los movimientos recientes se mantuvieron lejos de los grandes terremotos de su historia. El último evento de magnitud 3 o superior localizado dentro del país por el Centro Nacional de Monitoreo Sísmico ocurrió el 25 de julio de 2026, cuando un sismo de magnitud 3,6 y 11 kilómetros de profundidad fue detectado unos 12 kilómetros al noroeste de Dmanisi. El registro oficial también muestra movimientos de M3,2 y M3,5 durante julio y un evento de magnitud 4,3 cerca de Ambrolauri el 23 de junio, señales de una actividad que continúa aun sin provocar una emergencia nacional.

La explicación está debajo del Cáucaso, una de las zonas tectónicamente activas del cinturón de colisión entre las placas Arábiga y Euroasiática. Georgia se encuentra dentro de un segmento sometido a compresión que mantiene fallas capaces de liberar energía mediante terremotos, por lo que los movimientos pequeños forman parte del comportamiento esperado de la región. Esa condición geológica impide interpretar varios años sin una gran catástrofe como desaparición del peligro: la actividad actual ocurre sobre estructuras que en el pasado generaron eventos mucho mayores.

 


Georgia es un país ubicado en la intersección de Europa y Asia, que fue una república soviética. Alberga aldeas en las montañas del Cáucaso y playas en el mar Negro. Es famosa por Vardzia, un amplio monasterio excavado que data del siglo XII, y la antigua región vitivinícola de Kajetia. La capital, Tiflis, es famosa por su diversa arquitectura y sus calles de adoquines con forma de laberinto en la ciudad antigua.

El terremoto que marcó la historia moderna

El episodio de referencia ocurrió el 29 de abril de 1991 en Racha-Dzhava, cuando un terremoto de magnitud 7,0 golpeó el norte de Georgia. Los estudios del Servicio Geológico de Estados Unidos lo describen como el mayor terremoto registrado instrumentalmente en esa región del Cáucaso y determinaron que la ruptura estuvo relacionada con estructuras de empuje bajo la cordillera. El evento fue seguido por una intensa secuencia de réplicas, incluidas algunas superiores a magnitud 6, y confirmó que determinadas fallas georgianas poseen capacidad para generar terremotos destructivos de gran escala.

Tbilisi demostró once años después que el riesgo tampoco depende únicamente de alcanzar magnitudes extremas. El 25 de abril de 2002, un terremoto de aproximadamente magnitud 4,5 ocurrió prácticamente debajo de la capital y produjo víctimas, derrumbes y daños en miles de construcciones. Investigaciones geológicas relacionaron aquel evento con fallas activas próximas a la ciudad y señalaron que la vulnerabilidad de edificios antiguos amplificó sus consecuencias. El episodio dejó una lección relevante para una capital densamente poblada: un sismo moderado y superficial puede causar graves daños cuando el epicentro está cerca de zonas urbanas vulnerables.


Mapa de localización del sismo de magnitud 4,1 registrado el 23 de junio de 2026 cerca de Ambrolauri, en el oeste de Georgia, a 19 kilómetros de profundidad.

Racha sigue concentrando las señales

La región de Racha volvió a recordar esa amenaza en septiembre de 2009 con un terremoto de magnitud 6,0 y 13,4 kilómetros de profundidad. El movimiento, localizado cerca de Oni, se sintió incluso en Tbilisi y dañó edificios, carreteras y servicios, aunque no se informaron víctimas mortales. Investigaciones posteriores relacionaron la deformación de 2009 con el mismo contexto tectónico que produjo la gran secuencia de 1991, una continuidad que convierte al norte georgiano en una de las áreas fundamentales para vigilar la evolución sísmica del país.


Región montañosa de Racha, ubicada en Georgia. 

El dato de julio no anticipa por sí mismo un terremoto mayor, pero confirma que Georgia continúa siendo sísmicamente activa. La ciencia no permite determinar con fecha y lugar cuándo ocurrirá el próximo gran movimiento, por lo que la vigilancia depende de redes instrumentales, estudios de fallas, normas de construcción y preparación de las ciudades. Entre el M3,6 registrado cerca de Dmanisi y el precedente de Racha existe una diferencia enorme de energía, pero ambos pertenecen al mismo escenario geológico: un país situado sobre estructuras activas donde la ausencia reciente de una catástrofe no elimina el riesgo de que la historia sísmica vuelva a repetirse.