Armenia está redibujando su mapa energético mientras disminuye el peso relativo de Rusia en una economía históricamente vinculada a Moscú. Los datos oficiales del primer semestre de 2026 muestran una contracción cercana al 21% del intercambio comercial entre ambos países respecto del mismo período del año anterior, mientras la participación rusa dentro del comercio exterior armenio también perdió terreno. El movimiento no representa una ruptura económica, pero coincide con una estrategia más amplia de Ereván para multiplicar proveedores, rutas comerciales y fuentes de generación en un país cuya ubicación geográfica convirtió durante décadas la seguridad energética en una cuestión estratégica.
Rusia conserva, sin embargo, una posición central que impide hablar todavía de independencia energética armenia. Los últimos datos anuales completos del regulador indican que Armenia importó 2.734,8 millones de metros cúbicos de gas en 2024, de los cuales 2.288,5 millones procedieron de Rusia y 446,3 millones de Irán. Además, Gazprom Armenia, controlada íntegramente por la compañía rusa Gazprom, opera la principal red de transporte y distribución de gas del país. Ereván está diversificando su exposición, pero cualquier modificación profunda deberá gestionar una infraestructura donde la presencia rusa continúa siendo estructural.
Irán constituye la alternativa física más consolidada al gas ruso y Ereván busca ampliar esa relación. El gasoducto Irán-Armenia creó una segunda entrada tecnológica al sistema nacional y permite recibir combustible desde el sur, mientras ambos gobiernos discutieron en junio nuevos proyectos de infraestructura fronteriza y una mayor cooperación energética. La relación incluye además intercambios de gas y electricidad, por lo que Teherán funciona como un mecanismo de diversificación real, aunque sus volúmenes todavía están muy por debajo de los suministros rusos y no permiten una sustitución inmediata.
La apertura más novedosa llegó desde Azerbaiyán, un proveedor que hasta hace poco estaba prácticamente excluido del mapa energético armenio. En diciembre de 2025 ingresó a Armenia el primer tren con productos petroleros azerbaiyanos y, durante la reunión de Nikol Pashinyan e Ilham Aliyev en febrero, ambos gobiernos confirmaron que esas exportaciones continuaban y que analizarían una ampliación del comercio bilateral. El proceso no equivale a que Bakú vaya a reemplazar el gas ruso, pero crea una ruta comercial antes bloqueada por el conflicto y transforma la normalización política en una fuente adicional de combustibles para el mercado armenio.
La estrategia de Armenia no se limita a cambiar un proveedor extranjero por otro y también busca aumentar la generación dentro del país. El Gobierno decidió mantener la energía nuclear como componente esencial de su seguridad energética, prolongar la operación de la central armenia hasta 2036 y estudiar tecnologías internacionales para una futura unidad basada en pequeños reactores modulares. En paralelo, la estrategia energética fija como objetivo llevar la capacidad solar a unos 1.000 MW y alcanzar alrededor del 15% de la generación eléctrica, mientras el Ejecutivo comenzó a evaluar un proyecto piloto de hidrógeno verde como alternativa de largo plazo.

El resultado es una diversificación progresiva y todavía incompleta, más que un alejamiento definitivo de Rusia. Moscú continúa siendo un socio comercial relevante y el Gobierno armenio mantiene negociaciones para resolver restricciones y ampliar relaciones económicas, incluso mientras reduce vulnerabilidades mediante Irán, Azerbaiyán, energía nuclear y renovables. La próxima señal estará en los volúmenes: cuánto gas seguirá llegando desde Rusia, cuánto crecerán los suministros alternativos y qué proyectos propios consiguen entrar efectivamente en operación. Si esas piezas avanzan al mismo tiempo, Armenia pasará de depender de una arquitectura energética dominante a disponer de varias rutas capaces de competir y respaldarse entre sí.