Zambia entra en las horas decisivas de una elección presidencial que puede definir tanto su política interna como el destino de uno de los sectores mineros más observados de África. El presidente Hakainde Hichilema avanzaba este 17 de agosto hacia un segundo mandato con alrededor del 62% de los votos válidos frente al 36% de Brian Mundubile, cuando se había informado aproximadamente el 71% de las circunscripciones. Para ganar en primera vuelta, un candidato necesita superar el 50%. El escrutinio todavía no había concluido y la Comisión Electoral debía completar la proclamación oficial antes de considerar cerrado el proceso.
La elección funciona también como evaluación de cinco años de gestión económica después de que Zambia atravesara una crisis de deuda que condicionó el comienzo del gobierno de Hichilema. Su administración avanzó en la reestructuración de obligaciones externas y volvió a atraer inversión hacia minería e infraestructura, pero una parte de la población continúa reclamando mejoras más visibles en empleo, alimentos, electricidad e ingresos. Mundubile construyó buena parte de su campaña sobre esa brecha entre recuperación macroeconómica y bienestar cotidiano, mientras el oficialismo defendió la continuidad de las reformas y de la inversión productiva.
El interés exterior aumenta porque Zambia pretende elevar de manera sustancial su producción de cobre durante los próximos años. El metal es esencial para redes eléctricas, vehículos eléctricos, energías renovables y centros de datos, lo que lo convirtió en un recurso estratégico dentro de la transición energética global. Las estadísticas oficiales muestran que las exportaciones acumuladas de cobre refinado crecieron 2,1% interanual hasta junio de 2026, mientras el Gobierno mantiene planes para ampliar producción, procesamiento e inversión minera. Esa expansión explica por qué el resultado electoral es seguido mucho más allá de las fronteras zambianas.
China y Estados Unidos representan los dos grandes polos de interés alrededor de esa transformación. Empresas chinas mantienen inversiones importantes en minería e infraestructura, mientras Washington busca diversificar cadenas de suministro de minerales críticos y reducir su dependencia de proveedores controlados o dominados por China. Hichilema intentó atraer capital de ambos lados sin convertir la política minera en una elección excluyente entre Beijing y Washington. La próxima administración tendrá que decidir cuánto mineral procesa dentro del país, qué condiciones exige a los inversores y cómo convierte la demanda internacional de cobre en empleos, ingresos fiscales e infraestructura para Zambia.

La ventaja presidencial convive con una disputa sobre la integridad del proceso electoral. Mundubile pidió una investigación independiente por posibles alteraciones de documentos de resultados, mientras el oficialismo rechazó las acusaciones. La tensión ya había provocado una interrupción temporal del recuento después de ataques contra personal electoral y robo de papeletas, antes de que la Comisión Electoral reanudara el proceso bajo mayores medidas de seguridad. También hubo detenciones de dirigentes opositores, lo que amplió las críticas sobre las condiciones políticas de una elección desarrollada en un país que mantiene una larga tradición de alternancias relativamente pacíficas.

El resultado final deberá responder así a dos preguntas distintas: quién gobernará Zambia y cuánto respaldo institucional conservará el proceso después de la proclamación. Si Hichilema confirma una victoria superior al 50%, evitará una segunda vuelta y dispondrá de otro mandato para profundizar su estrategia económica y minera. Si las denuncias opositoras derivan en impugnaciones, la discusión continuará en el terreno jurídico y político. En cualquiera de los escenarios, el cobre permanecerá en el centro: Zambia deberá transformar el creciente interés internacional en beneficios internos mientras administra una competencia entre potencias que vuelve cada vez más estratégico su subsuelo.